Los cucurrumachos de Navalosa

Texto: Carmen Abril

Vídeo y fotos:  LPR y Víctor Beltrán

La llegada

Navalosa está escondido en la Sierra de Gredos, justo al lado de Navalacruz, su prima hermana. Lo primero que vemos después de describir la eSe infinita que traza la carretera que lleva al pueblo es una cabresa, una mujercita pequeña con pañoleta en la cabeza y un rebaño de 30 cabras, como sacada de un cuadro.

Nada más llegar al pueblo divisamos sin embargo un bar con terraza que parece bastante moderno y echa humo por la chimenea. Se nos van los pies solos hasta allí. Ponemos el primero en la terraza  y nos encontramos con Jorge Gutierrez, nuestro colaborador abulense favorito, ¡chinchín! Minuto 0 en medio de este pueblecito de la sierra y ya hemos encontrado un amigo. 

De pronto nos vemos hablando, ya vermut en mano, nada menos que con un cucurrumacho, que ahora os contamos lo que es, pero en resumidas cuentas uno de los protagonistas y perfomadores de la jornada.

10 minutos en Navalosa y ya tenemos a alguien encantado de contarnos todo, 13 y el amable cucurrumacho está corriendo a su coche para sacar la máscara y enseñárnosla. 15 y la tenemos puesta. 

Sobre los cucurrumachos

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Cucurrumacho

Cuernos de vaca, crines de caballo y mantas. Elementos más antiguos que un bosque, más viejos que la tos. Esto es importante y hay que empezar por aquí. Hablábamos de una tradición pre cristiana.  “Pre cristiana” quiere decir que no se sabe cuando se empezó a hacer, pero que de seguro hace miles de años. ¿Cómo ha podido la gente de una población seguir haciendo la misma cosa año tras año tras año tras año y así, miles de años?! Mi teoría, que ya iré desarrollando, es que es por amor. 

Me da mucha rabia tener que ser tan cursi, pero es que es así, lo que más abundaba en Navalosa era el amor y el buen rollo  y todo el mundo -menos una camareras desbordada que gruñía arriba y abajo- nos sonrió muchísimo desde el primer momento y nos invitó a vivir con ellos unos de los mejores momentos del año. 

 

Volviendo a la primera conversación en el bar; aprendimos que; 

 

El origen de la tradición es impreciso, no hay mucho consenso, pero se sabe que es un rito pagano, algo que se hacía antes del cristianismo y casi con toda seguridad antes de la llegada de los romanos.

 

Hay cientos de cucurrumachos desfilando. ¡Guala! esperábamos que fuera un escuadrón reducido, de 20-30. Naturalmente muchos de ellos no viven en el pueblo (la mayoría), pero vuelven cada año para honrar la tradición, que no está mal.

 

Cada cucurrumacho es distinto y personalizado, algunos se heredan pero la mayoría se confeccionan. Después, viéndolos, nos dejó pasmadas hasta qué punto cada cucurrumacho era distinto y hasta qué punto había imaginación y diseño en los trajes, no sólo se usaban cuernos sino todo tipo de estructuras óseas, pelajes y aparejos ganaderos.

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Cucurrumacho
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Cucurrumacho

«¿Cómo ha podido la gente de una población seguir haciendo la misma cosa año tras año tras año tras año y así, miles de años?! Mi teoría, que ya iré desarrollando, es que es por amor.»

Sobre los quintos

Los cucurrumachos, en realidad, son los personajes secundarios de la fiesta. Los protagonistas son los quintos. Los quintos -para el que tenga poquísimo mundo, son los chavales del pueblo que ese año cumplen 18- se visten “de guapos” (sombrero de escarapela ellos, traje de serrana ellas);

los cucurrumachos acompañan a los quintos y asustan y tiran paja y hacen sonar los becerros que llevan atados. 

Los guapos nos cuentan

Caminando por la calle, paramos a un chico de traje regional y le preguntamos que si va de guapo, porque ya nos ha puesto sobre la pista el cucurrumacho. 

Nos confirman, y nos perfilan un poco la información que ya traíamos:

 

El primer día (el sábado, nos lo perdimos por no encontrar alojamiento para esa noche) recaudan aguinaldo por las calles con ayuda de un adorable burrito blanco, Alfredo. Podrá considerarse maltrato animal, pero si yo fuera Alfredo estaría orgulloso de ser parte del día más importante del año y de llevar en mis alforjas paquetes de galletas, doritos, vodka knebep y demás maravillas.

Después de la recaudación tienen que ir al bosque, talar un chopo y plantarlo en medio de la plaza (y ahí se queda, hasta Semana Santa). Los quintos del año anterior llenan el agujero con piedras y porquería para que la tarea sea aún más difícil. Antaño, la plaza era de tierra y tenían que cavar el hoyo. 

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Fiesta de los quintos de Navalosa
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El burro Alfredo de Navalosa

El Vaquilla es como el sheriff de los quintos, su representante. Suele ser el que vive en el pueblo (ya que la mayoría de jóvenes están fuera), o en su defecto el que pasa más tiempo, o se echa a suertes. El nombre no tiene nada que ver con el ídolo kinki, sino con que antes se cubría con osamenta de vaca (ahora van de guapos también ¡saludo, Aitor!). Es el encargado de recoger el dinero en metálico del aguinaldo y de llevar la contabilidad de la fiesta en general (en el rito final, se le dispara ficticiamente y resucita gracias a la cencerrada que preparan los cucurrumachos, pero eso es spoiler). 

Los quintos preparan durante todo el año la festividad con reuniones puntuales que celebran en “La casa de los quintos” cedida cada año por un vecino, y con la ayuda inestimable de sus madres (que nos han ayudado a nosotras también en la elaboración de este artículo y nos invitaron a comer, saraut a todas y en especial a Ana!).

Este año celebran dos quintas juntas, 2003 y 2004, (somos viejos, queridos lectores) porque los del año anterior no pudieron hacerlo por el COVID (“kintos del 2003 los mejores” reivindica melancólicamente una pintada).

«En el porche y jardín  del Vaquilla está todo el mundo; niños, mayores…Los guapos hacen corro en unos banquitos al sol, y la verdad es que están guapos, con todos esos colores, las mejillas maquilladas»

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Fiesta de los quintos de Navalosa
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Estamos en otro bar tomando algo, porque en el primero no dan a basto para darnos de comer. De pronto viene una mujer sonriente vestida de serrana con dos platos hasta arriba de patatas revolconas y torreznos y nos invita a ir donde los quintos. Sabíamos que se hacía comida para todos en casa del vaquilla, ¡pero no que ese todos nos incluía a nosotras!  Apuramos los platos de lo que habíamos pedido y vamos para allá. 

Cocinero y ayudantes resultan ser también ultra majos y nos van contando más cosas, entre broma y broma. Las patatas revolconas y los torreznos van acompañadas de un huevo frito y a mí me dan ganas de llorar de felicidad.

En el porche y jardín  del Vaquilla está todo el mundo; niños, mayores…Los guapos hacen corro en unos banquitos al sol y la verdad es que están guapos, con todos esos colores, las mejillas maquilladas…poco a poco se van a acercando a hablar con nosotros, y nos hacemos bastante amigos. Nos enseñan sus sombreros personalizados y nos hablan del cucurrumacho mayor (el que más cencerros lleva). Como todo el mundo en su pueblo, son divertidos y hospitalarios y están deseando hablar de la tradición. 

Empieza la acción: baile y procesión

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Marcha con charanga

Les acompañamos en la marcha con una charanga compuesta por gente mayor hasta una zona donde los cucurrumachos se cambian en garajes, mientras ellos bailan pasodobles. Este es el momento de los fotógrafos. Los cucurrumachos que terminan de cambiarse primero, posan y se divierten lanzando paja a niños y a curiosos. Los diseños son increíblemente ingeniosos, no hay dos iguales. Una pelvis de tocado, una maza rematada en cráneos vacunos, una diadema de tres cuernos…

Después de un ratito de algarabía, colores y bailes, los cucurrumachos anuncian que están listos becerreando con fuerza al unísono. CLON CLON CLON CLOONNNN

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Cencerros de los becerros

Comenzamos una marcha por el pueblo con destino a la plaza. La procesión es lenta, está cuajadita de cuestas(no dejamos de estar en la montaña) y resulta alegre y misteriosa. El ruido de los becerros se mezcla con la melodía lejana de tamboriles y gaitillas. Efectivamente, hay cientos de cucurrumachos. Parecen salidos de un videojuego. Hay también muchísimos cucurrumachitos, familias enteras de criaturas de fantasía desfilando por sus anchas por el pueblo serrano, como si fueran venidas de otro tiempo. Quitando la turba entusiasmada haciendo fotos con su móvil y los no pocos fotógrafos, podría haber sido una estampa milenaria. Una forma de celebración primitiva, y al mismo tiempo, un refinado despliegue cultural, una obra de arte performativa, grupal, trazada con imaginación y gracia. Espectáculo y entretenimiento, salseo y ceremonia, con lo que hay a mano en el campo. Una chulada. 

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Procesión de los cucurrumachos

El pregón

Al fin llegamos a la plaza y, desde la balconada del ayuntamiento y junto al resto de autoridades, la maestra de ceremonias (no sabemos su nombre ni su cargo, pero era fantástica) presenta a la multitud -vía audio de whatsapp- a una poetisa local, Conce, que ha escrito unos versos de oda a Los Cucurrumachos de Navalosa (después supimos que esta introducción poética es parte de la tradición y habitualmente es la autora de los versos la que orquesta la ceremonia). Conce se disculpa por no poder estar y su amiga recita los poemas por ella. En el centro de la plaza, los quintos forman un círculo en torno al chopo que plantaron el día anterior. Formando un corro concéntrico mayor están las madres y los padres. Un tercer círculo, más difuso y abultado está integrado por los cucurrumachos. En el cuarto círculo -de puntillas y estirando el cuello las que somos bajitas- los espectadores y los medios. 

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Balcon del ayuntamiento con diferentes autoridades

 El chopo está en el centro. Mide unos 20 metros y de lo alto cuelgan tres elementos: un monigote colgado (un mono de obra relleno), un jamón y una bandera de España. A Hemingway le hubiera encantado todo esto.

“cuando las mujeres y los hombres 

oyen a los quintos llegar, 

se asoman a sus puertas 

y le dan su voluntad”

 

La maestra de ceremonias recita los poemas con bravura y candor y cada vez que termina uno, o cuando necesita coger aire, o cuando hay algo que celebrar exclama ¡Una vueltecita y un trago! 

Los quintos, agarrados de las manos al corro de la patata, giran en un sentido, y las madres en el sentido contrario. El Vaquilla, solo, en el centro, gira en el sentido de las madres, al contrario que los quintos. Los cucurrumachos becerrean. Nosotras damos un trago.

“Los padres y la madres

qué contentos están

viendo a sus hijos de quintos

disfrutando el carnaval

Viva el señor alcalde

y la corporación municipal

todo el pueblo de Navalosa

y los que nos vienen a visitar!!!”

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Vecino de Navalosa

Cuando termina de recitar los poemas, nuestra maestra empieza a recitar una retahíla distinta: la de todo lo recaudado por el burro Alfredo y los quintos. Mientras ella enumera: empanadas 12, paquetes de galletas 30, magdalenas 7, azúcar 2 kilos, 3 salchichón, 4 jamón, morcilla, patatas 19 kilos, aceite de oliva girasol, vinagre, 2 de patatas fritas…whisky 10 botellas, ron 5, ginebra 12, aguardiente 1, vermut 3, sidra 10 champán 6, vino 19 litros, vodka 3, 640 latas y 14 botellines, una de licor de manzana y otra de melocotón…Un hombre acodado en el balcón junto a ella sostiene una escopeta y parece impaciente (nos asustaría, pero nos han contado que también es parte del show). El monigote pende tristemente del árbol, la bandera oscila, el jamón suda. 

Todo es muy Midsommar y al mismo tiempo muy castellano. De verdad que estaban guapísimos. Un dron lo grababa todo, fundiendo tradiciones ancestrales paganas y la modernidad máxima.

¡Una vueltecita y un trago! El pregón va llegando a su fin. Es el turno del alcalde de decir unas palabras, y se emociona, dando lugar a una escena tiernísima. Vuelve a tomar la voz la jefa de ceremonia, y por fin anuncia que ha llegado el momento de Manolo. El hombre de la escopeta se prepara y…PUM!! PUM!!

El tumulto nos impedía verlo, pero sabíamos que, en el centro del corro, junto al chopo, El Vaquilla caía (ficticiamente) muerto. Ahora sí, la vueltecita y el trago definitivo, se suman a un redoblado becerreo, todos hacemos ruido para resucitar al Vaquilla. Al fin resucita; el círculo se rompe y padres, madres y quintos se abrazan con amor y emoción. La estampa es preciosa, dan ganas de llorar. Cuando la cosa se calma, no podemos evitar acercarnos a dar un abrazo a los quintos que hemos conocido antes, en la casa del Vaquilla.

Del ayuntamiento sacan chocolate caliente y la música tradicional recomienza.  Las parejas de señorucos oriundos bailan y todo parece una escena de una peli mediterránea.

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Vecina de Navalosa

Hasta pronto, Navalosa

Nos fuimos con el corazón muy lleno y prometiendo volver el año que viene. Nos sentimos desde hoy un poco cucururmachas y navaloseñas (quintas por desgracia ya no) y pensamos cumplir nuestra promesa. 

 

Lo más bonito de todo -y esto a lo que me refería con lo de que ha sido el amor lo que ha conservado esta tradición- es ver como unas generaciones se abrazan a las otras, el cariño que tienen por lo propio, el orgullo, la alegría. Los chavales se ponen Navalosa en lugar de su apellido en Instagram y suben sus fotos de guapos con canciones de trap actual. Eso es el costumbrismo contemporáneo, el neocastellanismo, y todo aquello con lo que venimos dando la chapa: lo feliz que te puede hacer estar con las raíces hundidas en un sitio y amarlo. Make Castilla cool againnnnnnnn, go LPR y  Aupa Navalosa.

 

PD. Como anécdota que no puedo evitar contar y que quede aquí reflejada en La Perdiz Roja; me olvidé el bolso allí, apoyado junto a un muro de adobe, y nos volvimos a Valladolid. Pudo haber sido una catástrofe, pero teníamos el contacto de algunos de los quintos, y la madre de uno de ellos me envió el bolso a casa. Gracias una vez más, Ana.

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