El pasado junio, estas alegres periodistas y agitadoras culturales decidieron darse un homenaje en Caín para celebrar que, un curso más, habían sacado La perdiz roja a flote. La idea de visitar el restaurante llevaba ya mucho tiempo de ronda por nuestra cabeza. Conocíamos a Anai porque era asidua a nuestras fiestas en el castillo; habíamos visto nacer el proyecto de 0 y, si la propuesta gastronómica igualaba a la estética, estábamos seguras de que iba a ser una cosa muy loca. No nos equivocábamos nada. Ubicado en su pueblo, Nava del rey, al que ha regresado con gusto desde Madrid, donde ha dejado colgadas las botas de publicista, Anai lanza un concepto que es al tiempo irónico y contundente: “la brasa, como Dios manda”.
Las alegorías eclesiásticas atraviesan toda la identidad del lugar y, sin ánimo de herir sensibilidades, la cocina de Caín desde luego tiene algo de divino. El cordero a la estaca (una modalidad ultra novedosa en CyL, donde el lechazo constituye una bandera en ocasiones demasiado repetitiva), la chuleta en su punto perfecto, los criollos caseros, los tacos de pastor con su trocito de brasa para aromatizar…la crema de coliflor con flores de saúco silvestre, la torrija con plátano…todo en el menú de Caín grita “territorio, pero en mis propios términos”.
Como en todo buen restaurante castellano, el vino es un valor fundamental y Anai una entendida, aunque nosotras nos subimos a un clarete sin filtrar de Microbodega Alumbro al inicio de la comida y ya no pudimos (ni quisimos) bajarnos de ahí. A destacar: el huerto de aromáticas, la grandilocuente y eclesiástica decoración, la sala privada con vistas al campo castellano para comidas grupales y… Anai.
Como todx joven emprendedor de vuelta en el rural, Anai está loca de contenta, rebosante de pasión e imbuida de un orgullo merecido. Como toda chica moderna de vuelta en el rural, Anai surfea constantemente entre simpáticas contradicciones: todo en su restaurante es una vuelta de tuerca bastante punki e irreverente a la religión católica: una última cena presidida por Delibes, el propio nombre, las estacas con forma de cruz…sin embargo, su recomendación para después de la comida fue precisamente ir a visitar la ermita de Nava, cuyo guardés, Jesús, regenta también una cantina aledaña (literalmente adosada a la iglesia), donde dispensa cafés y fantas a precio de pueblo, velas para ponerle a la Virgen de los pegotes -de la que hablamos aquí en su día (Tradición y fuego en la Virgen de los pegotes)- y, no por último menos importante, tragos de la bota de vino rancio de su propia cosecha, que brinda con orgullo a los visitantes y se niega a cobrar. Jesús, por cierto, es un pintor en mi opnión excepcional, de temática religiosa y estilo (probablemente impretendido, pero) naive, sobre el que me gustaría hablar de manera específica en alguna ocasión.








Pero a lo que estamos aquí es a Caín y, más concretamente, a Anai; ejemplo de buen hacer, de que no es una frase hecha: lo que está hecho desde la pasión sabe mejor. Y ejemplo también de arrojo, de atreverse, de volver y de triunfar. No todo el mundo puede, pero, si te lo estás pensando, esta es la señal que esperabas: Hazlo. Vete de Madrid. Vuelve a tu pueblo. Monta eso que te haría tanta ilusión montar. Seguro que todo tu entorno te va a apoyar, y nosotras desde luego que también. Nos llamas cuando eso.