Breve e imprecisa historia del circo ambulante en Castilla y León

Carmen Abril (con la colaboración especial de chatgpt)
Fotografías:
Emiliano Pérez Mencía

Aunque tenemos interiorizada la idea de CIRCO a la americana, como tantas otras cosas, los circos ambulantes fueron muy populares en Castilla y León. Desde finales del siglo XIX hasta hace no mucho, carromatos y caravanas de artistas ambulantes llevaban la fantasía y el espectáculo hasta los rincones más recónditos de Castilla y de León. Durante estos años, aunque la Modernidad se desarrollaba a ritmo de vapor y se desplegaba, compleja y sofisticada, como una flor exótica, este aroma de cambio apenas se percibía aún en muchos pueblos recónditos de la vieja Castilla, donde las condiciones de vida del ciudadano medio -especialmente si éste pertenecía al pueblo llano- se diferenciaban muy poco de las de su bisabuelo y su tatarabuelo. Se trabajaba el campo, se buscaba la vida, jamás se abandonaba el pueblo. Las máquinas iban llegando, pero la cultura y el arte se demoraban más. Sólo las clases privilegiadas se permitían viajar, leer, ir al teatro, vivir “aquello del Progreso”.

 

Casi puede decirse que para los paisanos de muchos pueblos castellanos todo contacto con el mundo exterior se tenía a través del paso fugaz de estas troupes de artistas itinerantes. Existía ya la prensa escrita (para quien supiera leer) y muy pronto llegaron los telegramas y la radio (para quien pudiera permitírselos), pero, durante estos años marcados por el aislamiento y vaciamiento progresivo de las zonas rurales, el circo hacía mucho más que informar sobre el mundo. Invitaba a soñar con él. Los carromatos de circo no sólo llevaban a las zonas rurales y las pequeñas ciudades espectáculos de payasos, acróbatas, animales exóticos, magia…también interpretaban obras de teatro y musicales, allí donde el acceso a los mismos era casi imposible. 

 

Las pequeñas compañías errantes, a menudo parte de la misma familia, interpretaban versiones breves y adaptadas de clásicos como La venganza de Don Mendo (Pedro Muñoz Seca), La vida es sueño (Calderón de la Barca), o comedias de enredo del Siglo de Oro. También se destilaba el teatro por entregas/capítulos (así animaban al público a volver la noche siguiente), y lo más importante: todo a precios populares. Su labor sólo era equiparable a la que realizaban los ciegos con sus pliegos de cordel (¡investigad lo que es!).

El tamaño de las compañías iba desde las pequeñas y familiares (Circo Atlas, Circo Alaska) -una única familia recorriendo los caminos en su carromato- hasta el mismísimo Circo Price, que a día de hoy sigue activo en Madrid y que pasó en su gira ambulante de finales del sXIX y principios del XX por Valladolid, Salamanca, León y Burgos (Tordesillas, Astorga, Aranda de Duero…)

 

Hay crónicas locales y testimonios orales recogidos en libros de historia popular que narran cómo la llegada del circo cambiaba el ritmo del pueblo: los niños faltaban a la escuela para ayudar a montar la carpa a cambio de entradas gratis, y los animales, especialmente los exóticos (monos, elefantes y camellos), causaban auténtico asombro entre una población habituada en exclusiva a las ovejas, los mastines, los raposos y los burros.

La cara oscura del circo

Aunque no todo era cultura y alegría, eso también hay que decirlo. Eran precisamente muy habituales los espectáculos con animales (el número del oso tamborilero, la cabra equilibrista…) en condiciones que hoy día nos resultarían de gran crueldad. Esta foto de Emiliano Perez Mencía que muestra a un monito engrilletado en un circo en su paso por Benavente en los años 60 da fe del asunto.

 En ocasiones se presentaba a personas con malformaciones como un espectáculo en sí mismo (el famoso Freak Show que popularizó tanto la serie American Horror Story, pero a la española: la mujer más gorda del mundo, el niño de dos cabezas…). Por otro lado, la vida itinerante en la mayoría de los casos entrañaba situaciones de absoluta precariedad y a menudo hacía enfermar a animales y artistas. Además la farándula, ya se sabe, es a menudo imán de embrollos y enfrentamientos. Algunos documentos del archivo municipal de Zamora y Soria recogen incidentes relacionados con incendios de carpas o peleas entre los miembros de los circos y los lugareños… en fin, que no todo eran farolillos. Pero desde luego, había aventura.

Aventura, cultura y show

 

De esta forma, la aventura, el entretenimiento y la cultura a precios populares fueron el motor, amén de los burros, de los carromatos de circo que iban recorriendo pueblos y ciudades. Los integrantes de la compañía se presentaban ante los paisanos del pueblo como lo que eran: gente vivida, de mundo, artistas y prácticamente magos. Seguro que más de un paisano se subió al carro con ellos para conocer tierras lejanas. Igual que Melquíades en Cien años de soledad, los circenses llegaban a los pueblos castellanos llevando consigo un tesoro mucho más valioso que el entretenimiento y el espectáculo: una ventana abierta al vastísimo Mundo, la posibilidad de soñar.

 

Por razones obvias, el circo cesó su actividad durante la guerra civil española y durante los años de posguerra se mantuvo con vida gracias a las representaciones teatrales. En este contexto se desarrolla precisamente la película ¡Ay, Carmela! Dirigida por Carlos Saura y protagonizada por Carmen Maura, que desde aquí os recomendamos ver.

fotograma de ¡Ay Carmela!

A lo que vamos: ya hay entradas

Como nuestra fiesta en homenaje al Circo Ambulante en el castillo de Villalonso se acerca (¡¡las entradas ya están fuera!!), estamos con el tiempo justo y no nos ha dado tiempo a investigar más, pero le hemos pedido al dichoso chatgpt que nos haga una relación de anécdotas y leyendas relacionadas con el circo en Castilla y León que os dejamos por aquí. Como son producto de la IA, son completamente imperfectas, las fuentes dudosas  y quizá haya cosas que modificar o añadir: tenéis los comentarios abiertos y total disponibilidad para aportar al asunto. 

 

Viva el circo, el arte popular y la vida en carromato. Vivan la fiesta, la cultura y la aventura. Nos vemos en Villalonso el 31 de mayo. 

Anécdotas

📖1. El elefante en la fuente del pueblo

En 1927, en Medina del Campo (Valladolid), el pequeño circo Bianchini instaló su carpa en las afueras. Durante el montaje, un elefante escapó de su cuidador y, siguiendo su instinto, fue directamente a la fuente principal de la plaza del pueblo. Los vecinos, atónitos, vieron al animal metiendo la trompa en el pilón para beber agua. Hubo revuelo: los niños se subieron a los tejados para ver mejor, las mujeres corrieron a cerrar sus puertas, y algunos hombres intentaron ayudar al cuidador usando zanahorias y ramas.

📖 2. El payaso y la nevada de Ávila

Una noche de invierno de 1943, un circo ambulante pequeño quedó atrapado por una tormenta de nieve cerca de Arévalo (Ávila). Los artistas, incapaces de seguir su camino, se refugiaron en una venta local. Para agradecer la hospitalidad, improvisaron un espectáculo gratuito en la taberna. Los niños del pueblo, muchos de los cuales jamás habían visto un payaso en directo, contaron durante décadas la historia del «hombre de cara blanca» que les hizo reír mientras afuera nevaba sin parar.

📖 3. El «hombre bala» de León

En los años 50, el Circo Fulgencio presentaba en León capital su número estrella: «El hombre bala», un joven que era disparado desde un cañón de utilería. Sin embargo, el primer día, calcularon mal la distancia, y el «hombre bala» aterrizó directamente en un granero vecino, destrozando parte del tejado. El dueño del granero montó en cólera, pero finalmente el circo y el pueblo hicieron una colecta para pagarle las reparaciones. El acróbata ganó una fama inesperada en toda la región.

📖 4. La cabra equilibrista en Peñaranda de Duero

Un clásico de los pequeños circos castellanos: la cabra que caminaba por una cuerda floja. En Peñaranda de Duero (Burgos), hacia 1935, una cabra entrenada dio un espectáculo impresionante, pero en plena función saltó fuera de la cuerda y escapó. Estuvo tres días perdida, y todo el pueblo participó en la «búsqueda de la cabra artista». La encontraron finalmente en una huerta, donde la cabra se había subido al tejado de un gallinero. El dueño de la huerta pidió como recompensa entradas gratis «de por vida».

📖 5. El rumor del «circo maldito» en Zamora

Se cuenta que en un pueblecito de Zamora, alrededor de 1900, la llegada de un circo coincidió con una serie de desgracias: lluvias torrenciales, una epidemia de gripe y la muerte de varias gallinas del pueblo. Los más supersticiosos empezaron a decir que el circo traía mala suerte, y hasta llegaron a prohibir su entrada en años posteriores. Años más tarde, se supo que los artistas del circo eran simplemente víctimas del mal tiempo y la mala fortuna, como todos los demás.

Leyendas

🏰 1. La caravana de los espectros (Segovia)

Se decía que en los campos de Segovia, alguna noche de niebla espesa, se podía ver avanzar una caravana de carromatos desvencijados, iluminados por faroles mortecinos. Según la leyenda, eran las almas errantes de un circo que había sufrido un accidente hacía siglos: durante una tormenta, su carpa ardió y todos murieron. Desde entonces, su caravana aparecería en las noches sin luna, vagando en busca de un público que ya no existe.

🐺 2. El domador de lobos (Sierra de la Demanda, Burgos/Soria)

Una leyenda muy curiosa habla de un «domador de lobos» que recorría la Sierra de la Demanda a principios del siglo XX. No pertenecía a un circo como tal, sino que viajaba solo con dos lobos amaestrados que ejecutaban trucos de obediencia y lucha simulada. Se decía que el domador no era completamente humano, sino un hechicero que había hecho un pacto con los lobos. Algunos niños juraban haberlo visto conversar con los animales bajo la luz de la luna.

🐍 3. La serpiente gigante de Tierra de Campos

En pueblos de Valladolid y Palencia se contaba que un circo ambulante había traído consigo una serpiente de tamaño monstruoso, capaz de tragarse una oveja entera. Una noche, la serpiente escapó. Nunca fue capturada y, según las habladurías, fundó toda una estirpe de serpientes gigantes que, todavía hoy, habitarían en lagunas y cañaverales.

🎭 4. El payaso que no envejecía (Zamora)

En Zamora circulaba la historia de un payaso que visitaba los pueblos siempre con el mismo rostro: un maquillaje blanco perfecto, pero detrás, según decían los más ancianos, su cara no cambiaba con el paso de las décadas. Algunos aseguraban que el maquillaje no era pintura, sino su auténtica piel maldita, consecuencia de un antiguo hechizo para ser «siempre joven» y poder hacer reír a generaciones enteras.

🦉 5. La carpa embrujada de Salamanca

Otra leyenda cuenta que, en un pueblo cercano a Salamanca, un circo montó su carpa en terreno sagrado (antiguo cementerio medieval) sin saberlo. Durante las funciones, ocurrían fenómenos extraños: desapariciones de objetos, ruidos en la noche, y en especial, la aparición de un búho blanco que sobrevolaba la carpa. Los lugareños aseguraban que era el espíritu guardián del cementerio, y que por eso el circo abandonó el pueblo en mitad de la noche sin siquiera desmontar su carpa.

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