Make Miguel Delibes el centro de tu universo castellano again

Silvia Moratinos Bueno

Es muy probable que la primera vez que oíste hablar de Miguel Delibes fuera en el colegio. A mí me pasó. Y sospecho que a muchos jóvenes castellanos también.

En mi caso hubo un “culpable” muy claro: Jorge Urdiales. Era profesor en mi colegio y probablemente uno de los mayores admiradores de Delibes que existen en España. Te puedes imaginar el panorama: talleres, actividades, lecturas… todo girando alrededor del escritor más ilustre de Valladolid. Y eso que mi colegio ni siquiera estaba en Castilla, sino en Madrid.

La cosa llegaba tan lejos que Jorge dedicó buena parte de su estudio a la obra de Delibes. Incluso publicó el Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes basado en sus novelas. Sí, ese nivel de devoción.

Miguel Delibes en los años 60, vía Fundación Miguel Delibes

Ahora bien, seamos sinceros un momento.

Cuando un libro viene con la etiqueta de lectura obligatoria y además trae examen debajo del brazo… la magia suele desaparecer.

Muchos hemos leído los clásicos españoles a toda velocidad. Subrayando lo justo. Tirando de resúmenes de internet. Memorizando cuatro ideas clave para sobrevivir al examen. Objetivo: aprobado. Misión cumplida.

¿Disfrutar? Bueno… eso ya era otra historia.

Y es una pena. Porque esas lecturas, aunque a veces pasaran de puntillas por nuestra cabeza adolescente, abrían mundos enormes. Lo que pasa es que rara vez dejaron un recuerdo nítido del mensaje que realmente querían transmitir.

"El camino" editorial destino, portada de Guiomar Martín

Seguro que a muchos os suena El camino. Es probablemente una de las novelas más leídas de Delibes y una de las favoritas en los institutos castellanos. ¿La razón? Está contada desde los ojos de un niño.

Daniel, el Mochuelo, su protagonista, se enfrenta a algo que no entiende muy bien. Tiene que abandonar su pueblo, su gente, su valle. Todo para perseguir algo que los adultos llaman “Progreso”.

A él, sinceramente, ese progreso le interesa más bien poco.

fotograma de "El camino" adaptación cinematográfica de Ana Mariscal

La misión

Don Miguel Delibes Setién vivió casi 90 años y publicó más de 50 libros. Una obra enorme. Por eso es un poco injusto que nuestras referencias a él se queden solo en novelas como Cinco horas con Mario, La sombra del ciprés es alargada o Los santos inocentes.

Este artículo tiene una misión muy sencilla: que le des una segunda oportunidad a Delibes. Pero esta vez sin examen. Sin prisa. Y con un único objetivo: conectar. Coge uno de sus libros con calma. Ponte cómodo. Enciende una vela si te apetece. Acompaña la lectura con un café o un buen té. Y si encima puedes hacerlo mirando la estepa castellana… entonces ya estás jugando en modo experto.

Aquí van algunas de mis recomendaciones según el tipo de historia que más te pueda apetecer.

Señora de rojo sobre fondo gris (1991)

"Señora de rojo sobre fondo gris" editorial Destino

Este libro es para las almas románticas. La gran protagonista es Ángeles de Castro, a quien Delibes definía como “mi mejor mitad”. Y esta novela es, básicamente, una carta de amor.

Aquí vemos a Delibes en su versión más tierna. El escritor recuerda a su mujer después de su muerte, durante uno de los momentos más duros de su vida: cuando a ella le diagnostican un tumor cerebral.

La novela está llena de recuerdos. Miradas de complicidad. Momentos pequeños. Esa capacidad de sacar lo mejor el uno del otro.

Si te preguntas de dónde sale el título, la respuesta es curiosa: viene de un retrato de Ángeles pintado por un artista… del que Delibes confesó haber sentido celos. Sí. Así era Miguel. Tradicional. Humilde. Y muy sincero.

Los castellanistas también deberíamos guardar un pequeño rincón de cariño para Ángeles. Fue ella quien empujó a Delibes hacia la literatura. Lectora voraz, fue quien le animó a dejar a un lado las caricaturas —que también se le daban muy bien— y ponerse a escribir en serio.

Delibes, católico, padre de familia numerosa y de carácter más bien melancólico desde niño, encontró en ella un equilibrio. Alguien que sabía sacar lo mejor de él. Cuando Ángeles se apagó, una parte muy grande de Miguel también se apagó con ella.

Diario de un jubilado (1958)

"Diario de un jubilado" editorial Círculo de lectores

Puede que este libro no te suene demasiado. No es de los más famosos.

Pero tiene gancho. Y además un plot twist a mitad de historia que merece la pena. El protagonista es Lorenzo, personaje que ya aparecía en Diario de un cazador y Diario de un emigrante. Cuarenta años después de aquellas aventuras, Lorenzo es ahora un jubilado. Y se ha dejado arrastrar por el mundo moderno: el dinero, el juego, la televisión…

Muy lejos queda aquello que antes era esencial para él: la caza y la naturaleza.

Entre las manías de un viejo poeta provinciano y las debilidades del propio Lorenzo, Delibes lanza una crítica suave pero muy certera al mundo materialista en el que vivimos.

En el fondo, también habla de sus propios miedos.

El disputado voto del señor Cayo (1978)

Muchos jóvenes tenemos o hemos tenido un señor Cayo en nuestra vida.

En mi caso era mi tío Agustín. Labrador charro. Hombre humilde. Trabajador como pocos.Por eso esta novela toca donde más duele: la desaparición del mundo rural y de todo el conocimiento que lo acompaña.

La historia transcurre durante las primeras elecciones democráticas tras la dictadura. Un joven diputado urbanita recorre los pueblos del norte de Burgos pidiendo el voto. Y entonces aparece el señor Cayo. Un hombre que vive en un pueblo casi abandonado. Autosuficiente. Tranquilo. Que no entiende muy bien por qué alguien necesita su voto. Él sabe cultivar su comida. Calentar su casa. Entretener su tiempo.¿Para qué necesita la ciudad? La novela se convirtió después en película con Paco Rabal como protagonista. Muy recomendable por cierto. Este libro es un viaje directo a nuestras raíces. A los abuelos, a los bisabuelos y a esa sabiduría rural que la modernidad muy tristemente ha ido dejando atrás.

fotograma de "El disptado voto del señor Cayo" adaptación al cinede Gimenez Rico

Las guerras de nuestros antepasados (1975)

El protagonista se llama Pacífico Pérez. Y sí, Delibes aquí estuvo fino con el nombre. Pacífico está en prisión por homicidio. Desde allí cuenta su vida a un médico. La novela gira en torno a una idea inquietante: cada hombre tiene su guerra. Para Pacífico, la masculinidad está ligada a pelear, a demostrar valentía y valor. A convertirse en un héroe como lo fueron sus antepasados.

Su padre luchó en la Guerra Civil Española (1936-1939). Su abuelo en la Guerra de África (1859-1860). Su bisabuelo en las Guerras Carlistas (1833-1876). Delibes, que también vivió la guerra muy de cerca —se alistó con 18 años en la Marina durante la Guerra Civil— utiliza esta historia para lanzar una crítica muy clara a cierto modelo de masculinidad. Ese que dice que un hombre sólo vale si sabe ser valiente y luchar.

"Las guerras de nuestros antepasados" editorial Destino

Las ratas (1962)

Si leíste Los Santos Inocentes y te convertiste en defensor fiel de Azarías… este libro también es para ti. Las ratas es una novela de denuncia social en toda regla.

Delibes retrata la vida austera y humilde de los pueblos castellanos dominados por el latifundismo. Gente cuyo conocimiento de los aprovechamientos de la estepa castellana les ha llevado a sobrevivir cazando ratas de agua y viviendo en cuevas. Como ocurre en muchas de sus historias, el protagonista es un niño.  El Nini se llama este mochuelo a través de cuya mirada inocente como vamos descubriendo su mundo rural. Un mundo duro. Pero también lleno de conocimiento tradicional del campo, de dignidad y de humanidad. El Nini es analfabeto y no ha ido a la escuela. No responde a los conocimientos de la ciudad ni de la educación reglada. Sin embargo, él en sí mismo es un mundo entero de conocimientos sobre el medio que le rodea. Ha pasado su vida entera en el campo y conoce al dedillo cómo van a ir las cosechas, qué tiempo va a hacer y por ello todo el pueblo acude a su consulta. Al igual que le pasa a nuestro querido Señor Cayo, su conocimiento y saber corresponde a la naturaleza. 

Con esta novela, Delibes continuaba una denuncia que ya había iniciado en sus artículos en el periódico El Norte de Castilla. Allí hablaba del abandono del mundo rural castellano. Algo que, por cierto, no hacía ninguna gracia a las autoridades franquistas. Cuando le prohibieron seguir escribiendo sobre el tema en el periódico, Miguel tuvo una idea: contarlo en una novela. Y funcionó.  Así publicó Las ratas en 1962. La repercusión fue tan grande que acabó influyendo en estudios y planes oficiales del franquismo sobre el desarrollo rural en Tierra de Campos.

"Miguel Delibes con su perro Grin en Sedano" vía Fundación Miguel Delibes

Nuestro querido Miguel, el cazador que escribía, es uno de los grandes defensores del castellanismo y amante cazador de la perdiz roja, nunca quiso mudarse a Madrid pese a haber tenido la oportunidad. “Soy como un árbol, crezco donde me plantan” es una de sus citas más reconocidas. Quizá por eso, cuando uno vuelve a Delibes ya de adulto, pasa algo curioso: de repente todo tiene más sentido.

Entiendes mejor al señor Cayo.
Te duele más la vida de Azarías.
Y empiezas a sospechar que aquel Mochuelo tenía razón cuando miraba con desconfianza eso que los mayores llamaban progreso.

Delibes no hablaba solo de Castilla.
Hablaba de raíces.
De memoria.
De dignidad.

Y de algo que hoy parece casi revolucionario: vivir con lo necesario.

Así que la próxima vez que pases por una librería —o por la estantería olvidada de tus padres o abuelos— haz una cosa.

Busca un libro de Delibes.
Ábrelo.
Y deja que la Castilla de tus abuelos y bisabuelos te vuelva a hablar.

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