Hace cosa de un par de meses me escribió Juan, gerente del Universonoro -un local mítico de Palencia-, para ver si me apetecía llenar de música una noche tardía dentro de la programación del festi Palencia Sonora. Y como no podía ser de otra manera, porque una, cuando de pinchar se trata, no sabe decir la palabra «no», accedí.
Hablé entonces con las cabecitas pensantes de esta nuestra querida revista, La Perdiz Roja, para escribir una crónica al respecto, pensando “por qué no». Ahora, meses después, solo quiero decirle a Carmen Abril, autora de la mayoría de artículos que leéis: wow amiga, vaya curro. Escribir no es moco de pavo.
Vuelvo a lo que contaba. Palencia Sonora. Es un festival casi más viejo que yo, y que básicamente empezó por un grupo de colegas que quería organizar conciertos de música independiente -término comodín a veces, pero que engloba todo eso que una no sabe dónde poner-. 22 ediciones, majas. Son un montón. Y siguen siendo los mismos. Eso, en mi opinión, dice mucho del carácter del festival.
Antes de contaros todo lo que viví, recalco que nos encantó el recinto. Y es que qué buena idea hacer un festi en un parque junto al río; hay sombrita, hay árboles, estás en el medio de la ciudad… qué más le puedes pedir a la vida, nena.
Chicas, que me lío yo sola contando cosas. Hubiésemos querido llegar antes al recinto, pero cuando una comparte transporte, a veces pasan cosas inesperadas, es lo que hay. Llegamos justo para ver a Popi y Sito Djs, una pareja de colegas que empezaron pinchando de jajas en los locales de Aranda de Duero, coincidiendo con el Sonorama, y oye, ¡que ahora se dedican a pinchar! A mí me suena de algo esa historia… Nos lo pasamos genial.
De Repion vimos bastante poco, no vamos a mentir. Aún así, destacamos a este dúo femenino porque mola escuchar voces en el indie nacional con las que una se puede llegar a sentir representada. Tienen un directazo, y nos han convencido para escucharlas más en serio.
Brian de Calma es uno de los habituales de Palencia Sonora. Burgalés, macarrón (que me encanta decirlo para decir macarra, es mucho más divertido), y el que mejor se lo pasa en sus sets. Olé tú, Brian.
Carolina Durante nos daba un poco de miedo. Los pogos son una cosa que, para una persona de 50 kg y que mide 1,60m constituyen un lugar, como comprenderéis… arriesgado. El último concierto que vi de este grupo fue hace varios Sonoramas, y fue desde lejos. Según empezaban los primeros acordes volaban: vasos, móviles, zapatos… iba con el miedo en el cuerpo. La gente esperaba con ansia el concierto, y especialmente disfruté de ver a los asistentes que ya sabían a lo que venían, la ilusión en los ojos, la misma que a los que les veían por primera vez. Debo de ser una romántica empedernida, pero oye, disfruto mucho de ver a otres disfrutar.
Justo después y en el escenario de al lado empezaba Depresión Sonora, y desgraciadamente coincidía de pleno con mi cita esperada de la jornada: Brava. Vi poquito, pero mi acompañante llegó sudado y diciendo que se había gozado todas y cada una de las canciones.
Creo que no hay nada mejor que hacer cosas solo. Yo decidí, brava como la Brava, que quería ver el DJ set híbrido de esta muchacha. Y vaya gozada. Hago una mención al sector de delante de la pinchada de Sara porque no pudimos haber bailado más, de verdad. Era una propuesta arriesgada, súper alejada de los códigos del indie habituales, y aún así había curiosos que se unieron a los frikis de Untalasalsa. Si no la habéis visto, básicamente es una DJ que canta alguna de sus propias canciones, y le pone el toque divertido con unos adlibs en su voz característica e impredecible. Una pasada. Tuve el placer de hablar un ratito con ella, y encima de talentosa, simpatiquísima. De verdad, si podéis verla, os animamos un montón.
Tengo que decir y confesar que soy demasiado fan de la electrónica, y por eso me flipa el escenario La Isla de Palencia Sonora, y por eso quizá lo que vi del resto no es tan exhaustivo. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos.
Con Sanguijuelas del Guadiana me pasó lo que con Depresión Sonora, que estaba a otras cosas. Ya los había visto en el Tribu, festival abierto y gratuito en el centro de Burgos, y se reiteraba en mis pensamientos lo que pensaba entonces. Y es que tienen un directo buenísimo y súper claro de dónde vienen. Amamos.
La gran sorpresa de la noche para mí, y creo que para muchas de las asistentes, fue Throes and The Shine. De lo mejorcito. Es impresionante cómo en un festival tan asentado de artistas de indie nacionales puede caber la propuesta de este trío angoleño-portugués (esto lo hemos sabido después) con una mezcla de electrónica, afro, y todo esto sin parar de bailar; unos verdaderos cracks.
Antes de volvernos a casa, bailamos un ratito con el house fresquito y disfrutón de Yahaira, una madrileña bien madrileña. Un broche perfecto para la primera noche.
Día 2
Al día siguiente fuimos bien pronto por la mañana, porque queríamos ver algo que para nosotras era plato fuerte de esta edición, la verdad. Diego del Pozo Barriuso presentaba, en colaboración con la Fundación Díaz Caneja, un proyecto expositivo doble con el título Balido raro que danza. Nos quedamos con ganas de visitar la parte de expo dentro de la fundación, todo sea dicho, pero lo que vimos nos maravilló. Para empezar por el emplazamiento: la plaza Mariano Timón; si no habéis estado nunca en Palencia y vais, id sin dudarlo. Al entrar a esta placita peatonal rodeada de edificios históricos de piedra, te recibe un mastodonte brutalista (como diría Erik Urano) que impacta, pero es precioso. Amamos el brutalismo, a quién queremos engañar.
En esta performance que fuimos a ver había de todo, voz en directo, paloteo y baile tradicional, cultura popular, trajes y tejidos rescatados con memoria… Flipamos. Lo que vivimos fue algo así como un ritual para invocar a los antepasados cuyos símbolos y tradiciones fueron borrados durante el franquismo. No puedo describirlo de otra manera.
Aprovecho este espacio para hacer una reflexión. Y es que, como espectadora constante de artes vivas, me doy cuenta constantemente que, sin querer, en las perfos o actuaciones está impronta la mirada del creador, ya sea hacia el mundo o también a esos cuerpos u objetos con los que trabaja. Pues bien, yo vi el modo en que Diego miraba a todas las personas que participaban (en torno a unos 50), y veía a un tío lúcido y brillante. Gracias Diego porque fue un regalo para los que pudimos disfrutarlo.
Justo después quisimos llegar a ver a la Plaza Mayor el concierto de Juventude. El día anterior habíamos hablado con ellos desde el foso y no queríamos perdernos la oportunidad de verles. Eso sí, tremendos valientes. Pero valientes de verdad. Hacía muchísimo calor a esas horas del día, y parte de los integrantes del grupo estaban tocando al pleno sol. Dieron todo igualmente, e hicieron gozar a las asistentes, que se refugiaban en las sombras de los árboles y los soportales.
Nosotras no aguantamos mucho más el calor, y el cuerpo pedía siesta. Con todo y con eso, el camino a casa viendo terrazas llenas de gente, familias, grupos de amigos de todas las edades, disfrutando de esa parte del festival accesible a todo el mundo nos pareció una gozada.
Por la tarde y en nuestro plan del día, el plato fuerte era Ojete Calor. No podíamos parar de reírnos a carcajadas con el show, y no sabemos si fue una referencia a las pastas de P Palencia, pero les hizo tanta gracia estar aquí y no en Valencia que oye, aunque sea porque sí, merecen una mención las pastas.
Justo después le siguieron Los Estanques y El Canijo de Jerez, que nos gustaron todo. Sus canciones de siempre, y su buen rollo de siempre. Lo que no nos causó tanto buen rollo fueron algunos comentarios que hacían personas a nuestro alrededor hablando del supuesto paletismo de los andaluces: seas o no castellana, eso no es bien. Que viva el regionalismo, el deje y el manoseo del lenguaje.
En este momento paramos a deleitarnos con calma de la cena, mientras oíamos de fondo el concierto de Siloé, y disfrutábamos de la sombra del parque del Sotillo. Por momentos oíamos el despliegue de mixes de electrónica con indie de Say Yes DJ, que hizo gozar a los que preferían no estar en los escenarios principales.
Mención especial a Niquis del Páramo, una tiendita de camisetas de autor, que tenían entre sus filas de logos cosas como “Lacostea (del Duero y el Pisuerga)”, o “Palentina Libre”. Nos quedamos con ganas de pillarles alguna camiseta más, pero tenemos la suerte de que tienen tienda online. Ale, ya sabéis, castellanas divertidas y que apoyan las iniciativas de la tierra.
Aprovechamos para mencionar dos cosas que surgieron en las conversaciones con otros grupos sentados a nuestro alrededor. Por un lado: cómo mola no tener que esperar NADA para ir al baño, y encima qué limpitos estaban, daba gusto. Y por el otro: quizá no había millones de opciones de comidas, pero comimos genial y pudimos sentarnos tranquilamente en compañía de gente majísima con la que hablar.
Otro descubrimiento de este fin de semana fue La Mía Mari. Damn. Pero Damn de verdad. Al día siguiente le escribimos para felicitarla porque nos encantó el set. De lo más bailongo que he escuchado últimamente. Canciones míticas con ritmos que se te pegaban al cuerpo y no podíamos parar de bailar. Muy muy gozón. ¡Gracias, Mari!
Lo que quedaba de noche del sábado no pudimos verlo, pues para cerrar la noche pinchaba yo, La Deve Chacho, como colofón del día en el Universonoro. La gente estaba muy muy a tope, y no sé si el público disfrutó tanto como lo hice yo, pero fue un sueño tener a toda esa gente que no conocía de nada conectando con carpetas de música como “cosas rarunas” o “ritmos de la verdad no sé”. Un placer y un cierre sensacional.
Una vez apoyamos la oreja en la almohada, ya quedaba poco por hacer. Despertarnos, hacer la mochila y de nuevo poner rumbo a Valladolid. Hija, qué cerca está.
Como palabras finales de este artículo quiero decir varias cosas, intentaré ser breve.
En primer lugar, una reflexión que no necesariamente debe ser hacia Palencia Sonora, Juan, Pesca o cualquiera que forme parte de la organización, sino en torno a la cuestión de qué ocurre cuando un lugar con una capacidad determinada se llena repentinamente de gente, pudiendo existir la posibilidad de colapso. A esto le sumo la reflexión, dejando de lado la cuestión de los rangos de edad del público, términos como público objetivo o del palo, de para quién son los festivales.
Mucha de la gente con la que pudimos hablar esos días era gente de fuera de Palencia; no os podéis imaginar la cantidad de gente de Valladolid que nos encontramos; otra mucha gente era de Madrid, o de grandes ciudades, y los palentinos que viven y trabajan fuera de su ciudad natal y que aprovechan para venir en esos días tan celebrados en la ciudad de la P. ¿Dónde deben poner la prioridad los promotores de eventos y festivales? ¿En facilitar la asistencia de los oriundos, o de lo contrario en utilizar tales eventos como ocasiones que generan efecto llamada para el turismo?
No es una pregunta para la que tenga solución, es una pregunta que quizá deberíamos tener en mente. Así las cosas, todos los comercios locales, bares, tiendas, hoteles, esos días están llenos, y estoy segura de que de un modo u otro la ciudad lo agradece.
No obstante, y en respuesta a mí misma y a este problema, creo que es necesario decir que Palencia mola, y mola todo, y qué buenos son los palentinos, todo hay que decirlo. La gente que viene al Palencia Sonora parece que siempre vuelve, y tanto es así que, al día siguiente de marcharnos, salieron los abonos y tuvieron que habilitar la plataforma de nuevo días después. Sold out el día que salen las entradas. Tremenda barbaridad. Y eso se debe a que el festival está hecho con mucho cariño y eso se nota. Palencia es una ciudad pequeña, y Palencia Sonora será de los festivales de música más grandes de Castilla y León, pero respeta el tamaño y los recursos de la ciudad en que se celebra, por lo que no se siente un territorio copado y que no puede abarcar un evento de tales características. Todo lo contrario, así que a ese respecto, chapó.
Volvemos siempre a Palencia porque es una ciudad encantadora y perfecta, y esperamos sin duda volver a Palencia Sonora.