El almendro

Texto y fotos: Miguel Sánchez González

Tierras construidas

El ser humano, en su afán por aprender de todo aquello que le rodea, siempre ha sabido ver la tierra que queda bajo sus pies, mirar hacia al cielo, fijar la vista en el horizonte y valorar las formas de vida que le circundan. 
 
Mientras rodábamos el documental «Tierras Construidas» sobre el pintor vallisoletano Félix Cuadrado Lomas, éste nos comentó un día que un paisaje lo forman la naturaleza y la cultura de las personas que lo habitan. En el caso de la meseta castellana esto se hace evidente en tanto a que las labores de labranza y cultivo han cambiado totalmente la morfología del terruño durante siglos.
 
Cuadrado Lomas creó en su manera de entender el paisaje castellano el concepto de «Tierras construidas», y a él principalmente, y al director del documental, Arturo Dueñas, les debo la oportunidad de haber conocido este concepto. Desde que vi y entendí la manera de retratar el paisaje del célebre pintor nunca he vuelto a mirar el campo de la misma forma.

Los árboles

Sin embargo hay algo que suelo echar en falta en el poderoso paisaje castellano: el árbol. La ausencia de éstos en sus cuadros se da sencillamente porque no suelen existir en la realidad que retrata. 
 
Un árbol da sombra, echa raíces y, si pensamos en el rédito máximo que se le puede sacar a la tierra de cultivo, eso se traduce en ciertas incomodidades; pero un árbol que da sombra también da cobijo, genera oxígeno (casi nada), ofrece descanso placentero al que cultiva la tierra, y otorga verticalidad a la horizontalidad del paisaje (oxigenando, también, la vista).
 
Un árbol en medio de un terreno de cultivo siempre será una cosa que me llame la atención en el paisaje castellano. Siempre me parecerá que tiene algo de poético, y siempre me imaginaré que detrás de la conservación y cuidado del mismo hay una intención romántica, una declaración de amor hacia este ser vivo por parte de la persona que labra la tierra. 
 
“Los árboles ciertamente tienen corazón” decía Henry David Thoreau, filósofo y escritor estadounidense del siglo XIX, reconocido como uno de los primeros naturalistas del mundo. 
Y es que se ha escrito mucho y desde muy antiguo sobre el amor hacia los árboles. Y si se ha escrito es porque se ha sentido.
Agosto nocturno
Almendro | Fotografía de Miguel Sanchez Gonzalez

Pensar en el futuro

El paisaje de la meseta castellana -o, en este caso concreto, del Cerrato Palentino- es el que es, y yo siento amor hacia él al observar las formas de las linderas que lo dividen; las curvas y rayas que gravan en la tierra los surcos, las formas geométricas de las parcelas, las bajadas y subidas de los cerros y páramos, los cambios cromáticos que se hacen palpables en la vegetación según la estación del año, los grandes cielos estrellados y las horizontalidades infinitas.
 
Pero igual que un día fue evolucionando hasta ser el que hoy conocemos, este paisaje seguirá cambiando con el tiempo, y resulta bonito pensar en todos esos arbolitos que pueden crecer con los cuidados y el cariño tierno que sólo una persona que vive de su propia tierra y de lo que cultiva podría darles.

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