Monstruxs de río, una crónica funesta y sincera (adiós al barco, grumetes)

Carmen Abril
Fotografías:
Marcos González

 

Me siento a escribir esta crónica triste y eso que la fiesta que celebramos el pasado sábado fue muy divertida. Tuvo lugar sobre las aguas verdes del río Pisuerga, a lomos de un barco antiguo. Tuvo una temática fluvial y monstruosa que fue ampliamente defendida por lxs asistentes, tan bien disfrazadxs como siempre, fuera por sorprendentes, por graciosxs, o por manitas. Tuvo mucho baile y una defensa velada del paisaje fluvial. En Castilla no hay mar, y qué. Hay bien de agua dulce, en diversos formatos, y hay que encariñarse con nuestros ríos y redescubrirlos (para muchxs de lxs asistentes éste era el primer paseo que se daban a lo largo del Pisuerga). 

Los ríos dibujan los mapasValladolid, la más plana y seca de las provincias de la comunidad, está estratégicamente situada entre el transcurrir de los ríos Pisuerga, Esgueva y Duero- . Son refugio y fuente de vida animal (cangrejos, peces, patos, cormoranes, garcetas, tortugas, nutrias, visones, culebras…), vegetal y humana. Generan ecosistemas propios, nos sirven para regar, para beber y para bañarnos en verano. Antaño eran también una fuente importante de alimento y el lugar donde se lavaba la ropa, si no había lavadero. Desde aquí hace un tiempo reivindicamos la importancia de la defensa de las masas de agua castellanas y nos hace mucha ilusión, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, celebrar una fiesta en el mismísimo río. También ver vuestra respuesta: lavanderas fantasma de la mitología castellana, seres mutados por las aguas contaminadas, cangrejos de río…

Pero me siento a escribir esta crónica triste. Me planto frente al word en blanco con una sensación pantanosa, quizá más parecida a la decepción y la insatisfacción que a la tristeza. Decepción con la gente (por primera vez digo la gente y no lxs asistents, lxs invitados, nuestrxs queridísimxs seguidorxs) porque resulta que alguien vació el extintor del barco, otro alguien tiró el instrumento de amarrar el barco por la borda y otro alguien arrancó una placa de la pared en cubierta. Ya no tenemos 16 años. Destrozar las cosas del sitio en el que estás no es guay. Es de patán, de no saber lo que vale un peine, de no saber dónde estás. Ser disruptivx es no comprar nunca en Shein o ayudar a parar desahucios, no atentar contra el patrimonio fluvial de tu ciudad, para más inri en una fiesta que organiza una asociación a la que le va a tocar pagar las consecuencias de tus 5 minutos de gloria (hay que decir que algunxs de lxs infractorxs están dispuestos a pagar el pato que les corresponde).  

 

No es justo que paguen justos por pecadores y somos conscientes de que el 95% de las personas que estabais allí valoráis lo que hacemos y procuráis cuidar las cosas y cuidarnos -como nosotras procuramos cuidaros a vosotrxs-, pero que hasta nuestra fiesta hayan llegado personas que actúan así nos ha hecho preguntarnos si estamos haciendo las cosas bien. Y nos ha tocado respondernos que quizá no. Y aquí viene la parte de la insatisfacción.

Ya este año veníamos masticando de lado la idea de que, así como la fiesta de Todxs lxs santxs que se celebraba en el castillo estaba conectada con la tradición a través de las figuras del santoral, quizá esta edición fluvial, aunque era muy divertida y muy sencilla de organizar para nosotras (el motivo de dejar de hacer dos castillos al año es que no dabamos a basto), quizá cojeaba un poco en el sentido de que era una fiesta puramente hallowinesca. Divertida, pero castellana solo por el hecho de que estábamos en Castilla. Y no es que aquí nos opongamos a las celebraciones hallowinescas, pensamos que hay que dejar a lxs chavales que camelen y se lo pasen bien y que la contemporaneidad está definida por la globalización y que es lo que hay: mejor aprovecharlo y disfrutarlo que negar la realidad y sufrir. Lo mismo que con el uso del inglés. Pero es verdad que también creemos en la combinación de estos elementos con lo nuestro. Y que precisamente “lo nuestro” en estas fechas, en Todos los Santos,  es esa tradición tan bonita de honrar a los que ya no están con tiempo, limpieza, compañía, pensamientos…con cuidados, al fin y al cabo. ¿Y para qué cuidar a los que ya no están, si ya no están?

La tradición de visitar el cementerio y adecentar -aunque sea una vez al año- las tumbas de nuestros antepasados y preparar dulces tradicionales como huesos de santo o buñuelos (de todo esto ya hablamos a raíz de nuestra visita a Wamba hace unos años) es en realidad un cuidado reflejo. Cuidando a lxs mayores y honrando a lxs muertxs estamos cuidándonos a nosotrxs mismxs. Estamos situándonos en la vida, recordando la fugacidad de las cosas, venerando el hilo -o más bien la cadena- de personas que nos ha traído a este mundo y recordando sus historias. Estamos asegurándonos de que alguien nos pensará unos años después de muertxs, contará a otrxs nuestros logros, nuestras manías, los grandes hitos de nuestra vida; quitará las hojas secas de nuestra lápida, pondrá flores frescas en su lugar.

Es una cosa que en realidad nos dará igual, porque ya estaremos muertxs, pero si unx ha hablado con personas mayores lo suficiente sabe que, llegado a un punto de la vida, esto es una cosa que empieza a importar. La preocupación por la vida “más allá” es una de las cosas que nos define como humanos y, aunque no creamos en ella, incluso desde el materialismo más absoluto, es siempre bueno recordar y tener presentes a lxs que fueron, y conocer los detalles de sus vidas para poder analizar también las nuestras con una perspectiva enriquecida. Esto lo hace genial nuestra querida María de Doce Leguas y también uno de nuestros grandes descubrimientos del año, Viento de pueblo. Nos emocionaron también este año las fotos de jóvenes en el cementerio de Elisa González, quien precisamente ilustró con otras, igual de preciosas, el artículo sobre las masas de agua castellanas.

Por todo esto nos sabía un poco a ceniza la fiesta de este año y nos preguntábamos si no estábamos ya abusando de la frivolidad y el divertimento incluso en fechas en las que la tradición invita más a la reflexión sobre la vida y la muerte, al recuerdo de los antepasados y al recogimiento. La tradición y también el clima, que ya encargó la lluvia constante de recordarnos que igual habíamos estado mejor encerradxs en casita, que por un finde tampoco pasa nada. No lo sé. Quizá estamos cayendo en el misticismo e interpretando como señales cosas que simplemente han pasado. Pero el caso es que han pasado, que nos apenan, y que es muy posible que no celebremos la fiesta en el barco el año que viene. Agradecemos a lxs que vinisteis a pasarlo bien y seguiremos brindandoos la posibilidad de hacerlo, ¡algún otro evento inventaremos! pero quizá es tiempo de repensar algunas cosas. 

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