Feminismo en El Quijote: La Pastora Marcela

Oveja recién nacida

Texto: Carmen Abrill

Fotos: Lucía Burón

¡Buenos días y feliz y peleón 8M!

Este es un artículo especial por el Día de la mujer y yo voy a hablar de El Quijote, lo cual, a priori, suena poco feminista. Así que vamos a hacer un par de aclaraciones previas:

Lo primero y antes de nada, El Quijote no es un ladrillo ni una obra que requiera de dotes hermenéuticas o un nivel cultural superior: El Quijote es un libro de risa. Tras años estudiándolo en el colegio de refilón (como se estudia toda la literatura) y quizá precisamente por eso mismo, El Quijote suele sugerir sopor, aburrimiento, peñazo. Se pone como ejemplo de típico libro interminable, de maratón intelectual imposible.

Y resulta que una se ríe leyendo el Quijote, de verdad. Es una magnífica síntesis de la España del s.XVII; de sus creencias, sus leyes, sus problemáticas; y una coral de perfiles psicológicos, roles sociales y posturas filosóficovitales tremenda. Pero sobretodo y antes de nada, El Quijote es unas jajas. Eso, lo primero. 

Algunas ya lo sabríais, pero a las que lo escucháis por primera vez, HOLA. El Quijote es Comedia. Si, como me pasaba antes a mí, os veis embargadas por la pereza máxima ante la perspectiva de leerlo, bajaos del burro y dadle una oportunidad, os juro que no os vais a arrepentir y os garantizo que os vais a partir.

¿Tiene sentido hacer una lectura feminista de El Quijote?

Por supuesto hay millones de formas de asomarse a sus páginas. Una de ellas, ya os lo digo, es el ocio puro, pero como cualquier gran texto universal, El Quijote tiene  interés y chicha desde cualquier perspectiva que se quiera adoptar al leerlo (sea política, literaria, histórica o filosófica).

Aquí voy a hablar del Quijote desde la perspectiva feminista. Suena a cosa disruptiva, pero es algo que en realidad se ha hecho en bastantes ocasiones. Fue muy sonado el «Amor, sexo y aventura en las mujeres del Quijote» de Lidia Falcón. Incluso surgió, en 1727, una especie de versión protagonizada por una mujer, ambientada en Barcelona y escrita por  Pharsamon de Marivaux.

Por otro lado, se sabe que Cervantes vivió toda su vida rodeado de mujeres, y hasta existe la leyenda de que era homosexual (no entro en gossips de época, el dato es para apuntar que Don Miguel, seguramente, no era un machirulo.)

Hay quien dice que el lector se busca siempre a sí mismo en los libros que lee. También se dice que los grandes clásicos son aquellos en los que cualquiera puede encontrarse. Aquí voy a hablar de un pasaje del tronchante cuento manchego en el que sentí encontrarme y que me insufló toda la fuerza y la irreverencia del feminismo que celebramos hoy.

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Ovejas ojinegras | 📷: Foto de @lubca_

Por suerte para vosotras,  queridas lectoras de volátil atención, voy a hablar, de hecho, de un solo personaje. Un personaje único, fastuoso, legendario; un personaje que cae sobre la novela como un rayo fulgurante. Un personaje que con toda seguridad ha hecho hervir millones de torrentes sanguíneos a lo largo de la historia, como hirvió el mío cuando lo encontré.

Sin embargo, y a pesar de su fastuosidad, ha sido algo opacado por el tiempo, como obviado. Es natural, si tenemos en cuenta que en realidad se trata de una personaja (qué curioso, en femenino suena más peyorativo), aunque quedémonos mejor con lo de personaje y vayamos al grano:

Voy a hablar de la entusiasmante figura de La Pastora Marcela.

«Hay quien dice que el lector se busca siempre a sí mismo en los libros que lee.»

El principio de todo: El bucólico suicida

En medio de sus correrías, Quijote y Sancho se encuentran con unos cabreros que les convidan a queso, pan y vino -siendo este quizá el mejor trato que se le da a la pareja en toda la novela, donde cada poco les son propinadas palizas brutales y se hace de ellos motivo de burla y juego-. Los amables cabreros les cuentan el cotilleo de turno en el círculo pastoril de la zona. Es una historia bucólica, pero distinta:

La pastora Marcela es la huérfana de un rico; una joven pudiente y hermosa que decide retirarse al campo y aprovechar su posición privilegiada para vivir una vida apartada de todo, en el campo, con su ovejas y a su bola (ya lo decía Virginia Wolf, sin pasta para pagarla no hay habitación propia que valga).

Todos la cortejan y hay señoritos que hasta toman “los hábitos” de cabrero solo para acecharla (creepy). Este es el caso de Grisóstomo, que tras mucho insistir y mucho verse -con la mayor amabilidad y gentileza- rechazado, decide suicidarse para mostrar al mundo, y a Marcela, hasta dónde llegaban su amor y su dolor. Muy intenso todo y bastante horrible. El entierro del dichoso Grisóstomo es al día siguiente y Sancho y Quijote, movidos por la curiosidad literaria del segundo, deciden ir.

En el funeral, además de oraciones por el muerto, se profieren insultos y condenas verbales hacia Marcela, a la que se tacha de ingrata, de soberbia, y hasta de asesina (mejor dicho, de “basilisco asesino”).

Atentas, se viene

En mitad de la ceremonia y de las acusaciones y maldiciones vertidas contra ella, Marcela aparece en escena, subida a una gran roca. Desde allí, espléndida y contundente, pronuncia un discurso que deja por los suelos a todos los pastores (y los pelos de punta a los dos amigos andantes).

Desmonta la lógica machista de la situación (aunque sin usar, claro, esta palabra), y les exige que la dejen en paz, que ella no ha hecho daño a nadie y que su único delito es poder ser libre (pues es consciente de su privilegio) y decidir serlo. No es su culpa suponer una tentación a los hombres, sino culpa de los hombres arrastrarse tras ella, obsesionarse y creer, además, que por el hecho de sentir ese anhelo ciego tienen el derecho natural de verse correspondidos.

Además, remata, ellos ni siquiera guardan una belleza equivalente a aquella de la que se han encaprichado, capricho que apunta, además, no es sinónimo de amor sino de deseo lascivo. 

Osea, que La Pastora Marcela (la verdad es que da para camiseta), les dice que tienen mucho morro, les llama feos*, y les acusa de libidinosos y superficiales, y además de injustos.  El discurso de verdad no tiene pérdida y os animo a que lo leáis completo (está en todas partes en Internet).

 

*“Quiérote por hermosa; hasme de amar aunque sea feo»

 

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Chica rodeada de ovejas | 📷: Foto de @lubca_

«No es su culpa suponer una tentación a los hombres, sino culpa de los hombres arrastrarse tras ella, obsesionarse y creer, además, que por el hecho de sentir ese anhelo ciego tienen el derecho natural de verse correspondidos.»

LPM

Es un discurso a día de hoy actual y en muchas ocasiones aún necesario (el insulto posterior al rechazo es, de hecho, todo un tópico). Consigue dejar boquiabiertos a todos los cabreros, que deciden que Marcela tiene razón y que son unos patanes. Se comprometen a dejarla tranquila. Quijote, que no deja ni un solo segundo de ser una mofa, queda tan impresionado por la inteligencia de Marcela y por la verdad de sus palabras que decide seguirla, demostrando que en realidad no ha entendido o no ha querido entender una mierda de la única petición de Marcela: que la dejen en paz con sus ovejas.

La historia de Marcela es un crudo navajazo de raciocinio en medio de un festival de jerigonzas y absurdeces. Si aún hoy en día llama la atención lo adelantado de su discurso, cuesta imaginarse entonces (con toda seguridad hizo volar cuchillos en las comidas familiares durante siglos).

La única conclusión de este artículo es que Marcela era una fuera de serie, una feminista con habitación propia adelantada a su época y que Cervantes, otro fuera de serie, supo poner en  su boca una vindicación que hoy en día es (increíble pero cierto) aún necesario reiterar: que no es no, y fin de la puta historia.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…

BTW: Otra cosa curiosa que no suele saberse es que El Quijote surgió como un beef. En él, Cervantes “le tiraba” a los géneros literarios más populares de la época (el mainstream); las novelas de caballería especialmente, pero también la novela pastoril y las cántigas románticas. Cervantes consideraba estos géneros vacíos, sin mensaje, entretenimiento hueco, asique escribió El Quijote para quedarse agusto mofándose de ellas. La gente le fue sin embargo cogiendo el gustillo a las aventuras descabelladas del hidalgo -y a su nulo sentido del ridículo-  y al final se convirtió el éxito mundial que es ahora.

BTW 2: Digo “le fueron cogiendo el gustillo” porque antaño las novelas se iban publicando de capítulo en capítulo, como temporadas de Netflix. Estas publicaciones periódicas eran, de hecho, el Netflix de la época y la gente las esperaba con ansia. Las novelas de caballería eran el equivalente a las pelis de acción americanas, todo era increíble, emocionante, y los protagonistas condensaban todas las buenas aptitudes que uno podía imaginar. Pasaban penurias, pero al final triunfaban el valor y los buenos sentimientos.

Cervantes, aburrido de esta historia arquetipada, se propuso ironizarla y generar con esta sátira una obra que fuese entretenida pero que, al mismo tiempo, tuviese calidad y significación histórico-filosófica. Dejaba así claro que podía hacerse y ponía en evidencia a los superventas del Entertainment Market de la época, convirtiéndose, at the end, en un superventas y cerrando así un círculo paradójico que aún hoy sigue girando sobre sí mismo en el mundo del arte.

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