Texto y fotos: Carmen Abril
Hace un año, por estas mismas fechas, lanzamos también un sorteo y un producto.
El sorteo, una cesta de navidad con marcas castellanas locales, igual que ahora.
El producto, nuestra primera camiseta, la única (de momento, pero con eso ya vamos más adelante), la archifamosa, Make Castilla cool again.
Siempre una de cal y una de arena, hablando sin parar de nuestro libro, pero también gritando las bondades del de lxs demás.
El sorteo tuvo mucho éxito y además de reivindicar el consumo local y artesano, que es una de las cosas más importantes del mundo, nos permitió acercarnos a marcas con las que hemos terminado haciendo muy buenas migas.
El sorteo tuvo mucho éxito, pero lo de la camiseta fue una cosa inenarrable.
Sobre esto ya se escribió un artículo entero en su día, así que tampoco voy a daros ahora la turra.
Este año repetimos estructura: sorteo de marcas guays y anunciación de nuevo producto.
Pero este producto nuevo es un poco diferente.
Desde luego, es mucho más arriesgado que una camiseta blanca con una inscripción pegadiza en una tipografía chulísima. Se trata, ya lo habéis visto porque es la portada de este artículo, de una bota de vino. Y nos hace una ilusión tremenda. No queremos tirarle beef a la camiseta que nos hizo despegar, pero una T-white serigrafiada con una frase de Trump en clave irónica es un producto 100% contemporáneo. Aunque mole muchísimo.
La bota
La bota de vino se utiliza en la península desde antes de Cristo, se cree que desde la época romana. Es un objeto ancestral, etnográfico. Los que sepan un poco de historia conocen el dato de que antes se bebía más vino que agua por una cuestión de salubridad (se supone). Las cántaras y los botijos están muy bien y lo mantienen fresquito, pero llévatelos tú al campo. Además de que pesan, si se te caen, olvídate, a llorar como la lechera del cuento, que además tampoco debían ser baratos.
La bota de vino te la cuelgas como un morral más y cuando es preciso la levantas por encima de tu cabeza para libar el néctar de Baco. Caminas y se adapta a tus movimientos. No se rompe ni aunque te esfuerces. La bota de vino es un invento práctico, un objeto inteligente, una pieza de tecnología primitiva. Es una chulada. Y funciona tan bien que sencillamente ha perdurado en el tiempo, con un diseño presumiblemente muy parecido al que tenía cuando a este país nuestro se le llamaba Hispania, 2000 años.
Casi nada. Me entusiasman bastante -quizá es algo fetichista- las tradiciones precristianas que han llegado hasta el día de hoy. Y no hablo de beber vino hasta vomitar. Cuando estuvimos en los cucurrumachos de Navalosa, el carnaval tradicional de la sierra abulense, y supe que era un ritual precristiano, se me hicieron los ojos chiribitas. Para empezar, yo habría dicho que el carnaval era una cosa moderna. Cuando me explicaron que, desde tiempos inmemoriales y coincidiendo con el paso del invierno a la primavera, se celebraba (precisamente) el paso de la niñez a la adultez de los niños del pueblo (los quintos, de toda la vida), con disfraces y fiesta, me quedé de una pieza.
Todo es cultural, todo es social, pero tanto la cultura como la sociedad florecen siempre en torno a la vida, y la vida siempre es igual. Siempre hay que celebrar que los niños se han hecho mayores, siempre hay que celebrar que se acaba el invierno, siempre hay que celebrar. Y ahí entra un poco el vino. Me estoy enrollando, ya paro, pero es que es un tema que me emociona de verdad.
La bota de vino es un objeto ancestral: inteligente y tecnológico; divertido y vivencial. También es un símbolo cultural. No castellano, puesto que Castilla aún ni existía, pero sí ibérico, y desde luego también rural (España es un poco un rollo, ¿no podríamos volver sencillamente a ser Iberia? los portugueses me caen fenomenal). La bota de vino es una creación hermosa y práctica: es la respuesta a una situación del día a día en el campo, “tengo que beber, pero también tengo que caminar ¿qué hago?” y también es una pieza que habla de lo que fuimos y de lo que de alguna manera todavía seguimos siendo. Gente que bebe vino y que mantiene las cosas bien hechas por milenios.
Pero ya he hablado mucho de ancestralidad y toca venirse al ahora. Ya lo habéis visto, no puede decirse que nuestro segundo producto sea una bota tradicional o estampada al uso. Hemos contado con un diseñador que no puede ser más contemporáneo, Juan VG, para el pirograbado y los diseños. No podía ser de otra manera puesto que el dibujo primigenio, el corazón atravesado por una flecha con la inscripción SOPAS DE AJO, lo vimos por primera vez tatuado en su brazo derecho durante unas cañas junto a la catedral. De hecho y siendo francos, lo de la bota de vino fue después, íbamos a hacer toallas de playa o lo que hiciera falta con tal de replicar tan maravilloso asunto.
Es que ya solo el dibujo condensa tradición y modernidad. Un corazón un poco punki, que inmediatamente nos lleva a pensar en un tatuaje hand poke hecho en un salón entre latas y cigarrillos a las 2 de la mañana, y los gloriosos conceptos CLARETE, SOPAS DE AJO, PUCHERO, superpuestos, ya es, en sí mismo, un mix neoastellanista. Pero es que además la bota le da a todo un soporte glorioso: profundo, cultural y antiguo y también disfrutón y travieso.
I mean. Realmente podéis ir por ahí con una bandolera llena de vino bien pegadita al costillar. De fiesta, en festivales, o para subir a la montaña un día y darle una chispita de alegría a la excursión. Incluso podéis seguir customizándola por vuestra cuenta. Lo mejor de la bota es el uso que le vais a dar. Así que, sinceramente, creo que no me queda mucho que decir, aparte de “de nada”. Así que eso, de nada. Pero también gracias. Por este año, por apostar por nosotras, por vernos, por entendernos, por reirnos las gracias y por extender el mood por ahí, allende la frontera castellana. Gracias por frontear de que en vuestra tierra se hacen fiestas en castillos y se bebe el mejor vino y la gente joven está empezando a unirse y a espabilar y a celebrar, como Benito, que su madre los ha parido aquí.
Muchas gracias desde el corazón, gente. Y suerte en el sorteo.
La cesta
Dulces Toro: el mayor referente castellano cuando hablamos de dulces navideños. Otro año más, Dulces Toro participa en nuestra cesta navideña, esta vez con sus famosos Toritos de chocolate. Una auténtica delicia que te hará que te pongas con un verdadero torito bravo.
Puchero: ¿Es posible un buen café de especialidad y castellano? Pues sí gracias a Puchero y sus creadores Paloma y Marco, una castellana y un italiano que han seguido su propio camino convirtiéndose en un referente del café de especialidad y en uno de los mejores tostaderos del país. En esta cesta encontrarás una de sus últimas incorporaciones, el chocolate. En Puchero tuestan las semillas del cacao para elaborar las mejores tabletas de chocolate artesano. No intentes machacarte en el gimnasio, no vas a conseguir una tableta tan buena.
Al pan pan y al vino… En esta cesta os traemos dos variedades de vino de dos grandes bodegas (evidentemente castellanas). Por un lado, nuestros buenos amigos de Soto Manrique nos deleitan con su vino Las Violetas, un vino de denominación de origen protegida DOP Cebreros, Sierra de Gredos. Un vino tinto de uva 100% garnacha que está tan bueno que te calienta hasta el alma. Por otro lado, las bodegas César Príncipe nos llevan de viaje al espacio gracias a su Clarete de Luna, un vino elaborado con Tempranillo, fresco y divertido.
Nuestra recomendación, no seas un membrillo mezclando los dos vinos, disfrútalos por separado acompañados de un buen queso, como el curado mini de oveja de nuestro queridísimo patrocinador Pico Melero, incluido en esta cesta y con el que serás el amo de la fiesta.
Pecorea: nuestro patrocinador más dulce. Alegra tus días con este tarro de miel de lavanda. Una miel cruda extraída en frío para conservar mejor todas sus propiedades y cremada para que puedas untarla en pan como si fuese nocilla. Si Winnie de poh existiera sería adicto a esta miel.
Trapa: Para los apasionados del chocolate, una vez más Trapa nos obsequia una caja de bombones sublimes. Uno de ellos es 0% azúcares, pero aún así, cuidado, que se derriten si los dejas al sol, bombón.
Tiedra de lavanda: nuestro patrocinador de sangre violeta quiere que te mimes la piel, por eso hemos
incluido en la cesta este fantástico pack con jabón, aceite esencial y champú, adivina de qué, bingo! lavanda. Incluye también un saquito aromático para colocar en el armario.
Para cuidarte está también la crema de manos y pies Up and Down de Unavida cosmetics, unas amigas vallisoletanas chulísimas que un día decidieron unirse y crear una marca de cosmética natural y buenísima, como ellas. Se acabaron las manos como lijas y los talones como ralladores de queso.
Selectos de Castilla: una encantadora pareja de franceses deciden establecerse en tierra de campos para criar aquí el que es uno de los artículos más exquisitos de su cocina autóctona, el pato. En este estuche encontrarás un pato despiezado, confitado, listo para terminar de cocinarse en su propia grasa antes de servir y quedar mejor que el Duque de orange, Bon appétit!
Cerdoh: ya está puesta la mesa, pero sabemos que falta el jamón. Además, el que os traemos no es un jamón cualquiera, sino uno 100% ibérico (concretamente, de la estirpe Lampiño), salmantino, criado feliz en el campito y por una familia que sabe que lo bueno te deja sin palabras y te lleva a las onomatopeyas. Oh, ya lo hemos dicho, este jamón está buenísimo y mezcla todo lo que nos gusta, tradición, modernidad y gastronomía rural castellana.
Castilian horror book: ya sabemos que las cestas navideñas suelen ser de comida, pero la Navidad también es época de juguetes, aunque no estamos seguros de que este sea apto para niños, al menos, para niños miedicas. este fanzine del que somos fans recoge, en segunda edición, las historias del folklore y la fantasía castellanas más espeluznantes, la pesadilla antes de navidad está servida.
Doceleguas: esta cesta no podía estar completa sin un toque de diseño y gracias al estudio creativo Doceleguas lo hemos conseguido. Con origen en la Sierra de Gredos pero sede en Valladolid, nuestros amigos de Doceleguas nos obsequian con una preciosa lámina de dos personajes que no necesitan presentación, a no ser que seas una persona sin infancia. Nosotras iríamos buscando ya el hueco perfecto para colgarla.