Parece increíble pero por fin ha pasado. Por fin ha terminado la gira de presentación de La perdiz roja en papel. Le llamamos Circo ambulante tour porque somos un circo, y porque cuando estábamos decidiendo el nombre teníamos el cartel de la última fiesta del castillo justo enfrente. En fin. Menos mal que solo (¡sólo!!) hay nueve provincias en Castilla y León porque ya no nos daba el cuerpo ni para una parada más. Aún tendríamos que hacer Castilla La Mancha tour, pero si le digo esto a mis compañeros se me amotinan seguro…El caso es que por fin ha terminado.
Para quien no sepa de qué hablo, ubíquese ¡¡por fin hemos sacado la revista en papel!! Fue en diciembre de 2025. 5 años después de fundar la revista. Habíamos querido ser una revista en papel desde el inicio. Se lee mejor, los abuelos te captan en vez de pensar que eres un vendehumos, te puedes sentar a leerla tranquilamente sin sumar horas de pantalla a tus retinas agotadas, no sé. El caso es que todos los años empezábamos a bocetar el asunto con un horizonte temporal que se nos alejaba burlonamente. “Cuando cumplamos un año, papel; cuando cumplamos dos años, papel. Venga este año sí, los tres años se celebran con el papel” y al final se quedaba en agua de borrajas. Normal. Ahora que hemos visto lo largo (¡y lo caro!) que es el proceso, se hace fácil pensar que simplemente no hemos estado preparadas hasta ahora. Ha sido cuando ha tenido que ser.
Nos hemos tirado un año y medio de trabajo entre selección, curación, promoción y búsqueda de anunciantes, maquetación, diseño…Ya estaba todo encaminado y aún así el horizonte huidizo aún nos la jugó un par de veces más. Queríamos haberla publicado en marzo. Después se vio que tenía que irse a junio, “mejor post castillo”. Después se habló de septiembre, que tenía más sentido y además en verano no estábamos sacando nada de tiempo para rematar. Luego que septiembre nanai, que para diciembre. Y para diciembre sí fue, por fin. Un abrazo grande para Atticus, nuestra imprenta en Burgos, por acompañarnos en todo el proceso y sobre todo por no mirarnos con suficiencia por ser primerizos y, por el contrario, mirarnos con admiración por ser refrescantes y jóvenes y nuevos.





También para todos los que han apoyado contratando espacio publicitario. Cuando, después de agotar la primera tirada de 1000 en dos meses, encargamos 750 unidades más, nos acordamos de vosotros. Vuestro logo, replicado 750 veces más, ala. Por confiar. Otro abrazo para todos los que la habéis comprado y la seguís comprando. Gracias de corazón. Algunos igual la tenéis en el salón un poco de adorno y apenas la habéis tocado. Otros os la habréis leído de principio a fin como quien se lee un libro. Os queremos a todos (pero los que no la habéis leído, haced el favor).
El número 0.1 de La perdiz roja es el hito más importante de nuestra asociación hasta la fecha y recoge una selección de los artículos publicados entre 2021 y 2024, es decir, de los tres primeros años de andadura de la revista, que fueron precisamente los más cruciales y los más duros. Hubo que tirar de ganas y de fe casi todo el tiempo, lo bueno es que de eso íbamos sobradas. Releer esos artículos del inicio fue, por cierto, un proceso emocionante. La mayoría eran pequeños manifiestos escritos con una osadía casi profética, ilusa, impoluta. Sabemos mucho más sobre Castilla ahora que cuando fueron escritos, pero aplaudimos a las perdices de entonces, todas pasión y mente puesta en el futuro. Ahora hay tiempo y motivos para disfrutar del presente. Castilla vive un momento dorado en lo que a identidad cultural se refiere, muy distinto al panorama que existía en 2020, aunque el futuro nos sigue preocupando e ilusionando a partes iguales.
Girando por Castilla
Volviendo al tema de la gira, que es el motivo de este artículo. Se podría -y quizá deberíamos haberlo hecho- haber escrito un artículo para cada una de las presentaciones, pues en cada una surgieron conversaciones, anécdotas y conclusiones distintas. Hemos entrado en contacto con muchas personas nuevas y estrechado lazos con otras muchas que ya conocíamos. Hemos recorridos calles y bares y restaurantes y sentimos que conocemos un poco más las nueve provincias y que ellas nos conocen un poco más a nosotros también. Hemos invertido tiempo, energía y recursos en ir por ahí hablando de nuestro libro, como un circo ambulante protagonizado por Paco Umbral, y no nos arrepentimos de nada.











La primera presentación, en Valladolid, la única que nos preparamos a nivel discursivo y la única en la que casi lloramos. A nivel técnico, un desastre porque coincidió con el mercadillo navideño que organizaba Laika y no se escuchaba nada. A nivel emocional, en cambio, lo fue todo. Estaban nuestra familia, nuestros amigos, nuestras parejas que tanto han bregado por la causa; nos habíamos vestido de gala, la revista se estrenaba justo ese día en el kiosko Peseta…El vino de después, aunque en la cafetería de una residencia universitaria, fue elegantísimo, con cortador de jamón cortesía de Eresma y todo -saludo a Batis, ¡el único cortador de jamón griego del mundo!- y reencuentros del pasado. Vino Vega Real, Torondos, cerveza Astromona…había mucho que celebrar y se celebró mucho. Era 20 de diciembre y la revista llevaba 5 días disponible en la web.
La presentación de Zamora pilló más a trasmano porque era el 5 de enero, día de reyes, y vinieron apenas diez personas. Se celebró en el casino de Zamora, un espacoio precioso donde también se había celebrado un mercadillo navideño la noche anterior y donde nos trataron fenomenal. Fue la menos multitudinaria de todas, pero no la menos especial. Se nos olvidó el photocall en casa, cosa que nos dio mucha rabia. Trajimos como invitados a Laura Merayo y a Saúl Alija, dos pintores de perfiles muy distintos (ella, moderna y revolucionaria, él, ex estudiante de teología), pero que conversaron muy bien. Entre el público había mucho contraste de edades y opiniones y la charla fue animada, viva. Nos honró con su presencia Emilio Fraile. Una chica trajo a sus dos padres. Tomamos clarete y comimos mantecados, hacía una mañana preciosa. Al final nos fuimos contentas.
La llegada a Soria fue preciosa porque todo estaba nevadísimo. Blanco, blanco, blanco. No es la primera vez que nos la encontramos así. Nos quedábamos a dormir en casa de Kogor, que llegó tarde a la presentación, pero Kogor es así y se le perdona. Se celebraba en el Círculo de la amistad (el tercer casino, 3/3!) por lo que había entre el público varias personas mayores algo despistadas, aunque también varias jóvenes (una de ellas alimentando a su criatura) que sí nos conocían y hasta nos preguntaron por el proceso creativo y ¡¡nos pidieron autógrafos!! Esto no nos había pasado nunca. Al acabar, una mujer nos dio un pequeño magazine cultural de su pueblo y unas chicas muy majas nos invitaron a tomar algo en el restaurante de su familia, La chistera. Estuvimos hablando con una pareja que está restaurando un apeadero de tren abandonado en Martialay, pero de ese tema ya os hablaremos más adelante. Esta vez no se nos olvió el photocall, pero se nos olvidó hacer fotos. Por la noche pinchamos en el bar de Kogor y al día siguiente nos invitó a comer. Como digo, se le perdona todo, es el mejor.




La siguiente parada era El bierzo. Sabíamos que no íbamos a ser bienvenidos en León, pero nunca se barajó no visitar El Bierzo. Aprovechamos que nuestros amigos de O fiandon berciano celebraban su entroido el sábado y les pedimos permiso para encajar nuestra presentación el viernes. Nos dijeron que sí y acogieron en La cantina, su sede. Para nuestra sorpresa se llenó, pero nos explicaron que el vino gratis tiene mucho poder de convocatoria y que además por allí no se percibe Castilla como un ente opresor sino más bien como un lugar recóndito y exótico. Solo había un abulense, con nuestra camiseta, en primera fila, el resto, bercianos oyendo hablar de una cultura tan ajena como podía ser la polinesia. Fuera broma, nos llamó la atención ir hablando de tradiciones y ver lo poco que coincidían. Casi nadie había estado en Villalar, por ejemplo, el término “quintos” no significaba nada para ellos… el caso es que el vino de después fue divertidísimo y que al día siguiente celebramos el entroido de lo lindo, pero de eso hay ya artículo.






La presentación en Burgos tenía que ser en La Figa, eso estaba claro. Habíamos invitado a Diego, de Estampas Burgalesas y con él venían tres representantes más de la agrupación. Estaba por allí Cachorro, de El nido, al que sacamos a la palestra también. Se habló muchísimo de música. Justo acabamos de publicar el artículo sobre Antonio José y el Nuevo cancionero burgalés.
Diego hablaba a raíz de esto de 4 olas de reivindicación de la música folclórica burgalesa: la primera, Federico Olmeda, la segunda, Antonio José, la tercera, Nuevo Mester, la cuarta, la M.O.D.A, el momento actual. Entre el público estaba el periodista que nos dedicó un artículo en El diario de Burgos y Victoria, nuestra editora de Atticus, copazo en mano como una reina. Surgió una charla intensa con el público, y muy buenas preguntas: qué creemos que va a pasar en el futuro en Castilla, de dónde nos viene la pasión por la misma, testimonios de cómo Madrid te expulsa…


Diego y sus amigos amenizaron el vino de después con las dulzainas. Estaba allí Rodrigo, de Baianai, la empresa genial que nos rehizo la web el año pasado. Pinchamos un rato y después nos llevaron a El Patillas, un sitio mítico en el que la gente se junta a hacer música, especialmente tradicional, pero también de cualquier tipo. Dulzainas, cajones y guitarras conversaban y nosotras nos dejamos mecer hasta que así, acunadas por el vino las melodías y las risas, nos entra sueño y nos vamos a dormir (bueno, a Ale y a mí, Miguel se hubiera quedado allí a vivir).
Aprovechando la cercanía entre ambas ciudades habíamos colocado la presentación de Palencia al día siguiente de la de Burgos. Teníamos algo de resaca por culpa de El patillas pero se nos quitó de golpe al llegar al Ateneo y ver más de 60 personas esperándonos. Whaatt. Sorpresón. La más multitudinaria, qué guay. Muchas caras conocidas, Palencia es casi nuestra casa. Además, el Ateneo lo había preparado todo con mucho mimo y profesionalidad. Micros, agua, mini presentación antes de la presentación…
Después de la charla de rigor mandamos salir a Lucía Burón, que de colaboradora se ha convertido en una amiga y cuya trayectoria y personalidad admiramos tanto. Sacamos también a Rubén, aka El chiguito, la superestrella palentina que en vez de mirarnos como a viejos -pues el es pura gen Z- nos quiere y da palmas siempre.
Hablamos de cerrar heridas en los pueblos y con los pueblos, de la importancia de la infancia y de educar desde pequeños en el conocimiento y el amor a la tierra, del carácter castellano. Se vuelve a mencionar lo positivo de irse fuera para valorar el hogar. Se menciona, a raíz de un comentario de Vanesa, de Raíces del Cerrato, la importancia de hacer que otros (migrantes) se sientan partícipes de estos movimientos culturales y regionalistas. Un hombre presenta con ilusión el proyecto vecinal de su pueblo, Marcilla Viva. Una mujer interviene y cuenta que Madrid la ha expulsado y que si ella se ha sentido motivada a volver aquí ha sido en gran parte…gracias a nosotras (!!??). Agradece mucho lo que hacemos y dice que todo esto le está sirviendo para reenhebrar con su familia y su identidad.
Tenemos solo 10 revistas y vuelan por los aires al terminar, prometemos traer más. Por la tarde pinchamos en Universonoro.
La presentación de Salamanca nos dio una sorpresa porque, esta vez sí, estábamos convencidas de que no vendría nadie: porque Salamanca es ciudad de estudiantes, porque la sala Da2 está apartada, porque llovía…convencidas y desinfladas, preparamos aun así el tinglado. La sala se llenó, y aún hubo que poner más sillas de las que habíamos preparado. Da2 es un espacio artístico muy chulo así que el entorno era arty y desordenado, como un estudio de pintura y abarrotado de gente sonriente y atenta.
Empezamos a la improvisación como siempre: hablamos de nuestros inicios, del desarrollo del proyecto, de nuestro día a día, de la portada bordada a mano en punto de cruz, del margen exiguo que sacamos de cada revista vendida…cuando se unió Lemus, nuestro invitado charro especial, se habló de venderse, que es un tema. De que hay que venderse bien y esto no tiene porque implicar ponerse un precio o rebajarse. La tierra de Castilla se ha promocionado fatal -el 23 de abril en los colegios se celebra el día del libro- y eso ha generado un vacío en la identidad.
Esto lo corrobora una de las primeras intervenciones del público, que es una mujer lindísima que trae a su bebé. Dice que es seguidora de las que lee y que gracias a nosotras se ha reconectado con esa identidad perdida (!!) y que espera que su bebé no tenga esa falta y crezca sintiéndose orgullosa de ser de aquí. Nos encantó también la intervención Auro, una chica peliazul con aura de ciervo tímido que aún así se atrevió a salir al estrado, con nosotros, a contar su movida, y nos había traído hasta fanzines. Auro representaba la Bandada queer (aprovecho para mencionar las Ranas rebeldes que era su equivalente cuando yo estudiaba en la ciudad) un colectivo que busca que la gente queer pueda hacerse hueco en sus pueblos, que muchas veces los han rechazado. Justo lo que hablábamos con El chiguito. Y lo mismo para las personas neuro divergentes. Idea preciosa, y fanzine genial.
Al final fueron surgiendo las intervenciones. Pasamos al vino y seguimos hablando con unos y otros. El finde entero lo pasamos en casa de Lemus, con quien -hasta ahora- no teníamos tanta confianza y que desde ahora es colega de verdad. Salvando la pitón de su hermano en un terrario del salón, no pudimos estar más agusto. Desayuno en casa Lis, comida en Pascua…hasta tomamos el aperitivo con su tío y con su abuela. Después pinchábamos en La tatami y la noche se convirtió en salir mano a mano con sus amigos de Lemus, queresultaron ser lo más…aún nos preguntamos cuál será el secleto de la tlompeta.






Segovia es casa si vas a Casa Duque. Llegamos y Luis nos tenía ya todas las sillas preparadas, la mesa, botellas de agua. Nos invitó un café y un ponche segoviano arriba, porque para variar vamos medio bien de tiempo, y nos enseña todo. Yo ya lo conocía, pero Casa duque es precioso, lleno de recovecos y de objetos y de fotos para detenerse a mirar.





Mientras tomamos el café llega una pareja preguntando por nuestra presentación. Son una pareja majísima: Él nos ha traído fanzines de cosecha propia y ella nos pregunta por Delameseta porque quiere que canten en su pueblo, Valverde. Le damos el contacto y cogemos los fanzines. Empezamos muy bien. Bajamos y ya está todo abarrotado. La charla transcurre como siempre y a la vez como nunca, es lo que tiene improvisar. Luis nos acompaña todo el rato y hace una intervención profesionalísima, acostumbrado como está a hablar a la prensa. Lo mejor, la charla de después. Aquí la gente había venido con ganas de hablar y compartir y podríamos habernos tirado tres horas hablando. Se discute, puesto que Villalar ya está cerca, de tomarse licencias y renovar la tradición, de los purismos a quienes esto ofende, y de nuevo mucho sobre educación. No puede ser que en los colegios castellanos el 23 de abril sea el día del libro y basta. Precisamente hay profesoras en la sala que nos cuentan que ellas están haciendo justo lo opuesto, enseñando panaderas, jotas, hablando de los comuneros, de Delibes. Qué gusto. Pronto despejamos sillas, descorchamos vinos, se sirven embutidos y nos ponemos a pinchar.
La gente, y especialmente las profes y sus hijas, se lo bailan como locas. Desvirtualizamos a Gonzalo Borondo, que nos hace mucha ilusión y también a Inés, la fotógrafa del reportaje de los Santos inocentes de Juarros de Voltoya y a Sego Memes. Seguimos algunas conversaciones iniciadas durante la charla. Una hija y su madre, las dos muy integradas en el mundo del folklore, especialmente en la zona de Cuéllar, nos vienen a dar ánimos y refuerzo positivo. En días de mucha duda sobre si nuestra propuesta en cuanto a indumentaria para el día de Villalar era acertada, nos vale de muchísimo. La madre está contentísima de haber venido y de haberse dejado convencer por su hija. Bailamos y bebemos y lo pasamos de miedo. Quizá es mi presentación favorita, por lo interactiva, tanto que casi se me olvida que al día siguiente hay otra.
¡Fin de gira! Esta vez la resaca más que insinuarse se pronuncia, pero nos lavamos la carita y ponemos camino a Ávila, que queda a solo una hora de Segovia. El día está rar en cuanto al clima.
Nos reciben en Barro, el restaurante estrella Michelin que nos acoge, y nos comentan que lo de la terraza no va a poder ser, que hace mucho viento. Montamos todo el tinglado en el salón de abajo y salimos a ver qué pasa, preocupados por si la gente se estará aclarando con el cambio de ubicación. Al asomarnos fuera vemos como a 40 personas esperando. ¡Pero bueno! Justo cuando la cosa se estaba poniendo buena se acaba la gira. Qué diferencia con la primera presentación en Zamora, con cuatro gatos…¡deberíamos volver a empezar, segunda vuelta!
Ha venido a acompañarnos María, de Doce leguas, pues ella es abulense serrana y están también, en primera fila, nuestros amigos de Milti, empresa de diseño 3D patrocinadora. La conversación fluye por donde quiere, como siempre. Hablamos mucho de comunicación, de la relación con el público virtual que se forma a través de redes, de la desidia de la administración, de los incendios…de contar Castilla en una clave emocionante, apetecible y arraigada, justo al contrario de como se venía haciendo hace unos años. La proporción de gente joven y mayor es super equilibrada y aunque no están muy habladores al terminar la cosa se suelta un poco con el vino de después.
Volvemos a casa agotados pero muy satisfechos. La inversión de tiempo y esfuerzo ha merecido la pena. Siempre merece la pena. Para un buen puñado de gente castellana no seremos ya nunca más un medio cultural sin cara, una cuenta de instagram, una camiseta, si no unas chicas muy majas haciendo lo que pueden, siendo un caos a veces pero viviéndoselo mucho. Creyendo de verdad en esto.