Bagaudas 2026: removiendo la tierra, moviendo los pies

Carmen Abril
Fotografías:
Israel De la Arena (Proyecto Raíces)

Terra Levis es un proyecto arqueológico impulsado por la Asociación Cultural Abulaga que lleva desde 2017 estudiando con mimo su propia tierra, en concreto, lo que ellos llaman MASAV (Museo Abierto de las Sierras de Ávila y Valle de amblés). Se dedican a investigar las civilizaciones que les precedieron como habitantes de la Sierra de la Paramera y alrededores con paciencia y pincel y de paso, y mientras tanto, agitan la cultura castellana con garbo y salero, a ritmo de pandereta. 

Cuentan con más de 160 socios, aunque el cerebro del asunto lo componen unas 16 personas, la mayoría jóvenes. El grupo lo integran especialistas en prehistoria, en comunidades vetonas, en imperio romano, medievalistas…perfiles variados, porque los yacimientos de la zona lo permiten, pero un mismo interés: descubrir y contagiar. Descubrir vestigios de formas de vida ancestrales y contagiar el entusiasmo por las mismas a los que no estamos metidos en el ajo.

No es la primera vez que celebraban un festival cultural (de hecho esta primavera hicieron uno al que asistieron El Chiguito, Lidia G. Merenciano) pero sí es la primera vez que contaban con Miguel Sánchez González en la organización. Resultado: conocíamos a casi todos los participantes, así que fue cosa muy fácil decir que sí. Íbamos a ser parte del Bagaudas 2026.

El ultimo finde de junio, entre Villaviciosa y Solosancho, dos pueblos pegados como algunas cerezas, tuvo lugar un encuentro que reunió a un buen puñado de proyectos enfocados a estudiar y comunicar el patrimonio rural y popular, fuera en forma de baile, de artesanías, de saberes, de testimonios…

Hubo mesas redondas y talleres pero también hubo junte y hubo baile. Fue una mezcla entre un campamento de verano y una universidad rural. Nosotras participamos en una de las mesas, al pie del magnífico castillo de Villaviciosa y también ofrecimos un pequeño dj set en el vermut del sábado, con verbeneo, hits de fiestas de pueblo y alguna modernez, muy en nuestra línea. Pero sobre todo escuchamos, participamos y  aprendimos. 

Nos encantó coincidir en las mesas con proyectos afines y personas que sentimos muy cercanas, como Alicia Álvarez de La Refugia, Noelia Barreales de la Universidad Rural del Cerrato, Mónica Egido, Bea Barrio, Los Ojos de la Tierra

En el taller de baile tradicional hicimos lo que pudimos. Agradecemos siempre tu paciencia y jovialidad, Patri Melero (Pindongas), eres la mejor, pero somos duras de mollera y de pies. 

En el taller de collage, impartido por nuestra queridísima María, de Doce Leguas, pues un poco parecido, pero en cambio aprovechamos para charlar un montón, entre otros con Irsa, de Proyecto Raíces, de quién son las fotos que acompañan este artículo. El taller, por cierto, tenía un enfoque muy bonito porque todos partíamos de la misma foto y teníamos que tunearla a nuestro gusto. Como cada persona es un mundo, pues cada collage lo era también. Aunque la foto fuera la misma. María había traído libros viejos para que lo gráfico fuese acompañado también de fragmentos de texto, como sus collages digitales, pero aquí en analógico. Una chulada.

Por el taller de máscaras tradicionales de Edilberto Rodríguez pasamos un poco de puntillas y hacia el final porque aún no dominamos la omnipresencia, pero se nos descolgaba la mandíbula viendo las piezas de referencia que traía Edi de su carnaval de Pombriego. Como el tiempo era limitado, las de los talleristas fueron de cartón, pero está bien también ese acercamiento y esa versión sencilla, que a veces parece que si no tenemos tiempo y materiales no podemos revestirnos en entroidos y mascaradas, y no es así.

Esa noche bailamos al pie del castillo y al ritmo de Castora Herz, que es el ritmo de los ancestros en sus momentos más alegres y bailongos. Se disfrutó del nuevo disco, Cien años de Castora (homenaje a su abuela Castora, que le da nombre al proyecto) y también de otros grandes nombres del neofolk como Califato, Cristina Len, El Nido, Rodrigo Cuevas, Delameseta..

El día siguiente amaneció fuerte porque amaneció con masa frita de la mano de Tere, una de las señoras del pueblo, la más simpática y participativa en la jornada anterior. Aupa Tere, MVP absoluta. Se cocinó este dulce al aire libre, mano a mano con el panadero, al pie de un auténtico verraco veton que había en la plaza de la iglesia de Solosancho. La masa frita por cierto es literalmente masa de pan, frita y rebozada en azúcar, nada más. El desayuno de los campeones. 

Más valía coger fuerzas porque en el centro polivalente empezaba el taller de Cante con garra de Diego Baeza, un grande no, un grandísimo. De nuevo hicimos lo que pudimos, pero fue precioso coincidir con personas (especialmente mujeres) de todas las edades y juntar las voces, que emociona siempre.

A continuación, taller de elaboración de gorras tradicionales de la sierra con mujeres del pueblo. Tere, incombustible, impartía junto a otras mujeres de la asociación. Las gorras eran paja hecha fantasía, alta moda, arte. Un elemento de la artesanía serrana abulense que no conocíamos y que si JacqueMus viera haría girar toda su siguiente colección en torno a. Como con las mascaradas, estas piezas llevan tiempo y el taller supuso una introducción a las técnicas. Al que se le dio muy bien, consiguió llevarse un llavero, una cinta con la que adornar el pelo…un pequeño testigo de paja anudada que daba fe de la maestría de las mujeres serranas de la Paramera.

Yo voy a encargar una, aunque Juanpa, de la organización, ya me ha dicho que a él tardaron un año en hacerle la suya…pero bueno, prisa no tengo. También caerá artículo, espero, porque en la vida había oído hablar de esto y pienso que debería ser una prenda fetiche en el armario de cualquier moderna castellana que se precie. Perfecta para los veranos que se vienen, cada año más inclementes.

Al taller de repique de campanas llegamos tarde también, atrapadas como nos habíamos quedado por la magia de los nudos herbáceos, pero Juanpa y Luiscar (hermanos y fundadores de Terra Levis) muy generosamente nos hicieron un mini tour express. Esto de las campanadas es una cosa eh. Servían para informar al pueblo entero, todos a la vez, de una, de sucesos relevantes a nivel comunitario, y las posibilidades comunicativas eran amplias y mucho más complejas de lo que solemos pensar. 

Se tocaba a muerto y se tocaba a incendio y a misa de una, sí, pero se podía informar del género y la edad del fallecido, de la orientación del fuego…Luiscar, que lleva muchos años estudiando esta joya del patrimonio inmaterial (una joya de la que pronto no quedarán artesanos vivos), esta dándole vueltas a la idea de generar nuevos reclamos, por ejemplo, y de cara a este verano, “llamar a eclipse”. Nos parece una idea brutal.

De vuelta en el centro polivalente, pues lo de las campanas, obviamente, era en la torre de la iglesia, nos encontramos con un grupo de dulzaineros que nos resultaba demasiado familiar…después de darle muchas vueltas caímos: eran los que estaban en Navalosa cuando fuimos a cubrir los cucurrumachos, hace ya 4 años. Se siguió intentando bailar jota, que lo torpe no nos quita lo tenaz, y como siempre disfrutamos mucho viendo a los que sí saben. Algún pasodoble cayó también…y llegó el momento de nuestro set.

Qué decir. Si nos hubieran dejado 3 horas más ahí nos habríamos quedado. Qué divertido es hacer a la gente bailar. Además de que nuestro público era buenísimo, nuestro escenario era un balconcito del centro polivalente que nos había montado Ove (¡mucho Ove!) y se pudo mojar a la gente desde arriba con una manguera, que falta hacía. Pusimos La sandía, pusimos Daddy Yankee, pusimos Delameseta. Se bailó, que era la idea.

Al terminar y siguiendo a las dulzainas como las flautas de Hamelin que son, fuimos a comer al polideportivo. Alubias de matanza ¡qué ricas! Aunque nos mandaron de vuelta al albergue, a sumergirnos en una siesta tan profunda que nos perdimos el taller de Paleo Perreo que se daba a las 18:00. No es perreo del paleolítico, es perreo con paloteo, que en Salamanca lo llaman paleo, y que imparte el colectivo La querida, dedicado a reconstruir ciertos elementos del folclore desde un enfoque feminista. Qué divertidas, qué pena nos dio dormirnos…en algún momento viviremos esta experiencia, prometido. 

Llegamos un rato antes de la caída del sol, para los conciertos. Ringorrango nos gustó muchísimo. Ya los habíamos visto en Allende el Folk este verano, pero en esta ocasión pudimos apreciarlos más de cerca, con más calma y detalle y wow. 8 integrantes, 83497897 instrumentos distintos y la mayoría no necesariamente pensados para hacer música (conchas, almirez, caja de pimentón, azadas, cucharas, sartenes, hoja de guadaña) y sobre todo mucho arte. Desde Zamora, ultrarecomendados. 

foto de Miguel Sánchez González

Después venía Casapalma, a quien habíamos visto ya también, no solo en Allende el folk sino en nuestro propio evento con el Virrey, en el Burgo de Osma. Son maravillosos. Y traen canciones nuevas, muy electrónicas y bailonas. Con la luna de fondo…nos hicieron olvidarnos de que no sabíamos bailar jotas. Ringorrango ya debajo del escenario, en primera fila, dando cátedra viva. El resto a nuestro aire, haciendo hasta pogos…una chulada.

foto de Miguel Sánchez González

La guinda de la jornada la ponía Jugl4ria, Kike para los amigos, con el que llevábamos compartiendo todo el finde (y que tambien pinchó en el evento con el Virrey en Burgo de Osma) mano a mano. Lo de Kike no es normal. Yo pocas veces he bailado tanto y he visto tanto bailar. Y eso que le mete bien de tralla, jotas y otros bailes tradicionales a parte. Estuvimos todo el set sin parar, distribuidos por toda la pista y sumergidos en el movimiento, sin apenas hablar. Bailando, bailando, bailando. Qué goce. 

foto de Miguel Sánchez González
foto de Miguel Sánchez González

El domingo, el festival se cerró como no podía ser de otra manera: con una ruta arqueológica y una comida popular. El ya archifamoso equipo de Cocina Derecho elaboró un arroz a la zamorana y otro a la vegetariana (igual que nosotras en el castillo) que nos comimos entre el castillo medieval y el verraco prehistórico de la plaza de Villaviciosa. Con la Sierra de la Paramera rodeándonos, todos abrazados por la Historia y la Naturaleza castellanas, pusimos el broche a un finde tan enriquecedor como divertido y jaranero. Viva Terra Levis. Vivan el junte, la investigación y el baile. Viva la gente que, como hormiguitas, a base de cooperación, puebla y cuida el territorio. Viva Bagaudas.

foto de Miguel Sánchez González
foto de Miguel Sánchez González

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