Los Santos Inocentes de Juarros de Voltoya

Inés Arcones y Carmen Abril
Fotografías:
Inés Arcones

El día 28 de diciembre de 2025, recibimos de una seguidora una foto acompañada del siguiente texto “Hoy son los santos inocentes en Juarros de Voltoya, Segovia”. 

En la foto, un joven sonriente luce una bota de vino con la inscripción “Castilla la vieja” dentro de un corazón. ¡¡Nuestras primeras botas!! Capturamos la imagen y la compartimos. Están siendo días rápidos, entre la Navidad y el lanzamiento de la revista, y surfeamos las redes con prisa, lo justo para comunicar lo esencial*. (al final del artículo)

foto vía instagram de @ali_oli_ole

Otra seguidora, Inés Arcones, nos responde al storie con sus propias fotos del evento. Las fotos son preciosas y, a pesar de la prisa, le pedimos que nos cuente más sobre esta tradición. Ella nos contesta copiosa y generosamente (¡gracias, Inés!) y aquí estamos. Os compartimos su descripción de los ritos de este día, completada por Rubén, uno de los chicos participantes, y rematada al final por unas pequeñas pinceladas nuestras, que relacionan esta tradición con ritos parecidos y reflexionan acerca de la supervivencia y adaptación de la cultura popular rural.

Los Santos Inocentes de Juarros

Inés Arcones

Es una tradición medieval que muy pocos pueblos mantienen a día de hoy. El día 27, la justicia del año anterior elige a los mozos de justicia (que van de sombrero y capa) y al alguacil, que son los encargados de la organización de la fiesta del año siguiente. Suelen ser chicos de entre 15 y 35 años, siendo el alguacil el más joven. La variedad de edades de los mozos de justicia impulsa a que personas de diferentes peñas y edades conecten. El día 28 van de casa en casa despertando al pueblo con una charanga desde las 9 de la mañana.

El perrero, el alcalde del año anterior y el más mayor, va guiando y avisando de la llegada de la justicia por las diferentes casas del pueblo. Es el perrero quien marca el camino y, a diferencia de la justicia, viste zahones de cuero, bota de vino, gorra y una tralla con zambombas, vejigas de cerdo hinchadas que, infladas y secas, adquieren un consistencia como de cristal. 

Los vecinos los reciben en pijama y ofrecen el aguinaldo para fomentar la organización y dar continuidad a la tradición. Tras recoger la aportación de cada casa, la comitiva responde con un “los santos inocentes se lo pagarán”. También les ofrecen embutidos, queso, vino y cerveza. Durante toda la ronda, los mozos van introduciendo desde piedras a botellines en la cesta del alguacil, que transporta con una barra de hierro y una remolacha en el extremo.

El último vecino en recibir la visita de la justicia es el cura, porque la misa no comienza sin los mozos. Antes buscaban al cura en la casa parroquial, pero ahora, como en tantos pueblos, el cura ya no reside en Juarros de Voltoya y espera en la entrada de la Iglesia. A la 1 comienza la misa, en la que el perrero tiene protagonismo al lanzar dos palomas blancas al aire cuando se da la paz y hacer estallar una zambomba cuando se adora al niño.

El baile empieza a las cinco de la tarde, y aquí el perrero debe controlar que nadie ajeno a la justicia entre a bailar con las chicas. Si algún atrevido lo intenta y el perrero se da cuenta -cosa muy fácil por el atuendo especial de estos-, el “intruso” recibe un trallazo con las vejigas de cerdo, que se van explotando hasta terminar convirtiéndose en una fusta.

Sobre las tradiciones

Carmen Abril

“Los santos inocentes”, como concepto, nos puede llevar a pensar en dos cosas: la primera, si somos muy castellanas, es quizá la novela -que más tarde se haría película- del gran Miguel Delibes. Si alguien no sabe de qué hablo, que haga por saberlo, me lo agradecerá. La segunda es el día de las bromas. Como todo en esta vida, de un tiempo a esta parte, la fecha se ha comercializado y últimamente da la sensación de ser poco más que una oportunidad extra para que las empresas hagan sus gags en redes sociales. 

Pero hay un tercer “Los santos inocentes” que de alguna manera une los anteriores: el día de las bromas y el mundo rural castellano; y es esta tradición medieval, ya casi perdida, que aún se mantiene en algunos de nuestros pueblos. El día de Santos Inocentes de Juarros es quizá el mejor conservado, pero en Zamora en estas fechas tenemos los zangarrones (el de Montamarta, el de Sanzoles), en Burgos (Frías, Briviesca y Lerma) la tradición del Obispillo, en el que un niño o joven asume simbólicamente la autoridad, en Valladolid los mozos “corren los gallos” y en Ávila, en todo el valle del Alberche, hay también diversas tradiciones en estas fechas las que la inversión de la autoridad es el eje central (incluyendo nuestra querida Navalosa, cuyo carnaval vivimos y plasmamos aquí también). Recordad que, como ya os contábamos el año pasado en nuestra crónica de La Visparra de Vigo de Sanabria o hablando de la recuperación del Entroido de Pombriego, en los carnavales tradicionales es muy común encarnar, de manera irónica y burlona, al cura, al guardia civil y al alcalde, entre otros personajes.

 Todas estas tradiciones invernales suponen una burla -controlada- a la autoridad y tienen que ver con la chanza, con la persecución y con el juego, pero por encima de todo, en mi opinión, son ritos destinados a dos cosas:

  1. Unir al pueblo aún más, y no sólo a los que están implicados en el desarrollo de las festividades. Este ir casa por casa pidiendo viandas, que vimos también en Navalosa y en Vigo de Sanabria y estamos seguras de que es una constante, es una forma de pasar revista, de unir todos los hogares con un lazo de cuidados, aunque suene cursi decirlo así. Pasar por una casa a echar cantares o gastar bromas y reclamar aguinaldo es también reconocer la casa, a las personas que hay dentro, hacerles partícipes de las juventudes y sus asuntos, del pueblo. Para muchas personas mayores, que en las ciudades tienden a ser invisibles y estar aisladas, esta manera de formar parte de la comunidad y la tradición es -seguro- motivo de regocijo y de orgullo.

2. Aún más importante: dejar a los chavales que camelen. Incluso ir un poco más allá y empujarlos a ello. Que la adolescencia es tímida y los pueblos entornos a veces demasiado expuestos como para que el amor surja de forma natural. En ocasiones hay que fabricar el contexto. Hoy en día nos vale cualquier verbena y lo que pasa en las peñas se queda en las peñas, pero no siempre ha sido así y hasta antes de ayer las mujeres no podían ir por ahí sin compañía familiar /vigilancia. Este tipo de festividades eran el momento de presentarse en sociedad en condiciones, no yendo a por el pan ni asomándose al balcón (ahora hablamos de esto) sino revestidos, envueltos en belleza y en misterio y en historia. Envueltos en música, en juego, en oportunidad.

Aunque tampoco, por supuesto, de una manera evidente. Uno de los detalles curiosos de los Santos Inocentes de Juarros (que descubrí por cierto, viendo este documental) es que los miembros de la justicia van acompañados de mujeres con las que bailan, pero estas no pueden ser sus novias o amigas, tienen que ser alguien de la familia. Es el momento de despertar los deseos, no de que se cumplan. Camelar es un complicado y sutil juego, aunque últimamente se nos olvide. Y ojo, que igual está bien que nos olvide, al menos, las constricciones que lo demarcaban antes. ¿Quién se sabe esa canción

“quítate niña de ese balcón, 

que si no te quitas, ramo de flores, 

llamaré a la justicia, pa que te aprisione, 

con las cadenas de mis amores…”?

(Las chavalas se asomaban al balcón a que las rondasen (las cortejasen) desde la calle. Ya que no podían caminar por ahí sin acompañamiento, este era un contexto mucho más apropiado para el surgir de un noviazgo)

Vale, ahora sabéis porque os sonaba tanto lo de La justicia. Esta figura de autoridad, pensada para resolver casos y delitos menores a nivel local y normalmente ostentada por el alcalde, se desintegró con la constitución de Cádiz (en 1812), dada su arbitrariedad y su oposición frontal a la idea de separación de poderes. Imagínate que el alcalde de tu pueblo fuera capaz de juzgar, condenar y castigar. Con las habas que se cuecen en los pueblos, las rencillas, los odios rancios…muy mala idea.

Y volviendo a la canción, que es muy cuestionable si la analizamos con perspectiva feminista (Ajuar rescribió la letra para que fuese constructiva y no atemorizante para las niñas hace unos años), es obligado que abramos este otro melón. Aunque los Santos Inocentes de Juarros de Voltoya es una tradición preciosa, que los vecinos han mantenido y conservado con amor durante los años, cabe decir que es un ritual absolutamente centrado en la figura de los chicos. Y no es que esto sea un problema de Juarros, ojo, que en los Cucurrumachos de Navalosa pasaba lo mismo: era una celebración absolutamente male centered, o masculinizada, para los que no sepan inglés. Chicos son la justicia, el perrero, el alguacil…las chicas acompañan y son un tesoro que salvaguardar durante el baile, pero no tienen agencia ni papel protagonista en la fiesta. Y así en la mayoría de las grandes tradiciones rurales. Pensemos que este año, en La rioja, se ha dado por primera vez en cuatro siglos de tradición el caso de que una chica, Adriana Rueda, participara en la danza de los zancos.

foto de Elguea vía El país

Se salvarían a este respecto las Águedas -en las que por cierto también hay figuras de autoridad (la alcaldesa, las mayordomas)que van rotando de año en año, igual que en Inocentes-, pero, si lo pensamos bien, las Águedas no unen a chavalas casaderas para que puedan camelar, sino que es un junte de mujeres casadas que se unen para darse un respiro de los maridos.

Ya sé que son tradiciones medievales (algunas incluso anteriores a la llegada de los romanos) y que se concibieron en estructuras sociales completamente diferentes y que es natural que sean así. Pero, con las mismas, y puesto que la estructura social actual es diferente, pienso que sería también natural que esto cambiara. Desde luego sería interesante ir incluyendo a mujeres entre las figuras protagonistas de este día, igual que ha sido interesante, para Las Águedas, empezar a incluir a mujeres casadas por lo civil o incluso solteras en sus comitivas. Poco a poco, pero con las tradiciones igual que con todo: adaptarse o morir. Por lo pronto, para nosotras ha sido muy bonito descubrir que, más allá de la gala Inocente Inocente de Antena 3 (referencia noventera) y derivados y de las bromas super evidentes de marcas en Instagram, hay pueblos que siguen juntándose y manteniendo a través de cientos de años tradiciones que les sirven para unirse, para pasarse revista unos a otros, para celebrar y para bailar.

*

Nos toca entonar aquí un Mea Culpa. ¿Cómo es que el chico de la foto llevaba nuestra bota? Podría ser casualidad, pero resulta que no. Volviendo sobre la primera conversación con la seguidora de la que os hablábamos (Alicia ML) descubrimos que ya nos había escrito el año anterior, nos había hablado de esta tradición y nos había pedido una inscripción especial en la bota para el chico que hacía de perrero ese año. Juraría que la inscripción llegamos a hacerla, pero no el pequeño trabajo de indagar en la tradición y explicarla un poco por aquí, como hemos hecho ahora. Queremos aprovechar este suceso para pedir disculpas a todxs lxs que en alguna ocasión nos habéis escrito para contaros algo de lo que finalmente no nos hemos hecho eco. No tenemos demasiada excusa. Nosotras, que promulgamos mucho la importancia del Slow Life y de ir más despacio, a veces estamos, como comentaba al principio del artículo, con demasiada prisa en Internet. Simplemente. Objetivo para el 2026, supongo. Dejar de correr. Incluyendo el rato que pasamos en Instagram.

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