El Berrocal de Ortigosa del Monte (Segovia) es un lugar mágico. Un paseo por este singular paisaje granítico nos traslada a tiempos remotos, tiempos tan distantes y desconocidos que quizás no alcancemos ni a imaginar. Viajamos a una era atávica, primitiva, de la que surge aquello que se erige ante nuestros ojos. Nos dejamos llevar 300 millones de años atrás, en el Paleozoico Carbonífero, cuando se comenzaron a formar estas imponentes y majestuosas rocas entre las que podemos deambular con sólo viajar a pocos kilómetros de la moderna y turística capital. Para que nos hagamos una idea de qué sucedía hace 300 millones de años, debemos imaginar un mundo tan antiguo que incluso los continentes estaban unidos debido al movimiento de las placas tectónicas, formando uno solo, la Pangea.
Europa estaba en el ecuador. Hablamos de una era en la que el nivel de oxígeno era tan alto que las aves no podían vivir en los bosques, cuyos árboles por cierto superaban los 20 metros de altitud. Además, los insectos podían llegar a ser tan grandes como un ser humano. En esos tiempos se formó este impresionante lugar, en el que se entremezclan formaciones naturales, agrestes e intactas, y rocas en las que claramente se aprecia el modelado del hombre, pues el Berrocal fue el lugar escogido para fundar, millones de años después, una de las canteras más importantes de la provincia de Segovia. Aunque solemos pensar automáticamente e el Imperio Romano cuando se trata de cosas relacionadas con la ingeniería y la arquitectura (y con razón, especialmente en Segovia), esta cantera ya estaba en explotación antes de que los romanos se asentaran en Hispania.
Descubrir este lugar da vida a las ensoñaciones de nuestra mente, que hacen que las rocas tomen la forma de figuras fantásticas de granito que observan vigilantes al paseante que se adentra en este singular jardín. Y es que la palabra berrocal se refiere precisamente a un paisaje extenso de bloques graníticos de formas caprichosas.
¿Parecen animales?, ¿es aquello un elefante?, ¿me está observando? Nuestra razón sin embargo nos recuerda que estos gigantes son tolmos y bolos, figuras que alcanzan nada más y nada menos que hasta cinco metros de altura.
Adivinar a qué nos recuerdan estas espléndidas rocas cargadas de historia, imaginar a los sacrificados trabajadores de la antigua cantera tallando la piedra, o cavilar qué podría estar sucediendo millones de años atrás cuando estos gigantes bloques apenas comenzaban a tomar forma, son algunas de las razones por las que merece la pena visitar este enigmático y bello paraje segoviano. Aunque no fueran ellos quienes comenzasen la cantera, es en este Berrocal donde se situaba la cantera de la cual se extrajo en tiempos del Imperio romano gran parte del granito que da forma al Acueducto, esa magnífica construcción erigida en tiempos de Trajano ¿o quizás ya de Adriano? En este último dato los historiadores no parecen ponerse de acuerdo, pero sigue siendo mágico pensar como una construcción tan majestuosa como el Acueducto, el máximo símbolo de la ciudad, es producto de la tierra misma, de la formación de esas rocas del Berrocal a escasos kilómetros de esta localidad.
El Berrocal está situado al oeste de la localidad segoviana de Ortigosa del Monte, si bien una pequeña parte pertenece al municipio de Otero de Herreros. Ortigosa es un pequeño pueblo al pie de la Sierra de Guadarrama que se encuentra a 20 km de Segovia capital. Este yacimiento arqueológico de aproximadamente 250 hectáreas está catalogado como Paisaje Protegido desde 2006 por las directrices de ordenación del territorio de Segovia y como lugar de interés geológico. Dado su extraordinario valor, el Ayuntamiento de Ortigosa del Monte y la Junta de Castilla y León incentivan la investigación arqueológica y geológica del Berrocal con el objeto de concretar las características de esta cantera y las formas en las que fue explotada.
Para llegar al Berrocal hay que recorrer 2 km desde el centro de Ortigosa del Monte y seguir una pista de tierra bordeada por vallas de piedra bien estructuradas pues en la zona podemos encontrar ganado pastando en las fincas aledañas. Al adentrarnos en la cantera podemos observar que existen diversos senderos que nos invitan a deambular y a admirar las gigantes formaciones desde distintas perspectivas, como si el paisaje se jactara de su divinidad e indujera al paseante a descubrir y admirar la magnitud y el cierto aire de misterio de lo allí presente. Mientras la imaginación vuela ante esta exhibición de la naturaleza, la razón nos hace sospechar que es muy posible que estos caminos sean muy antiguos y tuvieran una funcionalidad, facilitar el tránsito por los distintos enclaves de la cantera cuando esta estaba operativa.
En este asombroso lugar encontramos multitud de trozos de piedra que una vez extraída, fue tallada y labrada en forma de cornisas o sillares, pero finalmente abandonada. Quién sabe cuántas tallas similares a éstas pudieron finalmente acabar en muros y fachadas a las antiguas villas romanas de Segovia, y no solo en las construcciones de aquellos tiempos, sino en las de cientos de años después, pues es sabido que el Berrocal fue aprovechado intensamente hasta el siglo XIX. Curiosamente, las formas de extracción de la cantera fueron prácticamente las mismas desde la época romana hasta los últimos años de la cantera. Para crear bloques con facetas lisas y a la vista de las marcas que manifiestan los restos de granito, parece que la extracción se iniciaba con la apertura de ranuras con cinceles de hierro, en las que posteriormente se introducían estacas que se humedecían para que incrementaran su volumen y causaran la rotura de la piedra. Después, se tallaban los bloques con la dimensión y el acabado propicio en cada caso.
Además, la vegetación que convive con estos gigantes bloques hace aún más atractivo el paisaje. En nuestro paseo, podemos caminar entre bosques de robles, fresnos o encinas testigos del espectáculo. La planicie al pie de las montañas hace que sea este un lugar luminoso y facilita escudriñar sus recovecos y colarse entre las sombras que confieren los gigantes tolmos y bolos.
El Berrocal de Ortigosa del Monte nos hace recordar que hubo un tiempo de intensa actividad en los pueblos donde había cabida para distintos oficios. Admirando estos resquicios de épocas pasadas nos deberíamos de preguntar si seremos capaces de crear un futuro en el medio rural tan intenso y próspero como una vez fue. Cabría reflexionar si echar la vista al pasado ha de entenderse únicamente como un mero ejercicio de nostalgia, o más bien como una inspiración, como un mecanismo de propulsión para que nos afanemos en encontrar nuevas vías para repoblar el campo. Si bien la cantera lógicamente ya no será explotada y seguiremos disfrutando de su espléndido paisaje protegido, sí debemos replantearnos cómo renovar otros oficios, qué hacer para repoblar el mundo rural.
La zona ofrece muchas posibilidades para guías turísticos de observación de la naturaleza y para aficionados a la geología, y su incalculable valor medioambiental ha incentivado la apertura de números alojamientos rurales. Muchas rutas senderistas, ya sean a pie o a caballo, atraviesan este lugar, que además atrae a decenas de científicos, y se esperan inversiones para llegar a conocer mejor este paraje. Tanto el Ayuntamiento de Ortigosa, la Diputación de Segovia o Parques Nacionales promueven su uso sostenible, el turismo y la investigación y divulgación arqueológica. Por supuesto, todo este esfuerzo es esencial para proteger el paisaje, pero al mismo tiempo para nutrir otro elemento imprescindible del patrimonio de la zona: sus habitantes, que constituyen el futuro del entorno.