Texto: Carmen Abril
Fotos analógicas: Alejandra Espaillat
Kogor y el Covaleda Fest
Este artículo es una continuación de la crónica del Covaleda Fest, pues Todo empezó en el Covaleda Fest. Teníamos muchísimas ganas de que llegase la fecha y poner rumbo al pueblo soriano, así que lo hicimos un día antes de que empezase el festival. El jueves a mediodía ya estábamos instalados entre los pinos.
17.00 de la tarde. Empieza a sonar el primer concierto y acudimos volando como moscas a la miel. Además de nuestras ganas, nos anima el hecho de que desde el escenario (literalmente colocamos la tienda en primera línea de jaleo) salían gritos de engorile constantemente “¡¡¡Vamos, que estos cabrones solo me han dejado media hora, hay que partirlo!!!” Corrimos hacia allí y sobre el escenario había como 10 personas, todas vestidas de verde y una de ellas, un chico alto y con la cabeza teñida de rosa chicle, cantaba mientras los demás se lo perreaba a lo bestia. A lo mejor la coreografía no les salía tan clavada de timing como a los bailarines de Rosalía, pero eran todos un desparrame de frescor y rollo. Nos habíamos perdido la mitad y solo restaban 15 minutos, pero vaya 15 minutos. Fue un conciertazo que inauguró a la perfección lo que serían días de pura algarabía y moderneo loco.
Igual que un corcho de champán reventando hacía fuera de la botella, el concierto de Kogo salió a presión del escenario, los bailarines se desbordaron por él, al igual que ciertas bolsitas con una sustancia verde que cayeron de obsequio (aunque no pillamos ninguna). Ninguno de nosotros sabía quien era Kogor antes de esos 15 minutos, pero a todos nos entró por los ojos y los oídos, nos puso a bailar y nos colocó en ese mood festivo y asilvestrado en el que permenceríamos los dos días siguientes. El hit con el que cerró Kogor fue GOLFO, y eso era precisamente lo que habíamos ido a hacer a Soria en aquella ocasión, el golfo.
Soria: Trap y micología
4:30 de la mañana. 26 grados centígrados. Electric Hoods aka el escenario de la electrónica vibrando fuerte. Pinos en derredor. Churrería María a la espalda. Todo una pompa, una maravilla. Avistamos en el grupo de al lado una cabeza rosa y nos preguntamos si será el cantante del primer concierto que vimos. Nos acercamos a preguntar. ¡Sí es! Enhorabuenas y abrazos. Al resto de artistas los habíamos visto siempre pasada la frontera del backstage, a ninguno metido en el barro. Kogor estaba en el barro, con sus amigos, y le hizo mucha ilusión que nos acercáramos. Y nos contó…chanchan chanchan…¡que él era de Soria!
Los estereotipos también calan en las personas que los rechazan, y lo cierto es que nos sorprendió que ese tío ultra traper, con un show de máximo moderneo que incluía perreo y lanzamiento de sustancias psicotrópicas en su concierto fuese vecino de Soria.Obviamente nos hizo muchísima ilusión y de darle la enhorabuena por su show y su energía pasamos a darle la enhorabuena por su procedencia. Le contamos qué éramos (“LPR, una revista castellanista a su servicio, making Castilla cool again cueste lo que cueste») y acordamos hablar en el futuro para una entrevista.
Cuando, días después del festival, superando la resaca emocional, le contactamos, fue súper receptivo y súper majo y nos dijo que teníamos que volver a Soria (aunque luego nos ha confesado que no se acordaba de nuestro encuentro para nada). Le dijimos que teníamos en mente hacer algo en torno a las setas en otoño allí y resultó que además de trapero nos habíamos topado con un experto micólogo. El plan se empezó a maquinar y a los meses estábamos cogiendo casa en Vinuesa para pasar allí el finde.
4 meses después: volvemos a Soria
Llegado el día, y tres horas y pico de carretera después (en serio, AUTOVÍA YAAAAA) estamos tomando posesión de nuestro nidito soriano. En realidad el viaje va a ser también la despedida de nuestra amiga Raquel, que se marcha a vivir a Canarias (Guadalajara te va a extrañar, amiga, y más todavía nosotras), pero qué mejor despedida de Castilla que explorar la Laguna Negra en busca de setas. La primera noche transcurrió entre la llegada y una cenita de lujo en nuestro Airbnb rural también de lujo, que unas ya tienen una edad.
11 de la mañana. La terraza del bar más concurrido de Vinuesa. 10 grados centígrados. Aire limpísimo y paisanos campechanos y majos disfrutando matinalmente del sábado. Torre de torreznos sobre el mostrador de la barra, justo al lado del mando de la tele. Kogor llega y nos sorprende desayunándonos uno. “¿Barritas energéticas, eh?”. Le hace gracia, aunque nos confiesa que él ya está un poco harto (¡blasfemia!), no así de los boletus. Ya no lleva el pelo rosa ni un chándal holgado verde fosforito. Va vestido de montaña. Trae un amigo ¡Jerry! un perrito majísimo que, nos cuenta, se encontró hace años abandonado por Madrid. Nos ofrece llevarnos a todos en su furgo, para que no sufran nuestros coches, y nos dejamos hacer.
De camino al coche, Kogor sugiere una ruta alternativa a la Laguna Negra, que está, nos dice, muy explotada turísticamente y muy peripuesta. “Os quiero llevar a Laguna Verde, que no la conoce nadie y hay más setas”. Nos encaramamos en su furgo, Jerry se acomoda a sus anchas que para algo es hijo único, y empezamos trayecto. Aprovechamos para hacer una tentativa de entrevista.
Entrevista 'on road' a Kogor
¿Cuándo empezaste a cantar?
Con 22 o así
Ah, relativamente tarde
Sí, bastante tarde. Siempre me había gustado escribir, pero hasta que no conocí un poco más peña del mundillo como que no me atreví a exteriorizarlo…porque una ciudad enana, que todo el mundo habla…a mí me importaba antes mucho, lo que pensaran de mí, y es como que cuesta… En Madrid en cambio hay un anonimato, mucho artisteo, mucho bohemio…ahí, lo raro es el que no hace algo así con su vida.
Osea que fue en Madrid cuando empezaste a cantar
¡No! Aquí. No fue en Madrid, fue aquí. Por eso te digo que me costó tanto y empecé igual más tarde. Pero conocí peñita de la old school soriana, peña que son muy buenos raperos pero que tampoco…que nunca han exteriorizado su potencial. Tienen letrones y tienen mucho arte pero se lo han callao’ pa’ ellos, se lo han guardado pa’ sus adentros. Porque al final eso, lo exteriorizas y te la clavan rápido, es un amor odio..…todo el mundo te critica por detrás, luego a la cara…pero que esto también pasa dentro de los distintos barrios en Madrid, Madrid es muy grande pero al final en cada barrio hay chismorreos…es algo natural yo creo, de la naturaleza humana..
Oye, por cierto y cambiando de tema, qué pasada lo del castillo que hicisteis, pintaba de la leche..
Síi, fue la bomba, lo único que no lo pudimos pasar bien prácticamente ningún rato porque había que estar pendientes de todo, a ver si para la próxima…
Ya, sí…nosotros organizamos aquí un festival también y pff..
¡Anda! ¿Hacéis un festival?
Síii, el Spring Urban Soria, lo organiza. El verde sobretodo, que es mi productor y colega, pero yo además de como artista estoy ahí también en la organización. Nació el año pasado, se supone que este año nos van a dar más presupuesto, pero eso, unos nervios organizar, que nosequién no viene, que el de la moto, los amigos llamando «¿dónde está mi entrada vip?» en fin..
jajajajaja fff, sí, te entendemos…
A ver, el camino se pone aquí un poco más feo…ueepaa, na’, pero esta furgo aguanta, el día que tenga un todoterreno vais a flipar. Ya casi estamos. Os va a encantar la Laguna Verde.
Viiiiva nuestro conductor, conductor, conductor…Y lo de Kogor viene de…¿kogorza no?
De kogorrrrza. Sí, jajaja, me lo preguntan siempre en las entrevistas y yo pienso “tío en realidad es bastante intuitivo ¿no” De kogollo me dicen a veces también…
Oye, cuéntanos un poco más de lo del festival, nos interesa ¿es en Soria centro?
Claro, tenéis que venir de prensa, invitadas estáis…No, es en una explanada que hay cerca del río, es el parking del estadio de fútbol de Los Pajaritos, del Numancia. La verdad que es un sitio maravilloso con vistas increíbles a la ermita de San Saturio.
Bueno ¡hemos llegado!
Bieeeeeeeeennnnnnnn
Vale esto no es una ruta hecha convencional ¿vale? Es por el medio del monte. Vamos a pillar la cesta para las setitas…
Setas y música
Caminamos, efectivamente campo a través, durante una media hora. Nos encontramos setitas de enanito (las típicas Amanita Muscaria) por todas partes, pero nos emocionamos igual con cada nuevo descubrimiento. La cesta, de momento, vacía. Kogor nos cuenta que antaño los topitos blancos se utilizaban para, digamos, generar estados artificiales de embriaguez. Que se lo fumaban los sorianos antiguos para colocarse, vaya.
Kogor nos va contando, además del nombre de todas las setas (ninguna de las cuales comestible) que nos encontramos, más cosas sobre él. Sí hizo la de irse a Madrid a ser libre y moderno, pero al final acabó harto. Eso no quiere decir que reniegue de la urbe y sus delicias, pero, como nos dicen tantos entrevistados, Kogor piensa “siempre puedo ir a Madrid un finde y darme un atracón de urbanidad”. Y es que es así. De hecho nos cuenta que viene de allí, porque Blasfem hacía una fiesta para celebrar su nuevo álbum, y estaban todos los del panorama rapero. “Y al poquito aquí, en mi montañita, con mis primos de LPR…si es que a mí esto es lo que me llena, yo necesito campo, espacio, paz…esto es la vida de verdad, el que no pueda ver la riqueza de esto es que está ciego”.
Nos cuenta de él que tiene un poco de bipolaridad anímica, con arreglo al tiempo. “Hay dos Kogor, el de verano y el de invierno, el de verano es que el que visteis encima del escenario, el golfo, fiestero, salsero…y luego está el Kogor de invierno, que su mejor plan imaginable es darse un paseo por el monte, pillar unos boletus y hacerse un revuelto de locos con un vinito”.
Al fin llegamos a la Laguna Verde y nos quedamos extasiados. Es como la ciénaga de Shrek pero en plan bien, en plan cuento de hadas. Es chiquitita y está un poco seca, pero eso hace un efecto bonito porque los árboles han dejado sus raíces al aire (igual que Kogor). Jerry quiere que le tiremos un palo para echarse a por él nadando. Al final Kogor claudica. Jerry va entusiasmado, pero obviamente en cuanto sale del agua quiere volver a entrar. Al final termina sacudiéndose justo a nuestro lado, como suele gustarles hacer a nuestros amigos los cánidos.
La leyenda de la Laguna Verde
Nos sentamos a comernos un plátano y a recuperar un poco el aliento, y Kogor nos cuenta la leyenda de la Laguna Verde
“…Cuenta la leyenda de la famosa pero oculta Laguna Verde Soria que una joven pastora de ojos verdes perdió a todas sus ovejas a causa de una tormenta y, dolida y desesperada por este hecho, le pidió al Dios Pan (a saber de cuándo data esta historia para que hubiera un Dios Pan) que la convirtiera en sirena. Así, se sumergió en la laguna tiñéndola del color de sus ojos…”
Recuerda un poco a la pastora Marcela -el personaje del Quijote al que le dedicamos un articulazo en su día- aunque al revés: la pastora de nacimiento, pobre y dependiente de la supervivencia de sus ovejas, decide mandarlo todo a la porra y convertirse en un ser mitológico fusionado al bosque y libre de las preocupaciones económicas que deberá afrontar en caso contrario (o, si se quiere uno poner aguafiestas y deconstruir el cuento, decide mandarlo todo a la porra y echarse a la laguna, sin más).
En fin. Es un cuento bonito, aunque melancólico (¿vendrá “bucólico” de la mezcla entre esas dos palabras? seguro que no), que nos hace preguntarnos si, además del Dios Pan, también existía el Dios Torrezno. Seguro que sí.
La cesta vacía pero la tripa llena
Reemprendimos el camino y lo que sigue de narración es casi mejor omitirlo…
Es broma, aquí no se omite nada: atravesamos la montaña soriana campo a través y nubes a través. No aparece ni un boletus y tampoco aparece la senda que buscaba Kogor. Esta debía llevarnos a una explanada de altura en la que en su día había habido un castillo y en la que a día de hoy, al parecer, solo hay boletus y más boletus.
Pero la senda no aparece, la niebla no arrecia y los que sí que arreciamos, hora y media de marcha después, somos nosotros. Llegado un punto y pasados unos cuantos “ya creo que es justo ahí arriba”, una de las integrantes de nuestro equipo cuyo nombre no desvelaremos (después de manifestar varias veces su preocupación por la posibilidad de que Kogor fuera un asesino) se planta: “Siento ser esta persona, pero estoy empezando a pasarlo mal y nos van a cerrar el restaurante. Yo por mí volvía”
Amén hermana. La verdad es que un poco más tarde y no habríamos llegado al restaurante de Virginia, lo que habría sido una gran tragedia.
Comimos como reyes. Virginia es amiga de Kogor y nos deja fumarnos un cigarro en el mismo comedor porque no había nadie ya cuando terminamos de comer (¿¿esto se puede contar??). Le cuenta, para su alivio, que ella se había perdido también el otro día buscando los restos del castillo.
Hora de probar la noche soriana
Kogor no consiguió que cogiéramos setas -el título de este artículo era un poco chascarrillo- pero aún quedaba un pase de la actuación. Nos sacó de fiesta por Soria. De no haber ido con él probablemente habíamos deambulado como pollos sin cabeza, pero lo cierto es que nos pegamos un fiestón de los buenos.
Tomamos la primera esperándole (porque habíamos hecho parada en boxes en el airbnb después de la comida) en un bar atiborrado de gente de muy distintas edades y con el volumen a tope y el top 50 españa puesto. Bien, pero no podíamos más con el ruido y salimos fuera a fumar. Resulta que ese día había jugado el Atleti contra el Almazán, así que quizá por eso había tanto ambiente. Kogor llegó y le entrevistamos ahí mismo, en la puerta del bar (podéis ver la entrevistilla aquí) para un formato nuevo que queremos sacar llamado CAÑA CON ARTISTA (aunque lo cierto es que él se tomó un gintonic).
Después de eso empezó la noche de verdad. Primero unas cañas en la típica calle de cañas. Nos presentó a sus amigos y resulta que ¡dos de ellos nos conocían! Didac y Adriana. Nosotras no nos acordábamos pero les habíamos entrevistado precisamente en el camping de…exacto, del Covaleda Fest! Eso fue en el marco de otro programa, que llevamos a cabo de manera bastante cutre, Chustilla y León TV, en el que entrevistamos a gente perjudicada o no (pero casi siempre sí) a lo largo y ancho del festival. Esperemos que cuando se suba este artículo ya podáis verlo, porque estaba tan mal grabado que nos ha dado problemas.
El caso es que en cuestión de un rato los amigos de Kogor eran nuestros amigos y, si bien no cogimos setas, terminamos cogiendo una buena castaña. De ahí fuimos a un bar tipo discoteca al que nada tienen que envidiarle los mejores garitos de Valladolid (pero nada) y cuando nos quisimos dar cuenta cerraron y había que tomar la decisión de after o casa.
Este es un punto importante que queremos tratar. En Soria los bares cierran a las 5 y los after abren a las 6:30. No está bien eso. Los chavales no se merecen esa hora y media de frío si quieren seguir pasándolo bien. Si lo que quieren evitar con eso es el vandalismo es una muy mala idea porque es casi lo único que uno puede hacer durante una hora y media en la calle, vandalizar cosas. Es broma, pero está mal eso. Queríamos que este artículo fuera también un alegato contra esa norma, que entendemos depende del ayuntamiento. Jóvenes de Soria, álcense, junten firmas, hagan algo.
Ahora, nosotras no pasamos esa hora y media en la calle. Nos fuimos a refugiar como conejitos a la madriguera, y, a falta de taxis disponibles hasta Vinuesa, tuvo que ser una madriguera prestada. Mil millones de gracias, Adriana, por acoger a 4 personas que acababas de conocer en tu casita solo para que no murieran congeladas. Jamás lo olvidaremos. Jamás olvidaremos tampoco a Kogor, la excursión a por setas fallida, la tonelada y media de risas, lo bonito que es Vinuesa y la fiesta que hay en Soria. De setas, no, pero de risas un rato.
Gracias al Dios Pan y al Dios Torrezno, por Soria y por todas las cosas mágicas que nos van pasando. Y gracias, Kogor, por todo. ¡Nos vemos en el Primavera Urban Soria!