Llegada a Martiago
Cojo un Ave en Barcelona, un Alvia en Madrid, un autobús El Pilar en Salamanca y mi padre me recoge en Ciudad Rodrigo. He llegado a Martiago.
La canción que elegimos poner para entrar al pueblo es importante, marca la llegada a Martiago y solemos elegirla mi hermano o yo desde pequeños. Es un acto emblemático en esta familia: pasamos el risco, ocho curvas y vemos aparecer el cementerio al fondo de la carretera. Este año no podíamos pasar por el risco por peligro de derrumbamiento y, en consecuencia, experimenté nostalgia. El año pasado entramos escuchando Peregrino de Carlos Ares, algún año hemos puesto una mía, cuando éramos más peques solía ser Estopa… Los rituales son importantes para mí porque tienen un sentido y la vida ahora mismo parece carecer de ello.
Hoy (o ayer, o pasado) ha salido Desde que te vi, una de mis canciones favoritas del EP. Recuerdo la cara de Yoel (Yoel Molina, de Casapalma) cuando le dije: “quiero llevar esto hacia el mood más fiestero posible, un hardstyle, yo que sé, lo que suene en la discomóvil el año que viene”. Ninguno de los dos somos expertos en este género y creo que eso es lo que lo hizo más divertido. Recuerdo que cogimos la voz de Agurtzane (martiaguesa y parte del grupo folclórico Baleo) y empezamos a trabajar en cómo podrían ser los kicks o qué podríamos meter en el estribillo. Yo caí en un bucle con la armonía de la gaita charra de la grabación original del CD de Canciones tradicionales de Martiago que grabó la propia Agurtzane y Mariano Vallejo. Probamos un pluck encima. Precioso, en mi cabeza. En la realidad, meh. Lo quitamos. Encontramos otra armonía que sí nos llevaba al verbeneo. Juego y azar, literal. Yoel, desde Cantabria, acabó metiendo 303 y subió el tema dos pisos sin avisar. Días después, me escribió: “me he puesto a explorar más este género por culpa de Desde que te vi”. Perfecto: si esto además contagia curiosidad, misión cumplida.
Rituales. Recojo este tema que os adelantaba antes. Esta canción era una ronda que se solía cantar en los bares, bailes de plaza, festejos, ya sabéis, para declarar tu amor (o deseo) a la persona que te gustaba. Ese era el ritual, y ese ritual articulaba una realidad. Esa realidad se ha movido; y, en consecuencia, este ritual se ha transformado. Siendo menos teórica me refiero a que ahora no hay un chaval que me cante desde el otro lado de la plaza “esos ojos morena me van a matar, me voy a morir, malito en la cama desde que te vi”, y, si lo hiciera, sería un poco raro;
pero el coqueteo tonto en la verbena de la plaza sí que existe. Así que la idea fue esta, no modernizar por modernizar, que tampoco estaría mal: sino mover la canción al dispositivo actual donde la gente se reúne. Mi trabajo aquí ha sido escuchar qué queda, qué se mueve y cómo los usamos hoy sin romper su relación con el lugar. Así que, bueno, ya no es común ejecutar la ronda como lo harían nuestros abuelos, pero echarse unos ojitos mientras suena este tema podría ser algo similar, ¿no?
Por eso y porque me gusta mucho el remix de la Potra salvaje. Conceptualmente me encajaba un beat de hardstyle, tiene los ingredientes exactos para levantar una noche de fiesta, y a mí me gusta la fiesta, sobre todo la del pueblo. Siendo sincera (va, voy a por todas) mi deseo es que Desde que te vi suene en la discomóvil y dos chavalas, sin ser conscientes de ello, canten una melodía que sus abuelas cantaban. Si pasa eso, touché, me parecerá divertidísimo. Y si se lían, pues ya un éxito de canción.
Así que, eso, finalizo este texto como lo empecé: este año no hubo risco y hubo EP. Entramos por otra carretera y elegimos canción en otra curva. Fue raro, y, a la vez, tuvo sentido: el pueblo cambia, yo también, la música también.
Espero que os guste mucho esta canción o, al menos, que os parezca lo suficientemente buena para meterla en la playlist de vuestra peña y agradecer a las chicas de la Perdiz Roja por darme este espacio,
<3
Cristina.