Texto e imágenes cedidas por la artista
Me presento, soy Laura Merayo, tengo 23 años y comencé mi carrera artística estudiando bellas artes en Salamanca y posteriormente en Valencia, donde acabé y he realizado un Máster de Producción artística. Desde siempre me ha gustado dibujar y pintar. Mi padre no me dejaba estudiar Bellas Artes, pero, al final, entre mi madre y yo lo convencimos (no sabemos cómo) y logré estudiar lo que me apetecía. Así empezó todo.
En los últimos años de carrera, después de conocer muchas técnicas artísticas, me decanté por la pintura y comencé a desarrollar mi propia obra. No con la misma temática actual, pero sí con grafismos y trazos parecidos, al fin y al cabo: pintura figurativa.
Yo soy de Morales del Vino, donde llevo viviendo 20 años de mi vida y donde me he criado. He sido quinta hace unos años, que es como lo más esperado de cualquier persona que viva y sienta ser de pueblo jajajaja.
Al principio, que estudiaba en Salamanca, todo queda más cerca y no lo echas tanto de menos, porque ahí está. Pero estos últimos años, que me he ido a Valencia a estudiar (con el fin de encontrar la tierra prometida; el trabajo, los buenos docentes, las espléndidas salidas laborales, etc), he empezado a echar mucho de menos mi tierra, mi casa y mi familia. A veces una solo necesita rodearse de gente que sepa lo que es el Río shopping, que se haya bañado en el Duero y salido oliendo a trucha o a la que la hogaza de pan le dure una semana y le sepa rica jajajajaja (en Valencia hay mucha humedad y el pan se conserva fatal y no sabe como el de aquí…).
Aquí, en Zamora, por lo menos por mi experiencia, no hay un movimiento de gente joven que luche por su tierra y por sus costumbres, como sí pasa en Cataluña o en Valencia. Aquí, en Zamora, la gente se va. No hay dinero, no hay buen tiempo…Hay otras cosas, pero la gente de aquí, como que de primeras no le damos mucha importancia a lo que tenemos. Creo que alejarme y vivir en un sitio donde son muy de allí, donde luchan por lo que es suyo, me ha hecho llegar a este punto y a este pensamiento. Ellos por exceso de gente, por turismo, por gentrificación, y nosotros, en el polo opuesto, por falta de gente, por despoblación, por abandono administrativo y políticas centralistas. Pero menos movilizados.
Creo que todo ello me ha impulsado a realizar mi obra actual, a investigar más sobre porqué me he ido, sobre por qué nos animan a irnos fuera a buscarnos la vida, diciéndonos que como nos quedemos en Zamora, nada, que hay que salir. En el mundo de los artistas creo que son buenas las nuevas experiencias, el conocer diferente gente, los nuevos sitios y las nuevas formas de ver la vida, pero también creo que los artistas tenemos como “deber” luchar por nuestra identidad, por lo que somos o lo que nos ha cuidado algún día. Yo antes no tenía este pensamiento, me quería ir, quería conocer cosas nuevas y no miraba del todo ni apreciaba lo que tenía. Este trabajo que estoy haciendo también me sirve como autocrítica y reflexión para mí y los demás, que a veces queremos o tenemos que ( o nos meten en la cabeza que tenemos que) buscar fuera, cuando igual, en muchas ocasiones, lo que buscamos lo tenemos ya…
La crisis rural que hay actualmente en gran parte del territorio español es real y, en el caso de Castilla y León, es gravísima. Aunque yo esté estudiando y formándome fuera, me preocupa esta realidad y creo que los artistas tenemos de una forma u otra ese poder de abrir los ojos -y abrírnoslos a nosotros mismos- a través de nuestro trabajo. La despoblación, la pérdida de identidad que supone, el éxodo juvenil, la desaparición de muchas costumbres y los servicios escasos que llegan a algunos pueblos son un problema real, que yo vivo de una forma u otra y que nos afecta a todos, aunque quizá de primeras no lo veamos. Y la cosa no parece que esté mejorando. Que cueste casi lo mismo (tanto en precio como en tiempo) ir de Valencia a Madrid en tren que de Zamora a Sanabria en bus es un problema en ambos sentidos…
Con nuestra exposición Salada y olé, comisariada por la historiadora del Arte Paula Ferrín, también zamorana de pura cepa, quisimos mostrar de una forma vistosa esas tradiciones que a menudo descuidamos y a las que no damos el valor que merecen. Con los fanzines y pósters he querido ser un poco más sarcástica y crítica con problemas como los del transporte, los incendios, o la masa de madrileños que vienen en verano a los pueblos de retiro espiritual (que al final son como los guiris en valencia pero a diferente escala jajaja).
Mi fijación por las mascaradas comenzó a raíz de un artículo que leí el año pasado que decía que las Mascaradas de Zamora ya eran Bien de Interés Cultural. Me puse a investigar y a contrarrestar información sobre cuáles se seguían haciendo y cuáles no y di con un libro digital escrito por Bernardo Calvo Brioso titulado “Mascaradas de Castilla y León, tiempo de fiestas”. En él se analiza mascarada por mascarada, mostrando sus debilidades, sus peticiones, sus indumentarias, sus días de celebración, todo. En las de Zamora, que fue en las que más profundicé, había un eje común y es que la mayoría de ellas echan en falta más jóvenes y más colaboración para que perdure. Muchas se quejaban de las pocas ayudas institucionales y de la baja participación. Todo ello, y más artículos y entrevistas que fui leyendo, me inclinaron a mostrar las mascaradas como lo que realmente son hoy en día, más allá de una festividad ancestral y colorida: un acto de resistencia cultural ante la pérdida de identidad que acecha a los territorios en crisis demográfica.
Con esta exposición que reúne mascaradas, Semana Santa, Águedas, ajos, crítica… animo al público de todo tipo, pero sobre todo a los jóvenes, a observar esas tradiciones que se tienen en la provincia y que muchas veces obviamos. Creo que somos precisamente los jóvenes quienes podemos cambiar esta mentalidad y hacer algo por nuestra tierra, luchando por nuestra identidad.
A nivel técnico: uso el óleo como técnica más tradicional y lo mezclo con sprays, una técnica más contemporánea y más urbana que me permite reflejar esa dualidad entre la tradición y las nuevas contemporaneidades.
Los tamaños de las obras varían de 15 cm a 160 cm siendo unas más visuales y otras más detalladas.
La mayoría de pinturas son óleo y acrílico sobre tela o tabla. También hay fanzines y posters, e impresión digital.
Este verano he estado de un lado para otro pintando casi sin parar. Primero hice
para el Ayuntamiento de Zamora un mural en relación a los ajos zamoranos, la feria y la gastronomía, que se puede ver en la calle Santa Ana en Zamora.
También tuve la suerte de poder volver a pintar en Manganeses de la Polvorosa, en Benavente, donde siempre me tratan estupendamente y la gente es súper entregada. Allí dejé plasmadas tres águedas con sus rodaos típicos. Participé en el festival ArtAeroRap de La Bañeza y coincidí con gente maravillosa que me ha aportado mucho. Allí pinté “Cacarea” que es una niña con una gallina (que soy yo de pequeña) con connotaciones más gráficas, ha sido el mural que más disfruté la verdad, nos trataron genial. También uno en Fonfría, Zamora, y el último que hice por la zona fue en Guardo, Palencia, esta vez fue una oveja llamada Lucera la protagonista del mural, con la montaña palentina de fondo, para el festival Pispajos, también gente super entregada y hospitaria.
AAAaa y también tuve el honor de participar en la primera León Jam junto con Saúl Alija, artista zamorano y de la mano de Respública, artista leonesa.
También hace unos días estuve en Girona, en el Monart y pinté unos ajos y un ajero zamorano ¡para llevar nuestros mejores ajos de viaje por toda la península!
La exposición terminó el 12 de julio, pero podéis ver aquí la mayoría de las piezas y os animo a seguir reflexionando sobre nuestra posición, seamos o no de Zamora, seamos o no de una zona en crisis, aunque especialmente si lo somos.