Villalar 2024: fuimos, somos y seremos

Texto y fotos: Carmen Abril

Existen dos tipos de infancia castellana:

 – Aquella en la que, por lo que fuera, tus padres no te llevaron jamás a la campa de Villalar el 23 de abril

– Aquella en la que tus padres te llevaron a la campa, te revistieron con el traje tradicional  y quizá hasta te apuntaron a jotas

Muchxs de los niñxs pertenecientes a este segundo grupo, con el tiempo, renegaron de esa tradición impuesta y terminaron pasando de la fecha como quien pasa de una comida familiar.

Algunos de lxs niñxs del primer grupo, con el tiempo, desarrollaron curiosidad o conciencia política y comenzaron a acercarse a Villalar de los Comuneros a pasar el 23 de abril.

Los integrantes de LPR venimos de ambos grupos y en la actualidad pertenecemos a uno nuevo, que por suerte cada día es más común: el de lxs jóvenes castellanxs que no se pierden un Villalar.

Aquellxs que, tímida y alegremente, vuelven a (o empiezan a)  tejer lazos con la tierra castellana, con sus hitos, con sus leyendas, con sus encuentros populares.

Y no hay un encuentro como Villalar. Al margen del hecho histórico –la batalla de Villalar, que contamos aquí– y del fascinante fenómeno político y cultural –la revolución comunera, que se cuenta increíblemente bien aquí– en este artículo queremos centrarnos en la reunión popular, en el encuentro, en el jolgorio reposado de la campa.

Aventuras la noche antes

Este era nuestro segundo año como revista y la primera vez que teníamos el placer de ir la noche anterior a festejar en las carpas (sí, ¡hay fiesta en las carpas la noche anterior!). Todo posible gracias a una de nuestras colaboradoras favoritas, La deve chacho. Resulta que su familia es de Villalar  y que además era su cumple (más castellana no se puede) así que -generosísima, majísima, nos la comemos- nos invitó como a 12 maleantes a pernoctar en su guarida. Le obsequiamos con una bota personalizada que le hizo bastante ilusión. Te queremos, churri.

Después de dejar las cosas en tan lindo y comunal campamento base, caminamos hacia la campa. Atardecía, la luna rebrillaba en el cielo y las banderas castellanas culebreaban majestuosas por las calles de Villalar. De camino encontramos murales homenaje a Castilla, infografías homenaje a los comuneros, más banderas.

El CJS, que es una coordinadora juvenil nueva, alejada de partidos y sindicatos anteriores, independiente, muy saladxs ellxs, tenía una carpa en la que había organizado una fiesta que parecía diseñada para nosotras: Ana maes, Memocracia, El rey del pollo frito, Kush. También un par de djs chulísimas de Burgos, SoZorras, a las que no conocíamos y nos encantaron porque se dedicaron a poner simplemente nuestros temas favoritos del momento.

Los conciertos

No vamos a dar mucho la turra sobre los conciertos y sets porque la música además hay que vivirla en directo, pero de verdad que uf. Para empezar, Ana Maes. Cómo canta, le da igual español que inglés. Reflexiva, crítica, tierna, con voz de soul…nunca la habíamos visto en directo y esta zamorana de adopción burgalesa se nos metió en el bolsillo, la verdad. 

A quien tampoco habíamos tenido el gusto de ver en directo era Memocracia. Y eso que nos conocíamos, llevábamos en contacto un tiempo y hasta nos concedieron el honor de pre estrenar el videoclip de GURI GURI -temón en colaboración con Ana Maes, precisamente, sobre el que les entrevistamos en su día- y se habían venido a un par de castillos. Habíamos oído por ahí que su directo era una de las cosas que hay que ver antes de morir y confirmamos que es así. ¡GUAO! el punk no está muerto, desde luego, no en Castilla. Qué guay, qué manera de tocar, de cantar saltando, rompiendo cuello…qué pasión. De verdad. Los temas de las canciones también afilados, apuntados directamente a la conciencia dormida. Muy muy muy duros. Además, por supuesto, Ana se subió al escenario y nos regalaron el Guri Guri en directo. 

“Bueno, ya habéis oído cantar a los cantantes, ahora os va a cantar un fontanero” así se introducía a sí mismo El rey del pollo frito, Andresito, quien creemos que nunca sabe él mismo hasta qué punto está de broma y hasta qué punto no. Fontanero es. Lo que sí sabemos seguro es que es un corazón de melón y que con ese comentario, además de hacernos reír y de quitarse importancia, quería recalcar lo buenos que habían sido los dos conciertos anteriores. Además se subió al escenario a La peste, un compañero de perrerias y raps vallisoletano que lo peto muchísimo. Andresito, como siempre, gamberro, buenrrollero, tirándose unos temones que son ya himnos de nuestra ciudad y solventando problemas técnicos con gracia y salero flamenkos. Alf, La peste y Andresito, un trío mágico al que, de divertidos que son, se les disfruta hasta con cacofonías de fondo. Hay fiestas en el castillo que lo acreditan.

Siguieron SoZorras que como ya dijimos pusierontodo lo que nos apetece siempre bailar, desde Bad gya a Nerve agent…lo mejor de los dos mundos, ya sabéis.

bailar, desde Bad gyal a Nerve agent…lo mejor de los dos mundos, ya sabéis. 

Cerraba Kush, que formaba parte de nuestro campamento pirata en casa de la Deve. Y es que Kush es perfecto para un cierre, es impecable. El tío cuida sus sets e invierte en ellos (tiempo, dinero y mimo) y cuando está encima del escenario se le frunce un poco el ceño de pura concentración. Es un dj como la copa de un pino. 

Y a casita a dormir, que la verdadera fiesta era al día siguiente.

Aventuras en la campa

Nos despertamos y, después de mordisquear un desayuno y de hacernos un lavado de gato en el patio de la Deve, salimos de vuelta para la campa. Ahora brillaba un cielo turquesa y las calles bullían de personas expectantes y contentas. 

La campa

La campa. Es que qué sensación. Sobre todo cuando te encuentras decenas de MAKE CASTILLA COOL AGAIN sembradas por ahí. La sorpresa nos la llevamos el año pasado, este algo nos olíamos, pero aun así hace siempre mucha ilusión.

Como el año pasado, pusimos en práctica nuestra venta de merchandising ambulante, que nos permite a la vez pasearnos de un lado para otro y no perdernos nada.

 Nos encontramos con la familia segoviana, DJ Garlim, Irene y compañía. Compartimos cañas, bocatas y alegría.

Un grupo de danzas castellanas integrado por mayores y pequeñxs hace su magia en el escenario principal. En las carpas, gente. A lo largo y ancho de la explanada, gente. Bueno, gente castellana. Revestidxs con trajes tradicionales, cómodxs con ropa de pasear, acompañadxs de sus perros, portando banderas gigantes, camisetas emblema…Todo el mundo viene a decir algo en Villalar, viene a decir, a través de su vestimenta “yo esta fecha la entiendo así” (nos gustó mucho una que reivindicaba la unión ibérica).

Puestecitos adorables. Un navajero, un curtidor, un quesero especializado en queso de burra, una caravana de torreznos venida (cómo no) desde Soria…grupos de dulzaineros por aquí y por allá, a su bola, juntándose en corro para tocar. Grupos de personas sentadas, disfrutando el sol, el ambiente, la algarabía, desde otra perspectiva. Comiendo bocatas, comiendo paellas en tupper, compartiéndolo todo.

Actuó de Delameseta, actuó El nido, actuó Guille Jové…y todos fueron bolos espectaculares, de los que te encienden el corazón y te lo dejan calentito. Proyectos  jóvenes, castellanos, de raíz, cargados de significado, de identidad, de voluntad aunadora y de celebrar la tierra…qué bonito disfrutarlos.

En los viajes al coche a reponer camisetas, además, teniamos tiempo de disfrutar del Anti-Villalar,. Es broma, en realidad el parking de Villalar no es una anticampa, sino que es una campa alternativa. Mucho más familiar, casera y traquila. La gente monta sus tenderetes y está ahí como si estuviera en la puerta de su casa tomando la fresca, o en la playa, en torno a una mesita plegable con viandas varias. Su chorizo, su tortilla, su licorcito café. Y sobretodo sobretodo, su música. En el parkineo de Villalar se hace casi tanta música como dentro de la campa. Se juntan lxs viejxs amigxs. Algunx le deja a un nietx el tamboril. Otrxs sólo escuchan, satisfechxs, con el sol sobre la tela del niqui, ayudándoles a hacer la digestión. Disfrutando un año más de ser quien son, de ser castellanos. 

Cuando nos toque, queremos ser como ellxs.

Por ahora la campa nos ofrece muchos estímulos y diversión: conocemos a muchxs de lxs que actúan, nos vamos encontrando gente, tenemos camisetas que vender…Pero, cuando nos toque, queremos ser como ellxs. 

En LPR hemos sido de esos dos tipos de niñxs, a lxs que  llevan a la campa y a lxs que no. 

Somos ese tipo de joven que vuelve y lo disfruta y se empapa de música contemporánea y tradicional y baila bajo el sol, pisando fuerte el suelo, echando raíz.

Y tenemos muy claro qué tipo de señorxs queremos ser en el futuro. De lxs que plantan la mesa de camping en el parking de Villalar. 



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