Mucho más que folclore: las Mascaradas de Invierno llegan a la capital

Elisa González
Fotografías:
Elisa González

Las mascaradas de invierno visitaron la capital en una acción de visibilización del patrimonio cultural de las provincias de Galicia, Zamora y Asturias. Con un total de 12 representaciones, desde los Carochos de Riofrío hasta el Zangarrón de Sanzoles, estos ritos vinculados al solsticio de invierno representan el paso a la fertilidad y una muestra de la identidad más pura que lucha contra el olvido

Carmen, una de las organizadoras, de la Casa de Zamora, nos explica una de las razones de la recuperación de estas tradiciones: “Muchas se perdieron por la despoblación, por esa ‘España vaciada’, pero los jóvenes están volviendo a los pueblos en esas fechas para ponerse la máscara. Es nuestra identidad más pura”.

La Visparra de Vigo de Sanabria: mascarada recuperada de la censura

De todas las mascaradas invernales, la Visparra me llamó la atención por ser una de las representaciones más completas de la estructura de un pueblo, que pone en escena a la comunidad entera y sus relaciones de poder. Uno de los testimonios más directos es el de Juanjo y Rosa. Tras regresar al pueblo hace dos años, explican que bajo las máscaras de corcho y las pieles se esconde una crítica social. Al preguntarles por qué desapareció en su día, la respuesta es clara: es  una representación que molestó al mostrarla desigualdad social entre los ricos y el poder de la iglesia frente al pueblo . 

Los personajes son el reflejo de la sociedad de antaño: la Talanqueira (el buey o vaca que representa al ganado), los Visparros (espíritus del monte) y figuras como la Filandorra (el pueblo rico) frente al Ciego (el pueblo), una especie de espantapájaros de paja que termina quemado por coacción de los ricos. Esta sátira, que incluía parodias a la Iglesia con personajes como el obispo o el cura, provocó que fuera estrictamente prohibida durante la dictadura. «Estuvo prohibida mucho tiempo y la recuperamos hace unos veinte años», explican Juanjo y Rosa. Hoy ya cuentan con una asociación volcada en su recuperación y visibilización.

Para ellos, estar en Madrid es  muy importante  ya que tras los incendios que asolaron Sanabria: «Es una muestra de nuestra cultura para que la gente suba… necesitamos que el pueblo viva».

Tábara: el baile que nace de las cenizas

La danza de Tábara es de origen prerromano y pagano, aunque con influencias religiosas posteriores; es una de las más antiguas y está documentada desde el siglo XVII. Sus representantes, Paloma Fresno y Carla Casado, transmiten la emoción que ha marcado el paso de la Danza del Paloteo en Madrid. Sus integrantes han traído este rito ancestral y el caos controlado del “Birria”, el diablillo encargado de abrir paso entre el público, acompañados por las “danzantes” y el “tamborilero” como personajes principales.

Retrato de las danzantes de la Tábara

El grupo ha bailado en la plaza de Pedro Zerolo para que el legado de Carlos Fresno, el músico y profesor que rescató esta danza «de las cenizas» y falleció recientemente, no se pierda. Ha sido un homenaje para él, para que el sonido de los palos contra la madera siga resonando como símbolo de un pueblo que se niega a callar.

Retrato de Jorge, Tafarrón

En la misma comarca, en Pozuelo de Tábara, destaca el Tafarrón. Con raíces que se remontan al siglo XII, este personaje de origen pagano viste un traje de paja y una máscara de cuero con grandes orejas, siempre acompañado de la Madama, la figura femenina. Para Jorge, integrante de la mascarada, representa un orgullo mostrar esta tradición en Madrid.

La resistencia integeneracional

Tras este desfile, queda una certeza. Aunque cada mascarada habla su propio dialecto estético, todas comparten una misma línea: representar la memoria del pueblo, la naturaleza y los poderes, presentando esa delgada línea sincrética entre lo pagano y lo sacro.

Sin embargo, la imagen más potente con la que me quedo, no es las impresionantes máscaras, sino la de las caras de sus participandes volcándose en que éstas tradiciones no tan conocidas  mostrandon una resistencia intergeneracionalen los pueblos. En una «España vaciada» castigada por la falta de servicios y amenazada por grandes proyectos que a menudo dan la espalda a los vecinos, ver a niños, jóvenes y mayores mostrando un valor cultural es un acto de resistencia. Han decidido darse valor a sí mismos para seguir existiendo.

Elisa González

Fotóperiodista y comunicadora

@eli_medeaphoto



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