Mini preámbulo para que el que no lo sepa
Natural de Cervera de Pisuerga (Palencia) y nacida en el año 29, Piedad Isla es una fotógrafa y etnógrafa de referencia con una vida marcada por el activismo, la defensa de la Naturaleza y la observación y reflexión sobre el cambio de paradigma que se dio cuando los pueblos se vaciaron de personas, cuando el modo de vida rural y tradicional desapareció. Con más de 200.000 negativos y un museo etnográfico propio que construyó durante sus últimos años de vida junto a su marido Juan Torres en su propia casa, la figura de Piedad Isla va mucho más allá de la etiqueta de fotógrafa pionera. Piedad rompió moldes dedicándose a la fotografía, pero su labor etnográfica, reflexiva, activista y museística fue mucho más allá, convirtiéndola en un emblema de la defensa de la Montaña Palentina en particular y de la Naturaleza en general.
El pasado 6 de noviembre, coincidiendo con el aniversario de su muerte, se pre estrenaba el documental -dirigido por Pablo García Sanz y producido por Visual Creative- sobre la vida de Piedad, Isla Indómita. Tuvimos la suerte de ser invitadas y llevamos queriendo hablar de ello desde entonces.
A partir del 5 de noviembre de este año, coincidiendo con la misma fecha, el documental se estrenará en cines y los también autores de Comuneros y Folk! -otros dos documentales magistrales, disponibles en plataformas, que os recomendamos ver- compartirán por fin con el mundo su viaje a través de la vida y trayectoria de esta genial pionera de la fotografía femenina.
Y me sale en un primer reflejo autocorregirme con esto de “fotografía femenina”, porque parece que el apóstrofe lo devalúa, pero es que es al contrario. Lo que hacía Piedad, igual que lo que hacen tantas otras fotógrafas históricas, como la manchega Cristina Garcia Rodero o la mexicana Graciela Iturbide, es fotografía universal, claro, qué duda cabe. Pero si alguien va a negar la feminidad en el ojo y el trabajo de estas tres grandísimas figuras, pues va a tener que echarle inventiva para defenderlo. Mi opinión personal es que lejos de devaluar, el añadido “femenino” ensalza una trayectoria fotográfica. Por mérito y por sensibilidad. Pero después hablamos de eso.
El caso es que no creo que a Piedad esto de fotografía femenina le hubiese afrentado, pues ella precisamente tuvo que desafiar muchos preceptos para poder ser, precisamente, fotógrafA. En los primeros minutos de documental se rescata una entrevista vintage en la que una entrevistadora le pregunta Piedad, “si alguien que no te conociera de nada preguntara, quién es Piedad Isla, tú cómo le contestarías”. Y ella no duda: “Pues una mujer de pueblo -(lo primero, mujer, lo segundo de pueblo)- que quería hacer cosas distintas y como entonces ninguna mujer hacía fotos…pues me puse con ello.”
Qué maravilla, la rebeldía como primer motor. Y el deber como segundo. Ella explica que su madre, llegado un punto le dijo: «Muy bien si te gusta hacer fotos, pero tienes que trabajar”. Estamos en un pueblo en la montaña palentina en los años 40-50, la economía de subsistencia aún impera y no hay hueco para hobbies. Entonces Piedad hace de ello su modo de vida y se embarca en una carrera profesional que la llevará a colaborar con Kodak, con El norte de Castilla con nada menos que Miguel Delibes al frente, con El diario palentino, con la Agencia Efe, pero también a hacer fotos de DNI a los habitantes de pueblos enteros de la zona, a cubrir bodas, comuniones, procesiones…por el camino, mientras, también observa y hace fotos para ella misma.
En sus propias palabras, cada persona le hacía un pequeño regalo al dejarse retratar. De esta última categoría obtenemos en mi opinión las mejores piezas de su enorme colección. Aquí sale a la luz la Piedad etnógrafa. Fotos de gente faenando en el campo de manera comunal (en las llamadas huebras), mujeres hilando, niños jugando, pastores…
Aunque nunca tanto como debiera, su nombre empezó a adquirir peso con los años. Quizá otra persona con ínfulas artísticas hubiera decidido entonces mudarse a Madrid y entrar en ese circuito, dedicarse a viajar…pero Piedad estaba muy arraigada en la Montaña Palentina y no me extraña que no lo hiciera, que permaneciera allí hasta el final de sus días, que con el tiempo convirtiera su casa en un museo de la cultura de la zona.
Para Piedad este paisaje y estos pueblos no eran algo que retratar a través de su objetivo, eran su mundo, era ella misma. Hay un momento del documental en el que habla de fundirse con las nieblas de la mañana que es una preciosidad y además, y aquí viene para mí lo fundamental, no se limitó nunca a retratar: intervino, pasó a la acción.
Si fue rotundamente pionera en la foto, lo fue también en la defensa de la conservación de la Naturaleza y la cultura popular. Junto a otras mujeres del pueblo, formó la asociación “Cervera más allá” desde la que se llevaron a cabo acciones artísticas, políticas y sociales contra la construcción masiva e indiscriminada de bloques de pisos (si Cervera es hoy un pueblo precioso es gracias a ellas), contra la creación de nuevos pantanos (habiendo ya 5 en la zona) so pena de sepultar zonas protegidas…
Paradójicamente, se pusieron en contra a la gente del pueblo que, haciendo gala de un cortoplacismo que perdura hoy en día, prefería el rédito económico y el “progreso” a la conservación.
A pesar de la hostilidad y la incomprensión de sus vecinos, se mantuvieron firmes y lo lograron: Cervera fue declarado Conjunto Histórico y se prohibió tirar casas tradicionales. Y menos mal, porque hoy en día la principal fuente de riqueza de este pueblo es el turismo. No matéis a la gallina, que decía el gran Peridis al hablar de este logro común. Asociacionismo femenino, defensa de la Naturaleza y del patrimonio tradicional popular…es gracioso que Piedad fuera una ecofeminista sin existir el ecofeminismo, y a bien seguro sin considerárselo.
Piedad fue una mujer conservadora y religiosa toda su vida, pero años de observación de lo que venía pasando (mujeres asumiendo labores del campo así como casi la totalidad de las labores domésticas, dependencia legal y económica del marido) y de lo que estaba por pasar (abandono del medio rural, degradación de la Naturaleza, olvido de nuestro conocimiento y relación con ella) terminaron por hacer de ella una persona comprometida. Como decía Jorge Ibañez, actual alcalde de Cervera de Pisuerga, Piedad pasó de ser conservadora a ser conservacionista (que, de nuevo, nada había más rebelde en este momento).
Fue ésta una transformación orgánica y natural. Tal como ella misma dice en un momento dado “el conocimiento deriva en bondad…cuando una persona es sabia termina por ser buena”. Y la bondad es un filtro sobre el objetivo de Piedad. Frente a otros fotógrafos que buscan lo oscuro, lo histriónico, lo patético en esa España profunda que mutaba convulsamente en este periodo, ella retrata a las personas con horizontalidad, con empatía, con dignidad. Retrata mucho mucho mucho a mujeres, sobre las que también reflexiona largamente en las entrevistas que le van haciendo.
Hay un momento muy bueno del documental en el que la fotógrafa cuenta en una entrevista cómo en una ocasión le preguntó a una chica joven qué sentía ella cuando miraba una lavadora. Ella le contestaba que nada especial, no entendía la pregunta. Y Piedad le decía “yo, cuando veo una lavadora, quiero darle un abrazo”. Piedad experimentó en primera persona la dureza de la vida rural de aquella época, de ese mundo que desaparecía y que había sido también su mundo. Un mundo marcado, sí, por la belleza, por la comunidad, por unos pueblos llenos de gente, de vida en el campo…pero también por la miseria y la escasez. Por eso retrataba su desaparición con neutralidad científica, antropológica. Sin romanticismo, aunque no sin cariño.
Ella, que dejó los estudios a los 15, nunca dejó de leer y cultivarse a nivel personal y rezumaba filosofía (y letras) los últimos años de su vida.
Durante este periodo, el museo etnográfico que había instalado junto a su marido en su propia casa se convirtió en su obsesión y casi dejó de lado la fotografía, de la que parecía sentir que ya había extraído todo el jugo en los años anteriores. Se lanzó a explorar el formato del vídeo con su propia voz en off, es decir, el formato que literalmente impera hoy en día en redes sociales. Así tenemos piezas increíbles de ella narrando la riqueza infinita de la Montaña Palentina, pero también vídeo-vlogs de sus viajes a Japón. Hasta en esto fue pionera. Estaba interesada y conmovida por el pasado, pero no se quedaba ahí: ninguna novedad moderna se le ponía por delante.
De hecho, su visión fotográfica comienza a estar al servicio del museo: fotografía las piezas recabadas en su contexto para acompañar a los objetos expuestos. Es precisamente en estos años, ya mayor, cuando empieza a cobrar relevancia mediática, a fraguarse el personaje mítico que hoy es. Y claro, todo el mundo le preguntaba por las fotos. Pero ella estaba ya en otra, a ella lo que le parecía relevante y valioso era lo que estaban haciendo en el museo y así lo decía, con una mezcla de humildad, llaneza por un lado y orgullo y consciencia de lo increíblemente importante que era su cometido en este mundo, por otro.
Piedad fue la primera en ser fotógrafa, la primera en llevar pantalones, la primera en ir en moto. Lo sabía y no dudó en reivindicar su poder y utilizarlo para conseguir cosas con él. Y aún así, cuando le preguntaban, la sencillez: “Soy una mujer de pueblo que quería hacer fotos y las hizo”. La espiritualidad y la bondad, igual que la Naturaleza te hacen sentir así: chiquitito, a la vez que fundamental.
Pilar no se fue nunca de Cervera. Hoy, visitar el pueblo es visitar su casa, porque las calles están llenas de fotos suyas a gran tamaño y porque se puede visitar, literalmente, su casa. La misma que, junto a su marido Juan Torres, fue llenando durante años de todo lo que iba aprendiendo en su camino por los pueblos, materializado en forma de fotos, pero también de objetos de tradición popular. Unos serones para cargar al burro, un jarrón de cerámica remendado con grapas, un pellejo de vino, unas albarcas con su reposición de tacos…Un museo de la sabiduría que sale a relucir cuando no queda otra, el museo de un modo de vida que ya no existe. En parte, una lástima , en parte, gracias a Dios.





No contamos más porque lo ideal es que descubráis esta maravillosa figura de la cultura castellana a través del documental, ISLA INDÓMITA, que como decíamos, muy pronto estará disponible en cines. Id a verlo. Para terminar queremos dar la enhorabuena al equipo de Visual Creative -que ya en su día encumbró la castellanidad con el documental Comuneros y que, literalmente, lo ha vuelto a hacer- y celebrar que hayan sido personas de aquí (de Palencia, de Valladolid, de Dueñas) quienes hayan recogido y contado la vida de Piedad. Se lo dije a Pablo a la salida del estreno, y lo pienso de verdad. Creo que a ella le habría encantado.