Lo que sigue, más que un artículo con intencionalidad clara, es un agregado de pinceladas sueltas. No sigue un orden ni lleva una dirección, pero el conjunto pretende esbozar de alguna manera el retrato de una de las figuras castellanas femeninas por excelencia: Teresa de Ávila. Teresa de Jesús. Santa Teresa. La Santa.
No sé cómo he tardado tanto tiempo en escribir sobre ella, pero sé porqué escribo ahora, aunque quizá no es la mejor razón: Tenía que aprovechar el hecho de que, gracias a Rosalía y su disco Lux, las Santas están de moda otra vez (que se lo digan al equipo de marketing de Santa Teresa Gourmet). Y en Castilla hay varias -y aquí se ha ido hablando de algunas a raíz de la fiesta de Todos los Santos-, pero ninguna como ella. Ninguna en el mundo como ella.
Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada. Santa Teresa de Jesús. La del éxtasis místico. La patrona de los escritores. La Carmelita descalza. La monja trashumante. La madre fundadora.
En Ávila, simplemente, La Santa.
Hoy en día, la ciudad entera gira en torno a ella. La misma ciudad que un día poco menos que la crucificó. Aunque también te digo, normal: ella les dió donde más les dolía.
Un poco de contexto
Es el sXVI y España empieza a abarcar mucho y apretar poco. La Edad Media ha dejado paso a la Moderna (que, como Madrid, de moderna tiene poco) y la Ciencia empieza a sacar pecho y a desafiar al orden establecido, sacro y corrompido hasta la raíz como una muela que pide a gritos una endodoncia. La Fe, sin embargo, tiene sus recursos -y en ocasiones también su dignidad- y en ciertas zonas de Europa (Alemania, Suiza, Países Bajos) comienza a renegar de sí misma, o mejor dicho, a renegar de la estructura eclesiástica que la sostiene y que reposa a su vez sobre bulas absurdas, papas con hijos reconocidos, riquezas y desfachatez. El Protestantismo de Lutero pega fuerte, se extiende y enraiza, ofreciendo una alternativa, pero también le sirve al catolicismo para enrocarse en su postura, hacerse fuerte y romper radicalmente lazos con aquellos que le instaban a reformarse. Contra la Reforma, la Contrarreforma. Contra sus acusaciones, las nuestras: impíos.
Con lo fácil que era escudarse en “la amenaza protestante” y seguir con el derroche, la impunidad y la desvergüenza eclesiásticas,Teresa decidió renegar también de toda esta ignominia, pero lo hizo a su manera. Ella -que (por inercia cultural) detestaba a los protestantes más que nadie, – dijo “Vale, sí, los protestantes son el demonio, pero veamos la viga en el ojo propio. Aquí hay mucha tontería, nos estamos desviando de lo que importa de verdad que es DIOS: Dios que todo lo puede, Dios que se ve sin ojos, Dios que queda muy por encima de las cosas del Mundo.”
De aquellas se hablaba mucho de lo mundano como el conjunto de las cosas materiales, lo terrenal (primero amaré el Mundo y luego amaré a Dios). Las cosas del Mundo se presentaban como insignificancias en comparación con las cosas del Cielo. A pesar de que esto era lo predicado, la Iglesia se preocupaba siempre de tener las mejores telas, los mejores cuadros, las mejores estancias…bajo el pretexto de no estar destinados ellos, sino a Dios, los regidores de la Fe a menudo se procuraban los lujos más “”divinos»», que no eran sino lujos puramente mundanos.
En fin, ya se sabe: el catolicismo y los oros.
Y según Teresa (y según la doctrina cristiana, en realidad), había que despreciar todo esto y vivir con la mente puesta en la siguiente vida, en el Reino de los Cielos, en el momento de, por fin, ser uno con Dios. Y eso incluye estar concentradas, embebidas, absortas en él. Ser pobres, sufridas, anhelar cada día el momento de unirsele. Teresa era una radical y esto se entiende mejor a través de la anécdota de la fuga con su hermano pequeño cuando eran niños. Objetivo: ir a tierra de moros (norte de África) y que les cortasen la cabeza los infieles para subir al cielo a toda velocidad, llenos de gloria. 7 años tenía la criatura. Lo único que ella hacía era tomar de forma literal las enseñanzas que recibía y atajar la ecuación: si esta vida no vale, si es todo penar y arrastrarse como los gusanos por el suelo y el destino son la Paz y la Perfección totales en Dios; si no hay mayor gloria que la de los mártires, que entregaron la vida por defender la Fe…¿por qué esperar?
De niña ya era una bala de cañón de fundamentalismo y convicción, pero ella también fue adolescente y -de esto se habla siempre mucho- era bien coqueta, bien sociable y estaba bien enamorada (¡ y de manera correspondida!) de su primo. Y no creo que fuera una cosa platónica. Yo me apostaría todo lo que tengo a que -por lo menos- hubo beso. Pero al final la balanza se decantó por Dios y con 20 años Teresa ingresó en el convento de la Encarnación, en el que le iban a prohibir la entrada años después por lianta*. Su padre, al que estaba muy unida, se opuso, como también se habría opuesto seguramente su madre, de no haber muerto cuando Tresa tenía solo 12 años. Su primo se opuso el que más, supongo, pero dio igual.
(Todo esto me hace pensar, por cierto, en Los domingos, la película de Alauda Ruiz de Azúa. El pretendiente encantador, la herida de la madre ausente…y la elección final: Dios. Si podéis, vedla, el tema está tratado con tanta sutileza e inteligencia que, en mi entorno, ha conquistado a las personas más dispares.)
Hablando de su madre, fue ella la que le enseñó a leer y despertó su pasión por las letras. Teresa fue una de las primeras y más principales poetisas y escritoras de nuestra civilización y por eso aparece siempre representada con un libro y una pluma. Se cuenta por cierto que de pequeña Teresa era una apasionada de los libros de caballerías, que nada hay más mundano. Si Cervantes la hubiera visto. Aquí se la relacionaba con Don Quijote (y con Unamuno y Wes Anderson) en una ocasión. Por cierto que su padre, judío converso atrincherado bajo el apellido de su regia esposa, tomó parte en la Revuelta de las Comunidades, llegando Teresa a coincidir con el mismo Padilla en una de las reuniones que se celebraron en la casa de la familia, siendo ella una niña. Esto también nos da una idea de la posición social de La Santa, que estuvo siempre muy bien relacionada y supo tratar con (y sacar partido de) las figuras más principales e influyentes del país. Es representativo también que no sólo leyera sino que, con el tiempo, se dedicase también a escribir. Se supone que escribir es un acto de vanidad y por tanto pecado, pero ella tenía excusa porque su confesor (que era una figura que por entonces hacía las veces de psicólogo) se lo puso de deberes. No era exactamente para que se liberase, si no porque la Inquisición empezaba a sospechar de ella, pero bueno. Teresa empezó escribiendo sus pensamientos y recuerdos, una especie de diario, pero le cogió el gustillo y se lanzó a escribir guías espirituales para sus monjas “Camino de la perfección” y a relatar sus andanzas en el “Libro de las fundaciones”, y hasta a componer poesía.
Pensaba que quizá Teresa me gusta tanto por su faceta de escritora, pero no: Teresa me fascina por lo bruta, por lo terca, por lo tenaz. Ella, en un primer momento, intenta reformar el convento en el que ya estaba, y que mencionaba arriba, La encarnación. Pero claro, con la Iglesia se había topado. Nos pensamos que en los conventos se hacen pastas y se reza, pero son también lugares de intensa vida política. La priora es la priora y se elige en votación y a la de La encarnación no le gustó un pelo que el Huracán Teresa, llegara diciendo que aquello era un pitorreo, que muchas de las novicias se veían con el novio en el propio convento, que se toleraba cualquier cosa con tal de que la familia donase bien. Que se vivía con lujos, que se jugaba a la acumulación y el mercadeo. Y que aquello no daba gloria a Dios. No sólo se estaba postulando como una líder rival, estaba dejando la institución y la orden a la altura del betún, retratándolas, y sacándoles los colores a quienes habían asumido estas dinámicas sin pestañear. Podía hacerlo por su aplomo de hierro y porque, insisto, ella también era noble y estaba bien relacionada, pero pronto se da cuenta de que está malgastando energías tratando de regenerar una estructura podrida: lo que hay hacer es crear una nueva.
Aunque en realidad, no fue tan pronto: rompió lazos definitivamente con La encarnación y fundó su primer convento con ya casi 50 palos. Supongo que el voto de obediencia le hizo contenerse y tragar bilis hasta ese momento. Después de esta primera victoria, que acontecía en su Ávila natal, es cuando se echa a los caminos y es entonces cuando comienza la leyenda. Son estos los años, para mí, más fundamentales y apasionantes. Carretera y manta. Mulas y caminos. Amigas y Dios. Nuevas casas, nuevas fundaciones. Convencer inversores, captar nuevas hermanas, solicitar permisos. Fundar y seguir, fundar y seguir. También, entre medias, la vida cotidiana: cantar y orar, cocinar y cuidar el huerto, debatir y votar cuando se propone algún cambio o se postula una nueva novicia…seguir creciendo en el perfeccionamiento y en la escucha a Dios; tentar hasta dónde son capaces de acercarse a él, sufriendo como sufrió, mortificandose; Fundar y seguir, fundar y seguir. Cotidianidad femenina, ascética y práctica, comunitaria y combativa..
En 20 años fundó 17 casas de monjas de manera directa (no contamos las casas de frailes que cofundó con Juan de la Cruz) en Ávila, Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Segovia, Sevilla, Granada, Burgos, y Alba de Tormes (la última). Su trayectoria fundacional termina en Alba de Tormes (Salamanca), donde por cierto está enterrada y el año pasado se expuso su “cuerpo incorrupto” (momificado) al público durante unos días- . La Santa fundó y fundó, llegando hasta la otra punta de España (Granada, Sevilla) para retornar después a su tierra, Castilla, donde descansa ahora.
Y a pesar de esto, de la delicada alquimia social necesaria para convencer a cientos de mujeres de vivir de una manera mucho más precaria sintiéndose al mismo tiempo más plenas, de procurar su convivencia, de extender la orden y la palabra…a pesar de esto, casi todas las películas sobre Santa Teresa están centradas en el proceso “judicial”, o mejor dicho inquisitorial, que tuvo que soportar en los últimos años de vida. El éxito arrasador de su empresa y la leyenda de su nombre empezaron a despertar envidias y malas lenguas y se comenzó a correr la voz de que, en realidad, La Santa estaba avalada por satanás. Se decía que sus arrebatos místicos eran en realidad una suerte de posesiones. Que una mujer tan poderosa por la gracia de Dios no podía ser, que tenía que haber hecho trampa. Es el caso de Teresa, la película protagonizada por Blanca Portillo y dirigida por Paula Ortiz en 2023.
Y es verdad que es increíble que consiguiera superar ese proceso y salir impune, pero a mí lo que me parece más loco, más bonito y más digno de contar son esos años de reclutamiento de hermanas, de contar lo suyo y hacer que fuera también lo de otras, de animar a monjas que podrían estar tan panchas en conventos como el de La encarnación; viviendo refugiadas del mundo, pero en el mundo; a despojarse de toda comodidad, a reducir sus necesidades al mínimo, a renunciar a cualquier placer o confort material y a centrarse sólo sólo sólo en cultivar su alma y su relación con Dios. Y encima ser felices en ello. Hacer todo eso -comerse las mil y una penurias- en la alegría más absoluta, en el gozo, en el regocijo puro. Y juntas. ¡¡Es heavy!! Líder de secta total, vale. Y además Teresa debía ser de armas tomar con sus monjas, eh. Aquí no se quiere blanquear a nadie. Pero la causa era buena, tenía sentido, era coherente. La iglesia -conventos incluidos- necesitaba una reforma, y ella, aún detestando el protestantismo, estaba convencida de esto hasta el corvejón. No quería enriquecerse ni ser famosa (aunque seguro que algo se le subió a la cabeza, inevitablemente), sólo que su idea se extendiera todo lo posible. Reformar el cuerpo eclasiástico, volver a La regla original del Carmelo (que se llama así por el monte Carmelo, en Jerusalén, donde el profeta Elías declaró que los religiosos tenían que vivir con austeridad máxima, sin posesiones, trabajando en fraternidad y eligiendo democráticamente a su líder).
Las carmelitas descalzas ¡descalzas! por esos caminos de Dios, extendiendo la palabra de un profeta antiguo y lejano, encarnando el cambio que defendían como necesario. También es todo muy budista, si se piensa. Silencio, pobreza, soportar la tierra fría en los pies en invierno, el calor en verano…hacerlo en una muda alegría, en un beato y gozoso recogimiento. Una doctrina mucho más espiritual que la del opulento catolicismo de entonces, todo rubíes y casullas de terciopelo y venta de bulas. pero, sobre todo, una doctrina sorora. Alimentada y retroalimentada por las otras, por su Fe, por su entrega. Bueno, y especialmente por ella claro, por La santa. Venerada, aplaudida, admirada e imitada más que cualquier influencer de la época actual.
Ojo, que en un punto le surgieron detractoras dentro de sus propias monjas, claro. Hubo más, pero su principal amienemiga fue María de la Cruz, que de fan pasó a amiga y de amiga a casi rival. Para ella, la reforma de Teresa no era suficiente, había que ser todavía más duras con el cuerpo, someterlo a más penurias, prácticamente ahogarlo. Practicar la pobreza extrema, no depender en absoluto del exterior (por entonces los conventos sobrevivían en gran medida gracias a rentas, patrocinios y mecenazgos de figuras de la alta nobleza que se aseguraban así de tener un sitio bueno en el cielo): comer lo que pudieran cultivar y punto. Mortificarse al extremo.. Pero Teresa era práctica y sabía que de esa manera era imposible crecer, extender la palabra. La austeridad era imprescindible, pero la austeridad extrema podía resultar peligrosa para las propias monjas. Tresa apretaba pero no ahogaba y ninguna de las opositoras que quisieron desligarse de su línea de pensamiento fundó nunca una orden externa sólida. Ella, en cambio, no paró de fundar y si en ocasiones tenía que pasarse una temporada con la Princesa de Éboli o Luisa de la Cerda para que hicieran donaciones a cambio de una guía espiritual personalizada, pues se las pasaba. Pobreza y recogimiento, pero sin pasarse, también naturalidad y alegría.
Se supone que Teresa era risueña, de risa y de broma fácil y que defendió la alegría siempre, no como una consigna superficial, “pareced alegres”, sino como una forma de estar agradecidas y confiar en Dios. Sed alegres, decía siempre, no “beatas encogidas”. Esta actitud vital podía resultar contradictoria a priori, dentro de su ascética doctrina, pero le salía natural, era contagiosa y terminó por ser su mejor arma a la hora de captar voluntades. Se cazan más moscas con miel, que se dice.
Esta alegría permeaba también su manera de amar a Dios, que era bastante romántica (y mucha gente tildaba de demasiado voluptuosa, actualmente se comparan sus arrebatos místicos con orgasmos), pero al mismo fraternal, como si Dios fuese mucho más allá de ser su enamorado y fuese además su mejor amigo. Tenía una intimidad con Dios tan profunda, vaya, que cabían hasta las bromas. Una anécdota famosa es que una vez, cuando se cayó del carro durante un viaje y se hirió, le dijo a Dios riéndose: “Si así tratas a tus amigos, no me extraña que tengas tan pocos.”
Aunque es cierto que el éxtasis amoroso y la retórica romántica estaban ahí también. Cuando se empezó a hablar de Teresa de Jesús, ella empezó a hablar de Jesús de Teresa, lo cual es un poco fuerte. Eso implica que, de alguna manera, lo sentía suyo. Era su amor. El mejor partido posible. Y yo creo que todas las monjas fervientes tienen un poco este sentimiento de que Cristo es su novio, de que se han casado con Dios. Y es verdad que, puestas a proyectar, no se concibe un marido o aliado o amigo más poderoso y conveniente.
La verdad es que, por muy noble que fuera y por estrecha e íntima que fuera su relación con Dios, a Teresa le tocó penar de lo lindo. A los 23 años, 3 después de entrar en La encarnación, contrajo una enfermedad muy fuerte que la tuvo en cama años, llegando a entrar en un coma profundo de tres días, durante los que empezaron a prepararle la sepultura. Fiebres altísimas, desmayos, parálisis…muy poco a poco se fue recuperando, pero siempre estuvo enferma, aunque ella precisamente tomó esta recuperación como milagrosa y el dolor sólo la disgustaba en tanto la quitaba de estar de pie, arreando. El criterio médico actual sugiere que probablemente contrajo alguna infección agresiva que le afectó neurológicamente. Claramente, hay quien relaciona esto con sus episodios místicos de éxtasis y sus visiones (también hay quien habla de una ingesta sostenida de pan con moho). Lo que está claro es que Tresa sufrió de lo lindo y que el sentido del humor y la alegría no le salían gratis a ella tampoco. Aún así no dejó de hacer los caminos, de hacer la revolución, de ser la líder espiritual de muchísimas mujeres y también de muchos hombres. Junto a su amigo Juan de la Cruz, también poeta (y al que ella apodaba, por cierto “senequita”, por lo leído), co-fundó hasta 15 monasterios de frailes descalzos. La revolución no podía quedarse en una cosa femenina, aunque fue femenina en su origen y aunque sea la feminidad del asunto -lo siento- la parte que a mí más me interesa. Que fuera amiga de San Juan de la Cruz o sorteara a la santísima (y asquerosísima) Inquisición son procesos importantes, pero que a mí me interesan menos porque tocan menos la cuestión sororora.
En fin, aquí solo quería dar algunas pinceladas de lo que sé sobre ella. He intentado leer a veces su Libro de la vida o Libro de fundaciones, pero se me hace muy pesado el castellano antiguo. Su poesía es bonita, muy vital y rotunda, pero no es biográfica, al revés, se la pasa suspirando por el momento en que por fin le llegue la muerte y se encuentre con el objeto de su Amor. “Vivo sin vivir en mí, muero porque no muero…”. Yo he aprendido cosas sobre su figura leyendo “Castilla de Teresa” una biografía novelizada, densa y documentada -y de hecho escrita medio imitando el castellano antiguo que empleaba Teresa-, pero que aun así recomiendo. Es de la historiadora María Setter, publicada en los años 50, con ilustraciones muy bonitas de grandes edificios castellanos, y yo la compré en una web de libros de segunda mano.
Lo que sí he disfrutado muchísimo leyendo es “Introducción a Teresa de Jesús” cuya autora es nada menos que Cristina Morales (la incredibilísima Cristina Morales). Ella en realidad quería llamar al libro “Soy Teresa de Jesús”, lo que habría tenido sentido porque que está escrito en primera persona, desde la perspectiva de La Santa, pero su editor no le dejó. Es una delicia verdadera, uno de mis libros favoritos, una obra originalísima. Regala imágenes de La Santa jugando de niña con sus primos y hermanos “ a mártires”, retrata con mucha agudeza esta relación frustrada con el primo, su relación con estas grandes divas de la época a las que tenía que soportar a cambio de guita (la Eboli, por cierto, se la jugó enseñando a toda su corte el diario que Teresa acababa de empezar a escribir, la muy bruja, aunque esta anécdota no está recogida en el libro de Morales)…se plasma genial la inteligencia de Teresa, su carácter, su inclinación a la guasa. Es una pasada.
Sobre monjas, santas y conventos también está el libro “Extramuros”, que a Teresa le habría horrorizado en tanto entraña una relación lésbica y un milagro fingido. A mí me gusta, aunque ni de lejos tanto como el de Cristina Morales. Además no trata de La Santa, sino de una santa creada, falsa, estratégica. Es interesantísimo, aun así. Lo escribió J. Fernandez Santos y ganó el Premio Nacional de Literatura en 1977.
Si alguien quiere empaparse más de la de Ávila, pero no es muy de lecturas (raro sería entonces que hubiera llegado hasta aquí, pero nunca se sabe), existe también una serie de RTVE editada en el año 1984, dirigida por Josefina Molina, protagonizada por nada menos que por Concha Velasco y con guión de nuestra veneradísima escritora salmantina, Carmen Martín Gaite. Está además completamente disponible en Youtube.
Para terminar, y para cualquiera que lea desde el escepticismo, como si aquí estuviéramos haciendo una proclama cristiana o quizá al contrario, como si estuviéramos ridiculizando dicha Fe: no es así. Cada uno viva en la doctrina que mejor considere, incluida ninguna doctrina, pero darle galones a una mujer histórica que cambió el mundo a su alrededor, enfrentándose a instituciones y poderosos (y también sirviéndose de ellos), hermanando y dando un sentido nuevo y más elevado a la vida de cientos de mujeres que se echaron en brazos de la miseria por una idea, por su idea, y que además fue escritora y filósofa y dijo
NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE, ¡¡¡TODO SE PASA!!!* Dios no se muda,
pues nunca está de más.
*Quizá necesitabas leerlo hoy. Pues que lo sepas: Todo se pasa. En la época de Santa Teresa,de seguro mucha gente necesitaba escucharlo también.
Anexo: Castilla de Teresa
Para terminar, lo que nadie había pedido: fragmentos de la obra de María Setter, que no deja de llamarse “Castilla de Santa Teresa”, en la que se habla de nuestra diosa particular, de Castilla.
“Ávila, dorada por un sol que aún no había llegado a su plenitud, semejaba un milagro antiguo, dorada como oro de reliquia. La atmósfera tempranera, límpida y fina como un cristal, daba escape a la luz, fuerte y azul. Esa luz de Ávila que no tiene igual, ni aún en tierras levantinas sabrosas del mediterráneo, ni aun en las flores del alto Aragón, olorosos de jarras.”
“Medina del Campo. Ciudad tan rica, como orgullosa e independiente. Su escudo “Ni al rey oficio ni al papa beneficio”, ostentaba en esa incripción la racial altivez del alama castellana. ¡Castilla, la Inmortal! ¡El Duero, en as noches calladas, cantábale romances! Por sus caminos fue la santa de las santas, Teresa de Jesús.Por sus caminos fue Rodrigo de Vivar, ufano de gloria…”
“Toledo, silenciosa, resplandece bajo el claro temblor de las estrellas. Brilla la blancura de harina de los conventos y los escudos blasonados de los palacios, bajo los rayos de una luna yerta…Da la campana de una iglesia cercana su grito de metal. Callejuelas en sombras…recortándose en la noche moriscos murallones, castillos visigodos, cristianos monumentos”
“Centro intelectual de la monarquía española, emporio de las ciencias, no inferior en concurso y fama a las universidades de Bolonia, Oxford, Lovaina y París, era la de Salamanca. Bullía en ella alegre animación estudiantil, viva, bullanguera y hasta un tantico tumultuosa a veces, en donde reflejábanse como en moderna Torre de Babel los caracteres y los matices de todas las provincias españolas, pues de ellas concurría lo más florido estudioso de su juventud.”