Volvió a pasar. Segundo año consecutivo de Orgullo Matancero en el Burgo de Osma (Soria). Quién no sepa de qué va esto puede leer la crónica de la primera edición, el año pasado, y quien quiera remontarse más en el tiempo y entender mejor debe leer el artículo en el que contamos cómo el Virrey Palafox nos nombró -para nuestra sorpresa- Matanceros de Honor hace dos años , convirtiéndonos en los más jóvenes de la historia en ostentar este título (que compartimos, entre otrxs, con Yolanda Ramos, Loquillo y Camilo José Cela) y entrando en contacto de lleno con todo este mundo de las Jornadas de la Matanza/ Cerdoexperiencias sorianas, unos eventos “rito-gastronómicos” que ponen en circulación a más de 13.000 personas a lo largo de 4 meses (cada fin de semana de enero a abril) por el Burgo, mezclando el yantar y la fiesta, dos cosas que, junto a la provincia de la mantequilla y el torrezno, son nuestra perdición.
Ya en ese primer encontronazo nos sentimos en casa. Entre bromas y vaciles se entreveía una verdad dulce; la gente del Virrey nos tomaba en serio y valoraba nuestra labor. Eso no pasa siempre entre los grandes dinosaurios del sector turístico y cultural castellano, en que el apellido “digital” y las pocas arrugas automáticamente te condenan a la irrelevancia en la cabeza de muchos. Sea porque Bea y Armando peinan menos canas o porque tienen más imaginación, confiaron en nosotras y se celebró el primer Orgullo Matancero. A la comilona y a los conciertos de Delameseta y Barry B les puso la guinda nuestro Dj set subidos a un remolque tirado por un tractor. Este evento, canónico en la vida de todos los que lo presenciaron y por supuesto en la nuestra, no podía repetirse esta edición porque el ayuntamiento había prohibido realizar el pasacalles sobre cualquier vehículo a motor. No es sorpresa: hay ayuntamientos que ponen la zancadilla a los vecinos con iniciativa que quieren hacer cosas, así como hay otros que impulsan y respaldan. No hay problema.
Como decía arriba, si por algo se caracterizan los actuales gerentes del legado de la familia Martínez Soto es por su imaginación y -esto no lo he dicho- su pasión por la Historia y las tradiciones. Fueron ellas las que salvaron la papeleta. Las tradiciones. Mejor dicho, una institución tradicional: La Cabaña Real de Carreteros. No puedo detenerme aquí porque da para artículo entero y además pienso escribirlo pronto, pero la Cabaña la fundaron los Reyes Católicos y es un gremio forestal, de madereros, aunque, además de talar los troncos de pino soria y sacarlos de la sierra en carros tirados por bueyes (ahora vamos con eso), fabricaban con la resina de los mismos pinos la pez, esa sustancia parecida al petróleo con la que se impermeabilizan por dentro tanto las botas de vino como las grandes naves que atravesaban océanos, incluidos balleneros. Hoy en día la institución sigue viva, ya más desde lo etnográfico que desde lo práctico, gracias a figuras como Ángel, Antonio e Ignacio.
Conservan los carros, siguen criando y cuidando bueyes, hacen demostraciones de tiro, de tala y serraje, de fabricación de pez…pero, sobre todo, cuentan la historia del sector. “Con estos carros se construyó España…la catedral de Burgos, el Escorial…todo. Para hacer esos edificios se necesitaban vigas de más de 14 metros y esas solo se producían aquí, en Pinares (sierra Soria-Burgos)”. Se les hincha el pecho al hablar de esta “Junta y hermandad serrana ibérica”, como se describe en su web, y nos cuentan que hace poco hicieron la pez y la madera para la nao (la nave) San Juan, un ballenero vasco del s XVI museizado, botada a la manera tradicional en el País Vasco con dirección Canadá el pasado 7 de noviembre.
Armando los conoció en Presura, la “Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural” y se le encendió la bombilla tratando de buscar una solución al pasacalles no motorizado, pero al final, lejos de solucionar solamente un problema, la Cabaña Real de Carreteros enriqueció el encuentro convirtiéndose, para mí, en el elemento más especial y distintivo de esta edición. Hablamos con ellos un poco en la cafetería, antes de que todo empezara, y les ayudamos a descargar el carro del camión y a montarlo mientras nos iban contando todos estos datos que desconocíamos por completo.
Después de la visita al Museo del Cerdo y antes del pasacalles con gigantes y cochinos, los carreteros reales impartieron un taller de tronzado de troncos con sierra de dos extremos, elemento que importamos de los suecos, con quienes tenemos, según nos dicen, más relación de la que imaginamos. Fue muy express, porque la agenda era apretada, pero muy divertido, enriquecedor y dejó a los que participaron un souvenir en forma de rodaja de pino.






Dio comienzo el pasacalles. El tiempo nos bendijo con un sol radiante y un cielo turquesa, a pesar de lo que presagiaba la AEMET. El frío cortaba, pero no a nosotros, que no paramos de correr delante de los tres gruesos cochinos de fieltro, empujados por asistentes al evento (saraut infinito para todxs lxs que hicieron de cochinos). Los gigantes escoltaban la alegre y torpe comitiva -torpes y alegres ellos también, pues los portaban los amigos de Dj Plástico, de los que ahora hablaremos- y los dulzaineros la animaban. Armando, con su indumentaria histórica, explicaba el origen de esta tradición del Burgo: “En 1756…”. Tenéis la histórica anécdota completa en la crónica del Orgullo Matancero del año pasado. Las cervezas y los vermuts iban bajando y en cuestión de una hora estábamos en la plaza de la catedral, donde se hizo foto de grupo y donde nos encontramos con la Banda Municipal del Burgo de Osma, que se había reunido para celebrar Santa Cecilia, patrona de los músicos.









Después de la foto, en cuanto la nutrida y uniformada banda se puso en marcha, seguimos sus pasos de vuelta a la plaza del pueblo, donde apuramos un último vermut al sol antes de acercarnos al salón Castilla de los Diezmos (un antiguo granero perteneciente a la iglesia), donde tenían lugar comida y conciertos. El despliegue logístico de este año mejoraba el del anterior, con su doble escenario y sus baberos dispuestos en cada una de las sillas, pero lo verdaderamente impresionante de este salón es…el salón en sí. La descomunal estructura de vigas de madera. Éstas, por supuesto, no dejaron indiferentes a nuestros amigos carreteros: “Esto es un bosque. En la vida había visto yo un edificio así. Esto sólo se lo podía permitir la Iglesia en esa época, claro.” Estaban maravillados, contentísimos. Lxs invitados también, todo bailes y torreznos.
La comida estuvo amenizada por un dj set -durísimo- de Dj Plástico. El año pasado le conocimos en este mismo contexto y nos gustó tanto que lo fichamos para el Circo Ambulante. Clásicos de trap, de reggaeton, de hiperpop…Lo mejor de todo su actitud, que es majísimo, y su séquito: La sociedad del plástico, como se llaman ellos, o Los 15 de plástico, como les llamamos nosotros. Grupo mixto y ultramoderno, todos venidos de Madrid o Barcelona, todos puro pikete y todos, como él, majísimos y divertidísimos. No es por fastidiar, pero los más urbanitas, los que más bailaban. Para que luego digan. Y lo que no es bailar: los primeros en el taller de serrar, los primeros guiando cochinos y gigantes, los primeros pogueando en el pasacalles…
Un pequeño aplauso a lxs madrileñxs, gentilicio más denostado del país, a veces injustamente, aunque sin desmerecer a todos los demás, claro, que desde todas las provincias castellanas vinieron a darlo todo y así lo hicieron. Incluso había un armenio y un ruso, como relataba Juan Navarro en su artículo en El País, que tampoco hicieron ascos a empujar cochinos y desde luego pudieron acercarse más al germen de la cultura española que dando paseos por Madrid.
Mención especial para el pequeño puesto de Mostea, un proyecto recién nacido, de sólo tres meses, impulsado por Miguel, un jovencísimo riojano (al que ya informamos debidamente de que La Rioja es Castilla y por tanto podemos hacer colaboraciones) que ha decidido apostar por esta riquísima opción no alcohólica que nos prestan las uvas: el mosto. “Mosto con gas y nada más”. Que no todo puede ser vino, chicxs, y menos en días tan largos como este. Y no sólo en días largos. A veces uno está tomando algo en una terraza y no le apetecen ni una caña ni un vino. En mi grupo de amigos la opción C siempre es un mosto blanco y siempre hay alguien que dice eso de “el aquarius castellano” cuando lo traen a la mesa. Pues a partir de ahora, Mostea. Por cierto que el corrector me lo corrige todo el rato automáticamente y me pone “monster”. Abajo el Monster, arriba Mostea. Un refresco natural riojano. Zumo de uva y gas y nada más. Os lo traeremos al castillo.
Todo el mundo, oriundos y foráneos, entusiasta y divertido. Unas chicas encantadoras de Burgos ¡¡hasta hicieron pegatinas del Orgullo Matancero!! En fin, tenemos unos seguidores que no nos merecemos, pero eso ya se sabía. Nuestros amigos, pues qué vamos a decir, también los mejores como siempre: no nos dejaron sin su numerito del paso de semana santa en la pista de baile, al que se sumaron, muy competitivos, los 15 de plástico. También había en el salón, por supuesto, personas del Burgo de todas las edades, cosa que se agradece, sobre todo cuando llega el momento de bailar jotas y se aprecia mejor que nunca el desfase generacional y rural-urbano.
Llegado el turno de Casapalma -la increíble agrupación cántabra que mezcla cantes populares con electrónica-, lxs que sabían bailar jotas tuvieron la oportunidad de lucirse, y nuestros queridos carreteros de escuchar por fin letras que se sabían. Dulzura, tradición y rave: nos encanta Casapalma. Precisamente Yoel López, el productor del grupo, es también productor de Desde que te vi, el tema de Cristina Len al que dedicábamos hace pocos días un artículo aquí. Dieron paso los cántabros a Jugl4ría que desde Pucela y bajo la sabia tutela de Castora Herz y Samain ha acuñado su propio género, “acid castellano” , y mezcla en sus Dj set los ritmos más hipnóticos con las canciones más ancestrales. Resultado, chulísimo.
Para cerrar, la actuación de Lemus, que está rompiendo todos los moldes en esto de actualizar el folkore, pues le mete electrónica al asunto, pero también rap y trap, granjeándose detractores entre las filas de los puristas, y verdaderos fans entre todos los demás, y sobre todo llevando su tierra, Salamanca, por bandera, con una entrega total, absoluta y emocionante. El charro entre los charos, el más Berrako. Y también el más majo, que nos trajo unos farinatos que estamos deseando degustar. Viva él. Si queréis saber más, le entrevistamos también aquí hace ya algún tiempo.
El show en el salón terminaba y llegaba por fin nuestro momento. Había nervios y ninguno estábamos del todo seguros de que el invento fuera a funcionar. Probablemente era la primera vez en la historia que se hacía, un dj set – pasacalles sobre un auténtico carro de la Cabaña Real de Carreteros. Todo madera, cuero, hierro e ingenio castellano. Una estructura tan buena que apenas había requerido modificaciones desde el s XV. Habíamos estado instalando la mesa y los altavoces por la mañana. Con las mismas, habíamos visto como el carro venía desmontado y se montaba pieza por pieza. El espacio era estrecho, insuficiente para tres dj y los tablones no componían un suelo muy uniforme, pero la emoción pudo con todo y nos encaramamos y redistribuimos como pudimos, encantados (A Ale le tocó ser gogó en la parte de alante, pero defendió genial su papel). Hay que aclarar que de este momento no tenemos fotos. Lxs que no estuvisteis ahí tendréis que imaginároslo, aunque algún vídeo habréis visto…
Los espacios para los bueyes, que iban a ser sustituidos por personas, eran en realidad la incógnita mayor, pero pronto se llenaron de voluntarios que se sorprendían de la poca fuerza que tenían que hacer para desplazarnos. Normal, con esas pedazo de ruedas. Aún así iban turnándose, porque también era lo divertido estar detrás bailando. Nuestros carreteros estuvieron muy lejos de conformarse con acompañarnos y vigilar que utilizábamos el carro con responsabilidad: nos pastorearon. Ángel, alias El capitán, un hombre entrañabilísimo, tomó la delantera dirigiendo a las 6 u 8 cabezas de tiro igual que lo haría con sus vacas. Epa epa epa, bonitaaa. Yeee, espera ahí. Yesssso bonitas, vamos.
Los tres carreteros vara de avellano en mano, por supuesto. Los tres muertos de la risa y con los ojos echando chispas. “En la vida pensamos que se le iba a dar este uso al carro”. Pero así era, estaba pasando. Transcurridos los primeros momentos de incredulidad, empezamos a disfrutarlo muchísimo y a confiarnos allí arriba ¡Craso error! Vacas y pastores aprovecharon nuestro descuido para hacer retroceder el carro sin previo aviso, sorprendiendo también a la comitiva que bailaba tras él desaforadamente. Carro arriba, carro abajo ¡¡mucho más manejable y divertido que el tractor!! Pusimos clásicos de reguetón y Nerve agent y La élite, pero también todo el verbeneo rural que pudimos. La sandía incluída. Cuando llegó el momento de Follow the leader y había que cantar eso de “I love soca” los participantes del estrafalario pasacalles nos sorprendieron rugiendo al unísono “I LOVE SORIA, ME GUSTA SORIA”. Pfffff. La verdad es que no puedo explicar con palabras. Creo que voy a tener que parar el artículo aquí. Al terminar el pasacalles (el ayuntamiento nos había dado máximo hasta las 20:00) nos bajamos del carro y nos abrazamos con todo el mundo, incluidos los carreteros, quienes nos dijeron que estaban muy contentos “de haber formado parte de nuestra felicidad ese día”. Y yo creo que en esas dos últimas pinceladas está condensado el significado de todo el evento:
Gente joven de todas partes descubriendo y disfrutando Soria, saboreando la maravilla que es estar en un pueblo donde (a pesar del ayuntamiento) eres libre y tienes todo a la mano y te relacionas con gente de otras edades y aprendes a cada paso historia, etnografía, tradición y cosas geniales. Donde comes genial por poco dinero y bailas bailes ancestrales, que pueden ser jotas o Paquito el chocolatero.
Gente mayor de Soria, dedicada al campo y a la tradición, descubriendo y disfrutando una generación a la que seguro no entienden, pero que también tiene cosas que admirar. Somos buena gente y estamos deseando saber cosas de nuestra tierra, conocer y dejarnos fascinar por los modos de vida antiguos, en que con unos bueyes, cuatro herramientas y muchos saberes, se construyó un país. Estamos muy urbanizadxs, sí, pero en cuanto nos das un poco de pueblo nos volvemos locxs de contentxs, y aunque muchxs no sepamos bailar jotas, nadie quema la pista como nosotrxs.
Gracias al Virrey por volver a confiar en nosotras y gracias a La Cabaña Real de Carreteros de Pinares por compartir con nosotrxs un pedacito de patrimonio vivo y dejar que nos lo lleváramos a nuestro terreno. Gracias a todxs por venir y generar ese ambiente de buen rollo y máxima diversión durante todo el día y por participar en las actividades y bailar y saltar tanto. Esperamos que se pueda repetir el año que viene y que se apunte más gente y el evento pueda seguir creciendo y tomando significados nuevos cada año, poniendo muchos manjares porcinos sobre la mesa pero sobre todo la idea de que TENEMOS UNA TIERRA QUE NI NOS LA CREEMOS Y HAY QUE APROVECHARLA Y RENDIRLE CULTO. VIVA SORIA, nos vemos el año que viene.