Slowlife, chicx

Texto: Carmen Abril

Edits: Irina Espaillat

La cabra al monte

Una de las principales tesis de esta revista ha sido desde el principio esta: las causas del vaciamiento demográfico de Castilla no son sólo materiales, también responden a motivos simbólicos; la preferencia de los jóvenes castellanos por establecerse en Madrid o en cualquier otro gran núcleo urbano no responde sólo a una mejor oferta laboral, sino también cultural y lúdica, de estilo de vida.

Esta preferencia, que en gran medida es comprensible, se asienta sobre un paradigma filosóficovital en el que los jóvenes -y en realidad todas las personas del mundo hipercontemporáneo- estamos profundamente imbuidos, muchas veces sin darnos ni cuenta: el Aceleracionismo

«Últimamente nadie se libra de una sensación de prisa e inquietud constantes (In spain we call it «ansiedad»)»

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La sociología estudia el fenómeno aceleracionista desde antes mucho de que Internet se normalizase. Se entiende como una suerte de pandemia psicosocial que acelera todos los aspectos de nuestra vida; el comercial, el relacional, el psicológico. Tampoco es necesario ser sociólogo ni psicólogo social. Si se piensa un poco, es así: todo avanza cada vez más rápido y, para colmo, cada vez exigimos mayor inmediatez. 

La aceleración que experimentan nuestras sociedades es llevada a su máxima potencia en las redes sociales, donde pasamos gran parte de nuestro tiempo -cada vez más- saltando de unos espacios de posibilidades infinitas a otros. El exceso de la oferta (de productos, de imágenes, de personas), y el aprendido deseo de abarcarla en su totalidad (“elige Todo”), tienen por consecuencia este trasfondo de prisa y de urgencia que, según sociólogos, psicólogos y tuiteros, nos tiene mal.

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No se trata sólo de que llevemos un modo de vida más rápido ni de que tengamos -últimamente, nadie se libra- una sensación de prisa e inquietud constantes (en Spain we call it “ansiedad”). Va más allá. En los últimos años, los trastornos psicológicos derivados del estrés; el insomnio, los trastornos alimentarios y la dismorfia, los toc y en última instancia la depresión se extienden como la pólvora (de un modo especial en los jóvenes) y provocan un número de muertes nada desdeñables en comparación con los del virus (si la comparación fuese pertinente).  

Las redes sociales no son la causa -no exactamente-, son más bien un potente estimulador del aceleracionismo que ya “infectaba” nuestra vida psicosocial hace décadas. 

Verde que no muerde…

Por supuesto, no sólo nosotros sufrimos, como individuos, el ritmo desenfrenado de la vida postcontemporánea. El planeta azul, la Tierra, es quizá la entidad que la sufre de una manera más abrupta, destructiva e injusta.

Hay una serie de movimientos teóricos internacionales en los que La Perdiz Roja se asienta conceptualmente; el Desaceleracionismo, el pensamiento Eco, la lógica sostenible, el Slowmovement…posturas que ponen en valor precisamente la lentitud, la calidad, el espacio, la sostenibilidad y la integración con la Naturaleza…valores todos presentes en la España vacía y rural y, aunque lenta y tímidamente, cada vez más importantes para gran parte la opinión pública global.

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edit de @irinona

No os lo toméis a mal, nosotras no lo hacemos

Nosotras, por nuestra parte, sabemos que se antoja un reto difícil alumbrar bajo esta idiosincrasia una revista, precisamente en tiempos de clickbait, y precisamente para un público en general joven, cuya capacidad de fijar la atención es de uno a dos milisegundos( gracias, TikTok). Nos esforzamos en hacer artículos cortos y en combinarlos con un contenido muy visual, pero, aun así, resulta desolador tener la certeza de que ni el 10% de nuestros seguidores son, además, nuestros lectores. No vamos a darnos de cabezazos con las paredes ni a regañaros como maestras malicientas, pero si pensamos quejarnos, y seguir escribiendo de vez en cuando- artículos largos.

Creemos que leer es importante, no en términos sapiosexuales y pretenciosos, sino en términos de salud mental.

Precisamente, lo que la perspectiva desaceleracionista cuestiona son los horizontes y ritmo actuales del desarrollo global y alega que estos deberían estar más relacionados con aspectos como el bienestar, la salud mental y física y la felicidad en sí misma (y no tanto la productividad). 

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edit de @irinona

Es algo que, por fuerza (y aún en el reprochable caso de que nos dé igual el ecologismo), nos ha de preocupar. En cierto modo, se vive en la cabeza. Y nuestra cabeza, en muchos casos, ha dejado hace tiempo de ser un sitio tranquilo y espacioso donde reposar. Hay mucha inquietud, mucha prisa, mucha urgencia insulsa. La epigenética existe y, si no hacemos nada, podemos quedarnos así, medio gagá, criaturas frenéticas y bobaliconas que presionan con el índice en busca de algo que ya sabe de antemano no va a merecer su atención realmente.

«Estamos literalmente tooodo el día introduciendo en el sistema digestivo que es nuestra mente estímulos placenteros, pero no nutritivos. «

Dietética cognoscitiva

Para verlo más claro: hagamos una analogía entre el consumo de información y el consumo de comida: Un rato de silencio reflexivo o de meditación serían el equivalente al ayuno, el consumo atento de un libro, una conferencia interesante o una buena conversación seria una comida completa, sana y nutritiva (un plato de cocido) y, por el contrario, el scrolling distraído de Instagram, el ver stories de gente que nos resulta indiferente y toda la publicidad intercalada en este proceso son, evidentemente, hamburguesas del McDonald’s/bollería industrial/perritos del Ikea.

Es decir; rico, fácil, barato, adictivo, y alarmantemente peligroso para nuestra salud si se transforma en la base de nuestra dieta.

Lo cierto es que, siguiendo esta analogía y generalizando un poco, no paramos ni un minuto de comer hamburguesas y bollos de ínfima calidad en cada minuto del día. No se trata, además, de un consumo excesivo pero puntual, de un atracón, sino de un constante y sostenido atiborramiento cognitivo. Incluso sentados a la mesa delante de un cocido (una buena película, una conversación estimulante, una clase), necesitamos sacar por debajo de la mesa y con disimulo nuestra pequeña cajita de bollos y meternos unos cuantos en la boca. Estamos literalmente tooodo el día introduciendo en el sistema digestivo que es nuestra mente estímulos placenteros, pero no nutritivos. Esto tiene que tener un peligro serio para la salud mental, (¡es imposible que no lo tenga!) y es muy probable que en los años venideros este debate empiece a tomarse en serio, como empieza a tomarse ahora el de la mala alimentación.

SLOW LIFE, CHICX

Es curiosa esta analogía información/comida; sistema cognoscitivo/sistema digestivo, porque uno de los padres ideológicos de esta revista -el ya mencionado SlowMovement– surge precisamente de la acusación formal y coordinada a las empresas de comida rápida.

En 1986, el italiano Carlo Petrini protestó contra la apertura de un restaurante McDonald ‘s en Piazza di Spagna (Roma) dando lugar a un todo un movimiento sociocultural contra la comida rápida y en defensa de la comida lenta, SlowFood. Con el tiempo, esto se convirtió en una subcultura en otras áreas. El sufijo «lento» se ha aplicado posteriormente a una enorme cantidad de actividades y corrientes de pensamiento derivadas (el Cittaslow(ciudad lenta), el SlowFashion, el SlowMedia, el SlowTravel y el SlowTurism…y el SlowLife en general, chicx). 

En La Perdiz Roja, como decíamos al inicio del artículo, nos importa lo simbólico, lo pequeño, lo que puede parecer insignificante por cotidiano, pero resulta crucial en el desenvolvimiento final de los acontecimientos (y si no al menos, ya es hacer algo). De la misma forma, el SlowMovement cree que cambiando la forma de enfocar nuestra propia vida, terminaremos generando un cambio también a nivel global.

Seguimos comiendo hamburguesas y comida rápida en general, años después del episodio contra el McDonald’s de Carlo, pero, al menos somos plenamente conscientes de lo malo que esto resulta para nosotros. Seguiremos usando Instagram. La cosa no está en borrarse las redes ni en renunciar al mundo moderno y retirarse a una cueva, sino en tomar conciencia de la transformación que éstos operan en nuestra vida, en el transcurrir de nuestros pensamientos, de nuestra forma de pensar y de sentir. Es por tu bien, Slowlife, chicx.

«Más despacio es mejor. Para casi todo en esta vida. Incluyendo el sexo, la cocina, el arte y la salud mental..»

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Live Slow

Con caaaalma (que ya termina)

Seguramente estés devorando este artículo con los ojos, corriendo veloz por sus líneas, sacando conclusiones fugaces que se te olvidarán al rato, buscando el final. Tranquilo, ya termina. Tampoco te lo reprochamos. Es táaanto lo que hay que ver en la pantalla del móvil a lo largo del día. Ya termina. Pero apúntate una cosa. Más despacio es mejor. Para casi todo en esta vida. Incluyendo el sexo, la cocina, el arte y la salud mental..

La calidad, el tiempo, el silencio y el espacio son valores cada vez más escasos y que serán, por consecuencia, serán cada vez más preciados en las sociedades del futuro. Valores presentísimos aquí, en Castilla. 

V       A       Y     A    N           M    Á    S           D     E      S    P   A   C     I  O. 

Respiren un momento.

Inviertan con cabeza. Y miren menos el móvil.(excepto para leer La Perdiz Roja) 

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