Texto: Carmen Abril
Collage: Marina González
Aniversario pandémico: no olvidar repensar
Ha pasado un año desde que empezó en España la «pesadilla covídica». Un año desde que empezó todo; el Estado de alarma, la pandemia, la cuarentena; un año de maldito virus. El panorama sigue siendo peliagudo, inestable, cansino y, por decirlo mal y pronto, una mierda auténtica. Pero también sigue siendo un momento ideal para replanteárnoslo todo y una buena oportunidad para revisar nuestra escala de valores; qué nos hace de verdad felices, qué queremos hacer con nuestra vida, cosas así.
Ahora que ya nos estamos acostumbrando hay menos espacio para la reflexión, pero durante los primeros meses de encierro, acuérdense, volvieron a cobrar valor de una forma muy marcada cosas que antes nos resultaban obvias y nada valiosas: dar un paseo por el campo, ser capaces de perder la mirada en un horizonte diáfano, ir andando tranquilamente a los sitios, quedar a tomar algo con el puñado de amigos de siempre… Muchas cosas que antes dábamos por hecho se convirtieron de pronto, privados brutalmente de nuestra libertad por unos meses, en lujos incalculables.
Tiempos de cambio
«Crisis» viene del griego «krisis» y éste del verbo «krinein», que significa «separar» o «decidir». Los tiempos de crisis, aunque jodidos, suelen ser ideales para repensar, para desplazar unos paradigmas por otros, para cambiar de prisma. Desde LPR creemos que, aunque haya pasado ya un año, éste sigue siendo un momento especialmente propicio para alzar la voz por una visión nueva de Castilla: Castilla valiosa, llena de e s p a c i o y de Naturaleza, Castilla preciosa, acogedora; Castilla original y reventona de historia y de arte, de calidad; Castilla ecológica, sana; reservorio de ruralidad y de cultura de campo.
Ya lo dijimos en el artículo de la profecía autocumplida: este es un problema complejo y hay que entrarle desde todos los flancos, incluido el ideológico. Y estamos convencidas de que, aunque una mierda, los tiempos de COVID son también un momento particularmente bueno para reposicionar Castilla en el imaginario colectivo joven.
Aunque en LPR tenemos muchísimas cosas que decir (y que hacer), esta es una de las más urgentes y fundamentales: Jóvenes que habéis vuelto, quedaos. Intentadlo al menos, por Dios, quered quedaros.
Aquí os dejamos con un pequeño hexágono de claves para transformar este momento tan difícil en reflexiones útiles sobre la vida y las cosas.
¿Qué se puede aprender del virus?
Lógica territorial
Que el hacinamiento poblacional tiene consecuencias. Parece una bobada, pero la arquitectura urbanística ha evolucionado desde siempre conforme a parámetros de salubridad e higiene. Las grandes crisis por enfermedades infecciosas (la peste, la gripe española) desembocaron siempre, a la larga, en un replanteamiento del modelo de distribución de la población en la ciudad. Quizá ha llegado el momento de ir más allá y replantear no sólo la arquitectura y distribución urbanística, sino la redistribución de la población a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Es el momento ideal para plantear una mejora de las comunicaciones que hagan de la vida “deslocalizada”, de la vida en el campo (que además, tras el confinamiento, se ha revalorizado), una posibilidad.
Antigeneracionismo
Que hay que cuidar a los ancianos, que son frágiles y son pozos de saber que se perderán cuando se vayan. Ocurre desde hace décadas: la perspectiva de envejecer y morir nos repele y asusta. Las personas viejas, que la encarnan, nos dan cada vez más reparo, más pereza. Vivimos en la época de la prisa y no tenemos el tiempo ni la paciencia que requiere relacionarse con ellas. Así pues, en un mecanismo progresivo -y tan natural como cruel-, vamos haciendo como que no existen. Cuando por fin un día nos faltan, nos lamentamos y nos hacemos cruces pensando en todo lo que podríamos haber hecho o aprendido con ellos. Como sociedad, y también como individuos, hay que tener otra actitud ante la vejez. De admiración y respeto, no de grima y terror. Ya hablaremos de esto con más detenimiento en el futuro.
Teletrabajo
Que el teletrabajo es una posibilidad y no es estrictamente necesario residir en Madrid para trabajar allí. Cuando decimos que las comunicaciones han de mejorar para que la población pueda distribuirse de una forma más equilibrada y sana por el territorio, no nos referimos sólo a trenes ultrarrápidos y mejores carreteras (que desde luego), sino también a una buena conexión a Internet en todo el territorio. La pandemia y la cuarentena pusieron de relieve que son muchísimas las profesiones que pueden llevarse a cabo, aunque sea de forma parcial, desde casa, o mejor dicho, desde el portátil. También que hay muchas zonas de la España vaciada donde un portátil vale de poco, porque la conexión apenas llega. El teletrabajo es una posibilidad factible, aunque se necesita cierto despliegue de medios para que lo sea en todas las zonas del territorio nacional.
Pueblos y salud
Que hay que mejorar el sistema sanitario de los núcleos rurales. Ambientalmente hablando, los pueblos son enclaves de salud. Al mismo tiempo, sin embargo, son espacios donde la falta de una cobertura sanitaria efectiva es en muchos casos una realidad apremiante sobre la que se viene tratando de llamar la atención en los últimos años y cuya subsanación resulta condición necesaria para atraer nuevos grupos de población y -quizá más necesaria aún- si se quiere mantener a los antiguos.
Refugios
ESPECIALMENTE IMPORTANTE ‼️
Que es más importante que nunca apoyar el comercio local, que está en peligro de muerte y que, de alguna manera, es una parte insustituible del patrimonio nacional y regional. Con el coronavirus es muy posible que ocurra con el comercio una suerte de concentración parcelaria o, para los que no sean de campo, algo parecido a lo que viene pasando con los bancos. Pez grande se come al chico, y donde antes había 300 mini empresas ahora hay 6 que tienen a todos los anteriores propietarios como empleados, con todo lo que eso supone.Ahora, más que nunca, hay que consumir bien. Las PYMES; las pequeñas fruterías con nombre de señora que efectivamente regenta esa señora, o las empresas de transporte «Fulanito e hijos», incluso los comercios cuyo nombre es la fusión de dos apellido en comic sans; son patrimonio etnográfico. El consumo consciente es una herramienta política y social más efectiva que el voto. A este tema le dedicaremos un artículo entero en algún momento así que tampoco lo alargamos ahora.
En fin
Que Castilla es siempre un hogar al que volver. Sano, ancho, tranquilo pero intenso. Un espacio donde regocijarse, extenderse, relajarse, donde sentirse más en conexión con el campo y con los demás. Un privilegio.
Que el futuro, si queremos -y deberíamos querer- es rural. Cuanto antes alcemos la vista al frente y nos preguntemos de verdad qué puede ofrecernos Castilla y qué necesita para que podamos establecernos con comodidad en ella; y cuanto antes nos pongamos manos a la obra para hacerlo real, mejor. Estaremos haciendo algo realmente más valioso -por nosotros, por nuestra tierra y por nuestros hipotéticos hijos- que con trescientas horas extra en una bigfour. Cuidemos el legado patrimonial (artístico, natural, cultural). Cuidémonos. Cuidemos Castilla.
Quédate en Castilla
Desde LPR lanzamos la iniciativa #QuédatenCas(till)a; por la reconciliación de los jóvenes castellanos con sus raíces, por el refrenado del éxodo a través de la revalorización de lo nuestro, por Castilla y todos sus compañeros, y nos presentamos de nuevo ante vosotros, gran masa heterogénea de Internet, tratando de poner en valor el espacio de salud y privilegio existencial que son los pueblos, invitándoos a repensar, aunque sea sólo en vista de la situación actual -de crisis mundial-, la circunstancia de Castilla y vuestra relación con ella.
Castilla es casa y aunque, como en los juegos de la infancia, solo corremos a “casa” cuando vemos las orejas al lobo y están a punto de pillarnos, ya no somos niños, no del todo, no por mucho tiempo.
Amigos, daos cuenta.