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Delhy Tejero. De Toro a París y vuelta

David Pérez Vela

Pintora, muralista, escritora, ilustradora, profesora de arte, figura destacada de las Sinsombrero y renovadora estética de la generación del 27.  Pffffff. Delhy Tejero nos vino a dejar claro que se pueden hacer muchas cosas, que una puede estirarse en muchas direcciones y probar los límites de sus capacidades elásticas hasta resquebrajarse (o hasta romperse, como veremos después). 

Venga, empezamos. A ver cómo ordeno esto. 

"Castillo de Toro" 1961. Óleo sobre lienzo. 62 x 78 cm.

Adela Tejero nace en el seno de una familia acomodada en Toro (Zamora) en 1904. Con tan solo 6 años de edad pierde a su madre en el parto de la que iba a ser su cuarta hermana, que también fallece. Una temprana ausencia que mellará la vida de la artista y de su familia. Delhy se recuerda muy bien a sí misma, revive muy bien esa voz de su infancia y esos sentimientos tan violentos de la misma.

“Fui una niña triste” escribe. “Mis primeros recuerdos de la infancia: frío, mucho frío, incomprensión, soledad, tristeza. Más tarde todo eso y curiosidad (...) Soledad, religión, pecados. Tormento de una religión tan mal entendida en que nada era positivo, todo pecado. (...) En toda mi infancia solo recuerdo un sufrimiento intensísimo”

Recordaría de sí misma con enlutecida memoria durante su adultez. 

La relación de la artista con su tierra es complicada, la siente como una extremidad más y acude a Toro como fuente de inspiración a lo largo de toda su carrera. Pero para Delhy el pueblo es también un ancla, un puñado de recuerdos cristalizados que no la dejan ensancharse y hacen de ella una persona reservada, plegada hacia el interior.

"Plaza de Santa Marina, Toro" 1943. Óleo sobre lienzo. 43 x 51 cm.

Con el tiempo, cuando haya explorado ya las tonalidades de lo popular en su obra, conseguirá ver en el páramo un frondoso paisaje de nubes, donde el cielo y la tierra dialogan. Pero para eso todavía quedan unas cuantas cosas que contar. 

Baraja ilustrada Delhy Tejero. 1916. (12 años)

Formación -1920-

Delhy es una tempranísima autora. Pinta desde muy jóven y comienza su formación artística en Toro en 1919 gracias a la Institución Libre de Enseñanza. En 1925 marchará a Madrid para continuar su formación y entra en la Escuela de Artes y Oficios. Aquí comenzará a publicar con cierta periodicidad ilustraciones en revistas y periódicos, lo que le proporcionará un sustento económico relacionado con las artes. En 1926 accedió a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde se sumergió de cabeza en el mundo de la farándula y la cultura. En 1929 Adela Tejero se despoja para siempre de su viejo nombre y comienza a firmar como Delhy reivindicando su incuestionable identidad de artista. 

Retrato. Óleo sobre tabla 38 x 30 cm

Entre nosotrxs, este periodo de formación tuvo que ser una gran fiesta en lo personal: durante estos años conoció a Maruja Mallo, Remedios Varo, Angeles Santos y Pity Bartolozzi. Imaginemos a esa jóven Delhy de 22 años con los ojos como platos en la ciudad, yendo al cole para recibir clases de Julio Romero de Torres, o juntándose al café con Juan Ramón Jimenez y Lorca. Sabemos que asistió a las conferencias de Unamuno y tuvo una estancia en la Residencia de señoritas dirigida por María Maeztu. Aquella España era un lugar efervescente, una sopa de letras en ebullición, espesa y burbujeante, de la que todavía se desconocía su trascendencia. 

"La moza enferma" 1935. Tintas y gouache sobre cartulina. 25 x 21 cm.

Cuestión de estilo, un atropello de ismos.

Esto de acotar un estilo es complicado. Creo que nadie debería sentar cátedra con el asunto. Resulta imposible hablar de un hilo conductor indivisible. En Delhy hay un aprendizaje constante y sagaz que vuelve la mirada atrás a lo largo de toda su carrera. No explora los -ismos hasta agotarlos, aprende de ellos, los involucra en estilo/forma según le interesa y los abandona a su antojo. 

“No se inventa nada. Todo está en este mundo. Todo es barajar y anacronismo” (1966)

La historiografía sí establece una evolución básica que podemos dar por válida hablando de Realismo/Costumbrismo – Surrealismo – Abstracción. De alguna manera, este será el itinerario escogido por nuestra artista para ir decapando su idea de arte, destilándola con cuentagotas hasta convertirla en un concepto. Delhy es algo así como un sismógrafo que recoge las vibraciones del siglo que le toca vivir (influenciada por sus propios terremotos). 

Como artista multidisciplinar pues lo mismo, hace de todo y todo lo hace bien. Ilustraciones para cartelería y prensa, encargos de pintura mural, las vanguardias en pintura o sus cuentos y cuadernines. Ya en su momento tuvo a los críticos mareados, no sabían dónde encasillarla. Unos críticos, por cierto, profundamente paternalistas, más centrados en su condición de mujer que en su obra. Cosas del cacareo de la Historia del Arte. 

"Tipos españoles" 1935. Gouache sobre papel. 38 x 28 cm.

Regionalismo -1930-

Obras

«Castilla» 1932. Temple sobre lienzo. 137 x 168,5 cm

«Tipos españoles, carbajalina», 1935. Collage, gouache y grafito sobre papeles 

«Mercado zamorano» 1934. Óleo sobre lienzo. 195 x 195 cm. 

Será el transcurso del siglo XIX el encargado de convertir lo cotidiano en un género independiente. La modernidad se escondía aquí. Algunos autores se calzaron las gafas de cerca y se dieron cuenta: sencillamente el mundo estaba ocurriendo delante de sus narices y observarlo detenidamente resultaba ser el soplo creativo que tanto anhelaban. La progresiva sofisticación de este movimiento asentó las bases de los regionalismos. Podremos observar en Delhy y sus coetáneos un sesudo estudio etnográfico de la atmósfera rural y los tipos populares.

"Castilla" 1932. Temple sobre lienzo.

Sagrada familia a la castellana. Tres figuras presiden el centro de este cuadro estructurado como un falso tríptico. El tratamiento de los personajes tiene un modelado de tipo escultórico, los pliegues de la ropa y las facciones del rostro están tratados con una limpieza geométrica que elimina lo accesorio. Su presencia se enmarca dentro de un espacio imaginado en el que la realidad se suspende. Vemos en la forma y en el tema un declarado interés religioso que acompañará a la artista durante toda su vida y se intensificará al final de esta. El cuerpo central y las alas laterales parecen cuadros independientes ensamblados que funcionan bien en su conjunto. Incluso vemos diferencias entre el color del cielo y la tierra, como pintados a distintas horas del día. El uso del color es contenido y sobrio, una obra que pudo ser perfectamente pintada desde la imaginación y la memoria de los paisajes aprendidos. Como apunte, vemos en los ojos de ella la misma expresión que encontraremos en otros personajes posteriores, la mirada intensa, telúrica, de una nueva e intelectualizada identidad regional que aparece también en otras pintoras como Remedios Varo o Ángeles Santos, artistas en las que se despertó simultáneamente un profundo interés por lo esotérico. 

"Tipos españoles, carbajalina", 1935. Collage, gouache y grafito

Bueno. Pues qué decir, esto es un portadón. Encargo del diario ABC para su edición dominical publicado el 10 de febrero de 1935. Formaba parte de la colección titulada «Tipos españoles». Esta serie documentaba en clave renovada la riqueza etnográfica de España, convirtiendo en iconos a los arquetipos tradicionales. El diario buscaba retratar las diversas identidades regionales con una estética moderna. La obra está elaborada con una técnica mixta de collage, gouache y grafito que simulan el relieve de los bordados del traje de Carbajales de Alba. Otras colaboraciones clave para dar cuenta de la ductilidad de la artista serán las realizadas para la revista “Crónica» un par de años antes. 

Delhy Tejero, portada de la revista «Crónica», Madrid, 31 de diciembre de 1933. 

"Mercado zamorano" 1934. Óleo sobre lienzo. 195 x 195 cm.

Se trata de una obra que condensa muy bien las ideas que Delhy desarrolla a lo largo de esta etapa regionalista. Fue elegida por la artista para la Exposición Nacional de Bellas Artes. La composición organiza el espacio a través de un personaje central y toda una serie de elementos satélite, generando una sensación geométrica de fondo. De nuevo, Toro es el escenario elegido por la artista. El mensaje es claro, tradición y mujeres. La narrativa recae directamente sobre ellas. Tejero las sitúa en el centro de prácticamente toda su obra. Vemos un delicado interés etnográfico por los trajes y los elementos cotidianos que representa. Por ejemplo, lo que carga a la espalda la niña es un cántaro de Moveros (Zamora). Pieza emblemática y fácilmente reconocible de este municipio. Lo interesante es que la alfarería en esta localidad es un oficio llevado a cabo históricamente por mujeres. De modo que no es casual que Delhy escoja representar precisamente este elemento en esta obra y otras como “De tierras de Zamora”

LAS BRUJITAS -1920/1930-

Obras

“Las brujas con Delhy Tejero”, 1929. Tinta, gouache y lápiz sobre cartulina 

“Kirta y Kariko”, 1932. Tintas y gouache sobre cartulina 

“Taruja velando a Kariko”, 1930/32. Tintas y gouache sobre cartulina. 

“Rabina, Taruja y Pitocha”, 1929-1932. Pintura y cosido. 

Cuando se sentaba a dibujar, Delhy no estaba sola. Le acompañaban Kirta, Pitocha, Tarija, Kulinda, Rabina y su hijo Kariko. Una serie de dibujos realizados en los primeros años de 1930 que exteriorizan la imaginación desbordante y la libertad creativa de la pintora. 

“Las brujas con Delhy Tejero”, 1929. Tinta, gouache y lápiz sobre cartulina. 29 x 36,5 cm 

Son cinco duendinas que ayudan a Delhy en sus quehaceres artísticos. Tienen cuatro ojos, dos para ver y dos para dormir, obvio, y a cada una se le ha encomendado una tarea que lleva a cabo con dedicación. (Derecha) Kirta es la mayor de todas. El manto que lleva sobre la cabeza le hace invisible. Es literata y la encargada de lavar los pinceles. Kulinda es la que sujeta el agua, es astrónoma pero tiene unos pies enormes para pegarse mejor a la tierra, sobre la cabeza lleva una veletita que le indica de dónde viene el viento. (Arriba) La que borra los trazos junto a su mano es Rabina, de profesión alpinista, por eso es una corza, usa sus pezuñas, su coleta y su rabo para codearse con los picos más altos. La que sujeta el papel es Pitocha. Es una sirena y le encanta nadar, con las estrellas de su pelo ilumina las noches oscuras. (Abajo) Y por último, Taruja, que saca distraídamente punta al lápiz, y tiene unas orejas muy grandes para escuchar los ruidos más lejanos. Es aviadora y vuela con su imaginación, aunque sea en el sitio. 

“Kirta y Kariko”, 1932. Tintas y gouache sobre cartulina. 31 x 45 cm

Kirta cuidando a Kariko. Kariko es el hijo de todas, no necesita padre. Le hicieron con los ojos giratorios para que pueda mirar al infinito. En esta obra y en otras de la misma serie de Brujitas (1929-1936) utiliza la técnica de la decalcomanía para hacer los fondos. Esto convierte a Delhy en una de las primeras artistas que experimenta con este procedimiento. Un sistema que pocos años después popularizarán Oscar Domínguez y los artistas surrealistas de París como una herramienta para explorar el subconsciente a través del azar y lo espontáneo. 

“Taruja velando a Kariko”, 1930/32. Tintas y gouache sobre cartulina. 29,5 x 40 cm.

“Rabina, Taruja y Pitocha”, 1929-1932. Pintura y cosido. Tela, metal cromado y fieltro.

España en guerra. Grupo surrealista -1936 y 1939-

Obras

No hay, las quemó 🙁

"Y ahora España huele a sangre, a sangre y a mortaja. Ya no me huele a naranjas y a leche recién hervida.”

1936, estalla la Guerra Civil. Delhy consigue un salvoconducto y abandona el país para irse a estudiar a Italia donde permanece algo más de un año. Así, el 19 de septiembre de 1937, en un hotel de San Sebastián, víspera de abandonar el país por Irún escribiría lo siguiente;  «No puedo conciliar el sueño. No me deja la pena de abandonar España, con todo lo que hay en ella que yo tanto quiero (…). No soporto la guerra, no resisto el ruido de la muerte que traen cada mañana los aviones. Y ahora España huele a sangre, a sangre y a mortaja. Ya no me huele a naranjas y a leche recién hervida.”

"Madres de la guerra" 1937. Óleo sobre lienzo. 45 x 37 cm.

Tras este año de estudio en Italia marcha a París y entra en contacto con el grupo surrealista. Durante estos primeros meses encontramos en sus notas un tono mucho más feliz. La artista se fascina con la bohemia europea y se empapa de sus contrastes. Conoce al círculo de André Bretón y a los exiliados españoles. Serán ellos, irónicamente, los encargados de vestir a España desde la distancia. Llegamos a octubre del mismo año y sus notas dejan entrever que algo comienza a torcerse. (Hablando del surrealismo) “Siempre se escoge aquello completamente particular, […] En cuanto nos dejan solos vamos a lo sucio, […] lo bajo, lo ruin.” 

Es decir, de nuevo Delhy habitando la duda, dando un paso atrás, apostatando de la vanguardia. Incluso de manera premonitoria dice sobre sus pinturas en otra nota “Es verdad. Son terribles, debo destruirlas. […]. Siempre dan miedo. No sé si romperlo todo, pero tengo que destruirlas en España. Sí, sí, es verdad, estoy segura de que a mí misma me dan miedo, un miedo perverso, atractivo y terrible” 

(Las citas de Delhy son extraídas de sus Cuadernines. Unos diarios personales que redactó ininterrumpiadamente entre 1936 y 1968. Comenzaba todos sus cuadernos siguiendo el mismo ritual. Besaba la primera página con los labios pintados, les ponía un nombre y derramaba un poco de café.)

"Estudio de París" 1939. Óleo sobre lienzo. 46 x 38 cm.

Simultáneamente, ocurre un cambio decisivo en lo personal. A principios de 1939 asiste a un curso de teosofía. Sus cuadernines se llenan de notas de cabalística, esoterismo y teorías sobre la materia. Se produce así la primera revelación mística en la autora. 

Os cuento mi opinión. En realidad, creo que este giro religioso no es de extrañar. Tejero siempre fué creyente, pero sentía profundas contradicciones con la doctrina cristiana -la culpa, el pecado, y todo ese blablabla-, de modo que es comprensible que buscase vías alternativas en lo espiritual

Vuelta a casa y destrucción de su obra -1939 y 1943-

Obras

“Bañistas del Duero” 1936. Óleo sobre lienzo 

Tras finalizar la guerra vuelve al país y se instala definitivamente en Madrid. Delhy vuelve a un país totalmente distinto. De la España que había dejado solo quedan los huesos. Se encuentra de frente con la censura, los expedientes de depuración y la posguerra. Además de este primer choque inicial con la nueva realidad política, fallece su padre y entra en contacto con otro grupo religioso esotérico. Este compendio de situaciones debió ser especialmente traumático para la artista y se produce según ella misma, una “segunda transformación religiosa”. Periodo en el que destruye su obra surrealista y algunas anteriores de carácter simbolista

“Bañistas del Duero” 1936. Óleo sobre lienzo. 170 x 131 cm

Obra anterior a su marcha, vemos como la figura de la derecha aparece furiosamente rayada debido a que la original representaba un desnudo. Parece que al seguir estas nuevas teorías religiosas Delhy quiere eliminar las alusiones a la corporalidad y se somete a un triste proceso de autocensura, Adelina contra Delhy. Nuestra artista nunca más volverá a pintar desnudos.

Pintura religiosa y abstracción -1943 y 1968-

Obras

«La Música» 1952/53. Óleo sobre tabla.

«Vasos comunicantes II» 1959. Óleo y arenas sobre lienzo. 

«Virgen de la Fuensanta» 1963. Óleo y oro sobre tabla.

 Aunque distinta, la vida continúa. En este último periodo artístico el ojo poliédrico se acentúa. Delhy no es una sola, no sabe desprenderse de todas las personalidades que ha sido y carga con ellas a la espalda. Así pues, este puñado de sombras maltrechas de la zamorana sigue evolucionando. Primero, la obra se acerca a la abstracción a través de las teorías de Kandinsky y después, a través de todo lo que se os ocurra. Continúa con estudios más sesudos de formas y color en abstracción plena sin dejar de hacer retratos, pintura de corte figurativo yyyyyyyyy encargos murales religiosos para las iglesias de colonización. Todo a la vez. Pues eso, poliédrica, muchas Delhys. Supongo que las brujitas no darían a basto.

"La Música" 1952/53. Óleo sobre tabla. 109 x 109 cm

"Vasos comunicantes II" 1959. Óleo y arenas. 62 x 40 cm 77

En la primera obra encontramos a Kandinsky en el tema y a Miró en la forma. La obra del segundo debió conocerla de cerca ya que ambos participaron en la muestra colectiva «Le Rêve dans l’art et la littérature» (1939) durante su estancia en París. En el siguiente cuadro “Vasos comunicantes II” vemos ya un camino propio hacia la abstracción matérica a través del uso del “perlismo”, técnica pictórica acuñada por Tejero que incorpora pequeños elementos físicos al cuadro para dotarlo de relieve. 

"Virgen de la Fuensanta" 1963. Óleo y oro sobre tabla. 470 x 220 cm. Tríptico Retablo de la Iglesia de las Norias, Almería.

Zas! Prácticamente pintada en los mismos años. La pintora de caballete experimental recupera para sus trabajos religiosos algo tan medieval como el oro sobre tabla

Tejero es tan divertida como complicada. En la Virgen de la Fuensanta encontramos una figuración sencilla donde lo religioso aparece como un concepto sobrio y contenido. Estos murales y retablos realizados entre 1961-1964 constituyen encargos oficiales del régimen. ¿Convierte esto su obra en franquista? En mi opinión, no. Delhy acepta los encargos religiosos y es invitada a exposiciones nacionales organizadas por la dictadura, eso es así. Pero sabemos también que nunca pinta propaganda fascista y que no acepta el encargo de Medina del Campo -sede de la sección femenina-. De hecho, al volver a España es purgada de su puesto de profesora a través de dos expedientes de depuración. Lo único seguro es que le espantaba la violencia. 

Falleció en Madrid en 1968 pintando hasta el último momento a pesar de su delicada salud. Delhy Tejero fué esta cosa tan nuestra y contemporánea: contradicción, pasos atrás y saltos adelante. Como pintora siempre estuvo a la estela de sí misma, a punto de tocar la obra perfecta hasta que se boicoteaba en el último momento. 

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