Texto y fotos: Jorge Contreras
“Me llamo Jorge Contreras Soto y vivo en Burgos. Hace unos años descubrí la fotografía como herramienta transformadora y gracias a mi formación he ido aprendiendo a sacar partido a las virtudes que me ofrece esta disciplina.(….)Todo este trabajo empezó por una foto de familia en la que se veía a mis tíos, a mi padre, a mi abuela y a mi abuelo sentados y vestidos de la mejor forma que se podía, plasmando un cachito de su vida.(…)
En pocas palabras, este es un trabajo documental sobre el legado de la vida en el mundo rural. En él se intenta poner en valor los proyectos que están unidos con la tierra. Este proyecto no sólo me está ayudando a descubrir de dónde vengo, si no que les ha ayudado a ellas y ellos a verse a sí mismos y a valorar lo que hacen. Recurriendo a la definición que hizo Radio Valdivielso:
“Enraíza” hace de la vida algo importante.”
Así arranca Jorge su revista. Nosotras en La Perdiz Roja aplaudimos Enraíza y le hacemos coro: esto es, sin duda “una cuestión de raíces”. Hemos querido extraer una pequeña muestra que compartir con vosotros, pero podéis acceder al texto completo aquí ¡que se extienda la raíz!
ENTREVISTA A REBECA Y LETICIA NIETO
Rebeca y Leticia (40 años ambas) son dos primas que, en un acto de relevo generacional, asumieron el trabajo del pastoreo heredado del abuelo de Rebeca. Con un rebaño de 350 ovejas, realizan queso que luego comercializan. Ambas reivindican el papel de la pastora -un trabajo bastante duro y que implica, entre otras cosas, mover muchos pesos- y son cuidadoras empedernidas de sus ovejas.
¿Cuál es vuestra vinculación con el mundo rural?
Nacimos y vivimos en Arlanzón. (Rebeca) Yo estudié en Burgos hasta completar el
bachillerato; una vez acabado el bachillerato me quedé en Arlanzón y me puse a trabajar, pero finalmente continué con el negocio familiar hasta ahora. Aún y todo tengo muy buenos recuerdos de mi niñez cuando ayudaba a mi padre. Me arrepiento de no haber podido estudiar otra cosa ya que el trabajo de ganadera es muy duro; y me frenó la distancia que me separaba de la capital, porque no disponía de transporte en aquella época ni carnet.
¿Cómo es el trabajo del pastoreo?
(Leticia) El trabajo del pastoreo es duro: los fines de semana se empieza a ordeñar a las 6:30 de la mañana, y entre semana de 9:00 a 10:30 se prepara la leche con el cuajo. Por la tarde de 16:00 a 18:00 se meten los quesos en salmuera y nos vamos a ordeñar a las ovejas; les echamos el pienso. Y entre febrero y junio, estamos pendientes de las que van a parir por esos meses.
¿Ha evolucionado mucho a lo largo de los tiempos?
(Leticia) Los valores que había hace 30, 40 años se han ido perdiendo. Las personas nos
hemos hecho más individualistas: antes había un sentir más solidario y de apoyo mutuo. Ya fuera en las labores del campo como en las tareas de casa.(Rebeca) En verano se reunían varias personas de los pueblos allegados para ayudar a esquilar las ovejas. Además, antiguamente se tenía un pastor contratado que era quien se encargaba de sacar a las ovejas únicamente. Ahora, se puede vallar el monte para que las ovejas pasten ‘libres’. Por otro lado, la maquinaria es la tecnología que ha facilitado el proceso de trabajo, porque antiguamente era muy complicado y tedioso. (Leticia) Evolucionar, evolucionar, hemos evolucionado para unas cosas pero para otras…dejamos mucho que desear.
Hablando de los productos, ¿cómo es el proceso de elaboración de los quesos? ¿Los
comercializáis después?
(Leticia) El proceso de la realización del queso es artesanal, se mezcla la leche con el cuajo, y una vez que este se haya “endurecido”, pasa por diversas cuchillas y se prensa para perder parte del suero para finalmente enmoldarlo. Una vez enmoldado, se escurre y se deja reposar unas horas para finalmente sacarlo del molde y meterlo en salmuera durante unas horas. Cuando éste ya ha hecho su proceso se mete a madurar durante 60 días. El queso tiene que estar dos meses de curación y no lo comercializamos hasta mayo (Rebeca) Los quesos del mismo día serán parecidos o iguales, pero de un día para otro salen quesos diferentes, y esto dependerá mucho de las ovejas, los pastos y la temporada. Al día podemos sacar una media de 30 quesos; una producción media de 160 litros de 180 ovejas.
Aparte de productos lácteos, ¿elaboráis otros?
(Leticia) Sí, también vendemos los corderos al matadero y la lana dependiendo el año. Por otro lado, si no fuera por la venta de quesos no nos sería rentable. Aunque apostamos por no tener intermediarios y regular nosotras mismas los precios de nuestros productos.
¿Creéis que se valora el trabajo artesanal que hay detrás de la elaboración de estos
productos?
(Rebeca) Creo que no, pese a todo el trabajo que hay detrás desde que la oveja está preñada; no saben valorar la calidad del producto y ver el proceso de su elaboración. El sector primario es el más necesario y menos valorado, no lo quiere nadie ya que es muy sacrificado. A la gente le gusta la vida cómoda, trabajar de lunes a viernes, treinta días de vacaciones y fines de semana libres.
¿Os sentís excluidas como mujeres y pastoras en el mundo rural?
Nos sentimos olvidadas ya que siempre en este oficio se refieren a los hombres (ya que es un trabajo de hombres), porque se requiere mucha fuerza y se trabaja de lunes a domingo sin festivos. Si es que entras en tu rutina, en tu mundo, de que mañana tienes que ir a trabajar, y pasado y te olvidas un poco de lo que son las fiestas.
(Ríe)
(Rebeca) Mi padre se jubiló hace 3 años y decidimos embarcarnos de pleno en el pastoreo. ¿Inconveniente? Que como mujer, a veces, te ves superada por la crianza de los niños, la casa y las ovejas. La mujer, como mujer tiene una carga mayor por ser madre. Igualdad, igualdad…, hay trabajos que no puede desempeñar el uno o la otra, solamente por fuerza física…, aunque a veces, más vale maña, que fuerza.
¿Cómo veis el apoyo de las instituciones en el mundo rural?
(Leticia) Creo que los políticos hacen mucha publicidad y que a la hora de la verdad todo se queda en palabras. Nosotras tenemos la suerte de poder vivir en un pueblo que se encuentra cercano a Burgos (20,4 km) donde el médico con la pandemia va todos los días. De cara a llevar a nuestros hijos al colegio, vamos al de Ibeas de Juarros, donde nos ponen el transporte y el comedor gratis. En Arlanzón se encuentran viviendo 7 niños, los cuales no han sido suficientes para mantener la escuela abierta haciendo que los deriven a Ibeas. Y además en Arlanzón también disponemos de farmacia y los productos de primera necesidad se pueden adquirir en Ibeas.
¿Qué pensáis de la llamada “España vacía”?
Es un error del sistema. Cada día hay menos gente ya que no se toman medidas reales. En Arlanzón hubo 500 habitantes y con el boom de las fábricas en Burgos la gente abandonó el pueblo, en aquel momento es cuando se tenía que haber luchado por mantener vivo el mundo rural. Creo que se tiene que crear empleo en el medio rural para así no tener que depender tanto de las ciudades.
¿Creéis que el mundo rural es para todo el mundo?
(Rebeca) El mundo rural es muy bonito en verano, pero en invierno hay que estar aquí… Yo porque ya estoy curtida, que lo he mamado toda mi vida, pero para la gente que se viene al mundo rural es un desafío los primeros años. A mis hijos les empieza a gustar este mundillo ya que van mucho con su abuelo. Pero esto hay que vivirlo.
ENTTREVISTA A MIGUEL SOTO
Miguel Soto (55), militante ecológico. Desde 1990 ha estado en una lucha ecologista contínua integrado en agrupaciones como AEDENAT o Ecologistas en Acción. “Al final abrazas todas las causas sinceras y justas.”
¿Qué vinculación tienes con el mundo rural: qué te ata?
Provengo de la Castilla agrícola donde el acaparamiento de la tierra creó grandes bolsas de pobreza y obligó a la emigración masiva de personas jóvenes a las ciudades deshumanizadas.
Yo no nací en mi pueblo, Cilleruelo de Abajo, pero pasé gran parte de mi juventud en él ayudando a mi abuela en todo lo que podía y disfrutando del trabajo y del entorno. Compramos la casa en Salgüero de Juarros hace 32 años, una casa de piedra donde apostamos por la reutilización y el reciclaje del material de derribo, porque tiene varias vidas. También he ido reparando junto a mis hermanos y mis padres la reconstrucción de la casa con materiales ecológicos. Volver al mundo rural, en ciertos aspectos ha sido cerrar heridas.
¿Qué significa para ti la Madre Tierra?
Como concepto sociológico: plena felicidad, desde los desiertos, hasta los bosques boreales*. Desde una visión cosmogónica, en un planeta convulso, saber apreciar la belleza de un paisaje antrópico, hasta la riqueza de biodiversidad que puede aportar por ejemplo, la dehesa centenaria.
¿Crees que nuestra acción ha repercutido mucho en ella?
La acción humana es una realidad, por eso debemos preservar los espacios vírgenes.
Bután cambió el producto interior bruto por índice de felicidad, entendiendo al ser humano como parte de un paisaje preservado. La siguiente medida fue la eliminación de pesticidas en la agricultura; como Cuba, que también se sumó a esta medida. Muchas verán esta decisión como anecdótica, pero el colapso de los fertilizantes y la desaparición de aves e insectos polinizadores es un hecho dramático, con graves consecuencias para la salud.
¿Qué importancia tiene el decrecimiento y el medio rural?
El decrecimiento es inentendible si no somos capaces de ralentizar nuestra vida diaria y no sólo es un concepto físico, también es existencial. El decrecimiento no es sólo abandonar el feroz consumismo para vivir igual, es recuperar todos aquellos espacios físicos y emocionales que día a día nos roban, y en el mundo rural se puede por las grandes ofertas que se nos ofrecen nada más abrir la ventana. En el aspecto físico, en el mundo rural todo tiene una doble o triple vida, que obliga constantemente a utilizar la imaginación de una forma casi mística. Vivir con menos es posible y es una escalera hacia una vida plena.
¿Crees que los valores de la tierra deberían impartirse en las escuelas?
Hoy en la escuela no se enseña que la felicidad no reside en el éxito material constante o que la acumulación de títulos te asegura una salida profesional. En el mundo rural hacen falta alfareras de la deconstrucción, espeleólogos de lo micro que nos muestren la belleza de un territorio libre de infraestructuras, donde enamorarnos de aguazales, un buen libro o de la lluvia en otoño.
¿Cómo crees que está afectando las nuevas formas de cultivo y explotación al
medio, al clima y al paisaje?
Desgraciadamente estamos inmersos en una guerra contra nosotras mismas. Las terroríficas consecuencias las estamos viendo: pandemias, cambio climático, pérdida de biodiversidad, desaparición de los bosques autóctonos, etc. La irrupción de las grandes superficies ha arrastrado a la agricultora y ganadera a producir alimentos a gran escala y de escasa calidad. A nivel local vemos cómo se sigue destruyendo el suelo en inmensos monocultivos para obtener un producto de escaso valor que está arruinando la agricultura y dañando los ecosistemas, haciéndonos enfermar.
Si entramos en el terreno ganadero ha dado paso a la desaparición de la ganadería extensiva y aparecer las macro granjas que están acabando con las pequeñas explotaciones ganaderas y apenas crea empleo, si ha esto lo unimos a la enorme demanda de agua y la irresoluble solución de transformar los residuos, hacen de estos mamotretos una nueva lucha donde las organizaciones agrarias, municipios y colectivos ecologistas están obligados a entenderse para evitar su expansión.
Según tú, ¿qué desarrollo debiera de darse en el mundo rural y en el agro para
avanzar a esa utopía arcadia?
Es una cuestión compleja, como piedra angular, deberíamos renunciar a todo lo macro, y ahí entran los cultivos, granjas, parques eólicos y solares, urbanizaciones, grandes infraestructuras, porque han demostrado ser un punto de fuga para la población rural, que agrava la situación al dejar sin “guardianes del territorio” a nuestras provincias.
¿Crees que debería cambiar esa visión por el mundo rural, para su vuelta a él?
La vuelta al pueblo resulta difícil y debe abrirse al movimiento anticapitalista, decrecentista a través de vivienda social de alquiler barato, cesión de huertas, pequeños gallineros y espacios comunitarios donde poder realizar actividades culturales ajenas a los grandes focos. Sería utópico pensar en la expropiación a grandes corporaciones y terratenientes, pero para llevarlos a cabo haría falta una acumulación de fuerzas. Así que de momento seguiremos hablando con pequeños ayuntamientos,que es más factible.
¿Qué futuro tiene el mundo rural?
Ojalá me equivoque, pero avanza hacia el desierto humano, receptor de unas pocas familias los fines de semana y los meses de las vacaciones estivales y no será por herramientas. Hoy, en una Europa rica, se debería avanzar hacia una renta básica universal incondicional que podría posibilitar una vuelta al pueblo. Ligando esto, debemos recuperar servicios básicos (sanidad, educación, derecho al agua y a la luz, …) para intentar romper esa barrera emocional que nos deja estáticos en nuestras ciudades colmena, cada vez más despersonalizadas y degradadas. No pocas ofertas de casas en pueblos aparecen por parte de particulares, administración o patronales y exigen que sean de población española cuando de sobra se sabe que esa es una batalla perdida. Las ciudades son los espejitos que los conquistadores regalaban a los indígenas en América y que les despojaron de todas sus riquezas a cambio de nada. La vida rural es como una matrioska llena de capas que nos va enseñando a apreciarla en cada momento. Pero también es para los grandes espectadores un nuevo nicho donde invertir de forma despiadada. Parafraseando al tango porteño, podríamos decir del mundo rural “no me quieras tanto, quiéreme mejor”.
*Bosque boreal: se concentran en torno al casquete septentrional del globo terráqueo y representan un 29% de la superficie mundial cubierta por bosques.
ENTREVISTA A DEMETRIO DELGADO
Demetrio, padre de familia y natural de Riocerezo (Valle de las Navas, Comunidad Autónoma de Castilla y León) gestiona su pequeño proyecto en Ibeas de Juarros, “EDUCACIÓN Y TIERRA (2004)”, que trae y mantiene vivas las tradiciones y culturas de nuestros ancestros. Lo mismo hace un adobe, que hace hilo con la rueca, elabora pan o hace jabón. Sus aportaciones al mundo rural y su trabajo durante casi 40 años han dado su fruto y han traído un reconocimiento detrás: el premio “Fuentes Claras”, que recibió este año.
¿De dónde eres?
Me crié en una familia de agricultores en el medio rural y pastoril (señala unos cencerros), cuando los cencerros suenan nos recuerdan de dónde venimos. Acabé la mili y empecé a trabajar en una fábrica durante unos años y al final lo dejé, porque no encontraba mi sitio.
¿Y de dónde surge tu vinculación a la educación ambiental?
Aposté por la educación ambiental, la verdad, la influencia me viene de la pasión que Félix Rodríguez de la Fuente transmitía, y aparte porque a mis 21 años me llegó la revista Natura y fue donde empecé a aprender y conocer los problemas ecológicos que había. Empecé como monitor de campamentos para hacer que los niños y las niñas conectasen con el medio rural y la naturaleza. Los organizaba en Riocerezo con la gente joven del lugar y alrededores. Con 35 años creé “El Grupo de naturaleza Riocerezo” que tuvo muy buena recepción por parte del público más joven. Gracias a las ayudas recibidas, contraté a monitores y realizamos dos campamentos en Huerta del Rey y otro en Tablada del Rudrón .
¿Dirías que el hecho de nacer en pueblo te hizo más propenso a amar el mundo rural?
Si te soy sincero, (remarca) todo lo que viví en mi niñez; recolectar bayas,
cazar o recoger plantas, me hizo ser lo que soy actualmente, porque todas esas vivencias las he ido extrapolando a mi actual proyecto, ya que he ahondado en mi memoria y en las enseñanzas de mis padres. Realmente, siento que necesito el medio rural para vivir. Aquí se vive con más libertad y estás más conectado con la tierra.
¿Cómo ves el mundo rural?
El mundo rural está un poco en decadencia debido a la pérdida de valores y a su sabiduría. La verdad es que creo que será difícil recuperarlos, pero eso no quita que sea imposible. También decir que entre los que somos de este mundo, esos valores de ayudarse mutuamente siguen muy interiorizados. Por ejemplo, en la época de la siega, por muy malo que estuvieses, no se quedaba tu cultivo sin segar, la gente del pueblo lo hacía por ti o en el reparto de los bienes, nadie se quedaba sin algo que llevarse a la boca. Sinceramente, había un espíritu más colectivo. Había espíritu de colmena.
¿Cómo surgió el proyecto de Educación y Tierra?
Tras los primeros años con “El Grupo de naturaleza Riocerezo”, unos años más tarde un par de conocidos compramos un emplazamiento donde había un molino y dos hectáreas de terreno, pero como cada uno teníamos una idea diferente de cara el proyecto lo deje. Y fue entonces en 2004 cuando creé el proyecto de EDUCACIÓN Y TIERRA, en Ibeas de Juarros, con la idea de apostar por el conservacionismo y la educación ambiental. Pese a que mis familiares me insistían en dejarlo, seguí apostando por el mundo rural y el proyecto por el que llevaba luchando unos cuantos años. Éste, ha tenido mejor recepción y ahora, para mí, el dar un paseo por el monte con un grupo de gente y que conozcan la flora, que yo les hable de todo lo que me han contado los abuelos y he investigado, es increíble y maravilloso .
¿Qué tipo de cursos impartes?
Doy cursos para todas las edades sobre cosméticos naturales, pan, utilización de plantas, proceso y creación de jabones, etnobotánica y un largo etcétera.
¿Cómo ves el tema de las tradiciones rurales y su legado?
Las tradiciones las veo como una salida: siempre ando buscando testimonios y personas que puedan enseñarme más de lo que pueda saber, porque son sus experiencias personales. Gracias a consejos, vivencias ajenas y nuevos aprendizajes han hecho que mi economía se centre en el decrecimiento y en la subsistencia como una manera más de posicionarme. […] La mayor parte de mi formación ha sido a base de investigar de pueblo en pueblo. Tengo muy buen recuerdo de todas las personas a las que visité, como a Angelines y Lucía quienes me enseñaron a hilar con rueca. Creo que todo el aprendizaje ha sido prueba y error hasta obtener el resultado que quería. Y aprender de las antiguas tradiciones es un regalo. Otro de los lugares en los que pasé horas para mi formación fue en Madrid, una escuela en la que se enseñan tradiciones rurales, una especie de «taller de las tradiciones».
¿Cómo te defines a ti mismo?
Me considero un embajador ambiental de las costumbres de mi tierra. Porque pese a ir un
poco contra el sistema, no podemos huir de seguir utilizando cosas a las que estamos atados. Me siento un padre con buena situación familiar y que se puede dedicar íntegramente al proyecto que tengo entre manos y a la crianza de mis hijos, siempre respaldado por el gran apoyo de mi mujer. Agradezco desde hace mucho que gracias a todo esto, puedo llevar la sabiduría que aprendí y tengo a la práctica, cultivando la huerta, cuidando de mis colmenas o manteniendo a las gallinas.
¿Dirías que hay un estigma contra el mundo rural?
Admito que mi trabajo en el mundo rural es una lucha contracorriente, las personas que estamos sensibilizadas con el medio natural en el medio rural estamos demonizadas; siento que moralmente hace mucho daño pero que es algo con lo que se tiene que lidiar.
¿Tienes más proyectos abiertos o en qué andas ahora?
Estoy detrás de la elaboración de un libro, conocí a Emilio Blanco, un etnobotánico español, y tras años de amistad y de compartir sabiduría, Emilio me animó a preparar un libro sobre etnobotánica de la provincia de Burgos. Cuando empecé la recapitulación, me pareció apasionante porque ha sido para mí un proceso de 8 años descubriendo y aprendiendo sobre nuevos usos de las plantas en la zona de Lara y otros lugares de la provincia. También he tenido que recordar mi primer pueblo, que fue Quintanalara en la cantina. Ahora estoy profundizando la investigación en la zona de Merindades, llevo algo más de un año por esta zona y también recorriendo más comarcas.
¿Cómo ves el futuro del mundo rural y qué crees que debe cambiar?
Veo alternativas; veo que la juventud vuelva al mundo rural porque llegarán con una visión distinta de la que yo tengo o tuvieron mis antepasados, vendrán de una forma más sostenible, mejor llevada, con más amplitud de miras… Creo también que esta crisis va a servir de lanzamiento para empezar a repoblar la España vacía, ya que en el medio rural hay una mayor tranquilidad, aire limpio… ¡Todo son ventajas! Y aunque crea que realmente es necesario una nueva forma de producción y de consumo, creo que se deberían favorecer al pequeño productor y al de cercanía. Y aunque se estén perdiendo ciertos valores en el mundo rural ya que no se ayuda a la gente que reside en ellos, creo que podremos volver a tener un mundo rural tan enriquecido como era antes.