La revista que mejor paga del mundo tiene origen palentino. Hablamos de «1.000 palabras» con su fundador, Juanjo Herranz

Entrevista: Carmen Abril
Fotografías:
cedidas por Juanjo

Juanjo Herranz, palentino y revolucionario -ahora vamos con eso-, era periodista cultural, periodista de viajes. Escribía en Conde Nast, en Traveler…donde fuera que le pagaran y en ocasiones aunque no lo hicieran o lo hicieran mal. La vida del joven periodista freelance, a nadie pilla de nuevas. Llegado a un punto, ya de vuelta en España, en una habitación alquilada en Madrid, Juanjo fundó la que ahora mismo es la revista que mejor paga a sus redactores de España y muy posiblemente del mundo: 1000 euros por 1000 palabras. Casi nada. La revista se llama así, 1000 palabras, y cada número tiene un tema central (las adicciones, la vivienda, el dinero) del se imprimen 1000 unidades. Esta redondez numérica es muy satisfactoria y el golpe en la mesa que supone en la industria periodística, también. Juanjo lo sabe y está viendo su sueño y su proyecto florecer y dar frutos. Hablamos con él de Palencia y del carácter castellano, cómo no, pero también de la industria y de los sueños y de cambiar las cosas.

Juanjo, para los que no te siguen la pista, ¡haznos un recorrido rápido por tus últimos 10 años de vida, porfa!

Me gusta pensar la vida en etapas de diez años. Devoto del sistema decimal. Hace diez años empecé a estudiar periodismo. Tarde y mal. Y empecé a leer. Poco después empecé a viajar, a mis 28, 27 decían que aparento. Y por el inseparable asunto de viajar y querer contarlo empecé a escribir. Hace apenas 7 años que escribo. En estos siete años intenté hacer un camino en el periodismo, al principio en el periodismo con mayúsculas, el que intenta cambiar el mundo, me di cuenta de que el periodismo con mayúsculas es un oficio demasiado complicado y serio y que tienes que realmente romperte la cabeza para buscar fuentes, entrevistar, mirar datos y trabajar muchísimo para acercarte a la verdad, a alguna verdad, y desistí pronto. Encontré una forma más poética y fácil de hacer periodismo en el periodismo de viajes, al que le quito la palabra periodismo y prefiero llamar escritura de viajes, mucho más honesto, el periodismo es un trabajo muy serio, de nuevo, del que nunca reconoceré haber formado parte. Después de muchos años en Latinoamérica volví a España, en 2024, y después de entregarme al delirio alimenticio de impartir talleres de escritura para sobrevivir en el último estadio ultracapitalista de Madrid fundé una revista en papel para ya definitivamente hacerme rico. Ahora me dedico a eso, a dirigir (a algún precipicio cercano) una revista en papel, a coordinar talleres vinculados a la propia revista (con autores que publican en la revista) y a convencer a la gente de que hay formas más generosas y honestas de hacer cultura. 

portada del último número
En todos esos viajes, cuéntanos qué cosas te hacían sentir en casa y que es lo que más echabas de menos o te hacía sentir extranjero

Yo me fui buscando no sentirme en casa. En “casa” uno no puede ser más que eso que siempre ha sido. Y yo quería convertirme en algo más. Eso de “llegar a ser lo que se es”. No podía llegar a ser yo. Y por eso me fui. Y rompí con casi todo. No de manera abrupta, fue una rotura lenta a través de muchos años fuera. Mi intención era desarraigarme y lo conseguí. Ahora, en parte, me arrepiento. Dicen que el desarraigo es una forma de enfermedad del alma humana. Y no sentirse parte de algo es una vaina jodida. Entonces he vuelto como vuelve el león al que fue su territorio, a intentar arraigarme de nuevo al único lugar al que uno puede pertenecer de verdad: el sitio donde enterraron su ombligo, dirían en las montañas del norte del Cauca. 

 

Qué precioso. Precisamente hay una relación delicada entre Castilla y toda Latinoamérica…¿a ti te ha supuesto conflicto venir a estos lugares desde la vieja Castilla?

Hay un doble filo igual de incómodo. A veces te escuchan con más atención por ser español. A veces te juzgan con más ganas por ser español. Independientemente de lo que digas o hagas. He aprendido a callar, en ambas situaciones. 

Me interesa en este sentido el lenguaje porque creo que, aunque supuestamente compartimos idioma, cada país se ha hecho con él de una manera completamente distinta, ¿cuáles son tu expresiones o palabras favoritas?

Este idioma en común que nos separa, se suele decir. Se me pegó mucho el “wei” mexicano. Y lo sigo diciendo. Y eso espanta en mi Palencia natal. Sienten que han perdido a un miembro de la noble casa del castellano. Y aunque admiro mucho nuestra forma de hablar, admiro mucho más la mezcla de todas estas latitudes. Sospecho que vamos hacia un español atravesado por todos los españoles que existen. “Ñamericano” proponía llamarlo Martín Caparrós, en vez de castellano o español. Y a mi me gusta. Pérez Reverte le contestó que también podríamos llamarlo “gilipañol”, jajaj, genio. De mis palabras favoritas: arrunchar, de Colombia. Que es, básicamente, acurrucar. 

contraportada del último número
Tu relación con Palencia. ¿En qué momento te vas, nunca miras atrás? ¿Cómo fue tu adolescencia allí, bar favorito, zona de ligar?? conservas amistades o la raíz se te ha quedado chiquitita, resumida a lo esencial? ¿Te sientes extranjero ahora, cuando vuelves?

“Eterno aprendiz, eterno forastero”, dice un verso de no sé qué poeta. Me siento extranjero en cualquier sitio. Salvo, quizá, en un territorio fabuloso de la juventud: el Carpanta, un bar-sótano del centro de Palencia donde nos reuníamos a beber y a cantar como si fuéramos irlandeses condenados a muerte. Esa fue mi adolescencia, bares, más de los recomendados: una de las limitaciones de nacer en una ciudad chiquita de provincia. Hernán Casciari, del que seguro que hablaremos más adelante en esta entrevista, nació en un pueblito de Argentina y cuenta que llegada cierta edad, en un sitio pequeño solo tienes dos opciones: o ser policía o ser cocainómano. Nadie de mi entorno fue policía cuando hubo que elegir. Todo aquello pasó. Palencia pasó. Pero estoy dispuesto a volver, física y emocionalmente. 

¿Tienes un plan secreto y super númerico para conseguir que toda tu generación de talentos emigrados vuelva a la ciudad de la P?¿ Qué haría falta para que no pasase lo de la polícia/ la cocaína, un tejido cultural fuerte, opciones de ocio más allá de los bares? dicen que los chavales beben muchísimo menos ahora

Si volviésemos unos cuantos miles de los que nos fuimos quizá colapsamos la ciudad, o la llenamos de cafés de especialidad. Pero igualmente sería un experimento hermoso: volver, en masa, a nuestras raíces. Hay algo que sí quiero hacer pero más para mí que pensando en ninguna repercusión: hacer un número monográfico de la revista sobre Palencia. Quiero una portada del Cristo del Otero

Los chavales supongo que ahora tienen otra sustancia igual de peligrosa y adictiva: el pinche teléfono móvil. Ni bares ni pantallas. Yo diría que haciendo teatro o jugando a la pelota la juventud podría vivir una vida más alegre que metidos en el sótano de un bar. Pero lo mejor sería preguntarles a ellos: «qué queréis hacer, qué os gusta», y ale, palante.

¿Te notas en algo el carácter castellano? ¿Cuáles son tus autores o obras castellanos favs?

Si el carácter castellano fuese algo así como una extraña introversión, que no creo que lo sea, pero ese es el imaginario, al menos el mío, el castellano como un tipo algo huraño y encerrado en sus cosmovisiones, sí que me lo noto. Soy un muchacho de provincia que ha querido ser un caminante del mundo y de la gran ciudad, y le ha quedado grande el disfraz, o no grande pero sí incómodo, no me ajustan las mangas de la gran ciudad, quiero volver a un sitio más tranquilo. Tengo un plan en algún lado para ese regreso, pero a veces me pierdo. Sobre autores y obras castellanas, soy un inculto de categoría. Diría Delibes si le hubiera leído. Puedo decir Trapiello, aunque apenas he leído algunos pedazos de sus diarios. 

1000 palabras. ¿Hay un momento de shock en el que decides romper con tu vasallaje al sistema y montártelo por tu cuenta o es una idea que se va regando y un día por fin germina y rompe la tierra? ¿Hay un mail, una conversación, una afrenta concreta que te anima a dar el paso? Qué fructífero es a veces un buen cabreo

Lo hay. Es un vaso que se desborda, claro. Pero hay una última gota. Una colaboración con una revista de la que yo esperaba sacar dinero y fama, já, y no saqué ni dinero ni medio lector. Lo del dinero me quedó claro el primer día que hablamos más formalmente de la colaboración, no hubo engaño, me dijeron que no pagaban. Me sume a escribir allí con la inocencia de que una cuenta de 6 millones de seguidores (los que tenía la revista) me permitiría que mi escritura tuviera algo de repercusión. No fue así. No me leyó nadie, apenas. Y después de varias semanas sintiendo que estaba haciendo el imbécil decidí renunciar públicamente a escribir con los medios, con todos, con los que me trataban mejor y peor. 

¿Has tenido algún problema por exponer de forma clara a los medios que te han dado un trato indigno?

Con ese mismo medio, como el vídeo de mi renuncia se hizo muy viral, acabé recibiendo unos cuantos mensajes en redes sociales algo mafiosos e intimidantes, digamos, nada grave. Pero que mucha gente te escriba a la vez diciendo que eres un miserable no sienta nada bien. También me llegaron dos mails. Uno hablaba de burofaxes y juzgados. Luego el agua siguió su curso. 

No entiendo, ¿lo de miserable te lo decían a ti?? Fue muy valiente poner nombres y apellidos, si te pones, te pones. Yo ese día dejé de seguir a Cultura Inquieta.

Hubo una respuesta coordinada por esa revista, y me escribieron 10 o 15 personas con calificativos de ese tipo, sí

Hay mucha épica en lo que estás haciendo y sin embargo somos pocos los medios haciéndonos eco del asunto, ¿sientes que aun así estas llegando a la gente tanto como querrías?

Sí, las redes sociales son una cárcel que nos permite conectar con muchos otros presos. Sé que tengo el producto y el relato para que la gente se sume. Si no llego al objetivo habrá sido fundamentalmente culpa de que no he sabido contarlo. Voy aprendiendo a embalar bonito lo que sea que haya que vender, en este caso una revista en papel y la pertenencia a una comunidad algo quijotesca. 

Eso genial, la gente necesita apartar un poco los ojos de las pantallas y está sedienta de comunidad.
Hablando de saber contar las cosas: estás obsesionado con los números redondos y creo que es una estrategia muy visual y que funciona muy bien en redes, también haces videos en un formato Tiktok que atrapa mucho, sinceramente me da envidia… ¿te has esforzado mucho en encontrar esta voz adaptada a los tiempos o te ha salido solo? ¿me das algún consejo?

Vivo con un amigo, palentino también, hola Pitu, que sabe mucho de redes sociales. Y cada vez que pasaba por mi cuarto y me veía tirándome de los pelos para intentar que lo que escribía fuera leído ahí fuera, me decía “hazte un vídeo y así vas a llegar a la gente que quieres llegar”. Me lo dijo tanto que acabé haciéndole caso. Y prueba y error aprendí a editar y a perder el miedo a parecer un estúpido en público. Ese podría ser un consejo para exponerse: no hay que tener miedo de parecer estúpido (primero hay que dejar de querer parecer inteligente, un flagelo que me ha acompañado mucho tiempo). Y otro: nadie está mirando, a nadie le importa lo que haces

En concreto ahora estás en pleno reclutamiento de personas, 1000 para ser exactos, ¿qué les dirías a los que celebran tus progresos en instagram y simpatizan con la idea pero no se terminan de animar a dar al click y ser parte real del asunto?

No les diría nada. Al menos no para convencerles de que se sumen. Quiero que se sume gente que cree en el proyecto y que lo hace con alegría. Si tengo que convencer a alguien luego van a estar al quite de cualquier error. Y como seguro que voy a cometer errores, prefiero que solo se sume la gente que entiende el chiste y que tiene ganas de divertirse. 

Hay que tenerlos cuadrados para ser tan transparentes, la verdad, me parece de admirar. No creo que hayas recibido ni una sola crítica, aunque dime si sí, porque el objetivo y el desempeño de 1000 palabras son impecables.

Celebro que lo veas así. Pero hemos enfrentado un montón de problemas. Sobre todo el logístico. Hay algunas personas molestas, con razón, porque su revista se ha perdido, o ha tardado muchísimo en llegar. En la oficina de Correos de mi barrio me conocen por mi nombre, y me tratan a las mil maravillas, pero las furgonetas que mueven las revistas se deben parecer a esos muchachos que lanzan las maletas que bajan de los aviones, no están demasiado finos. También algunas pocas personas han criticado el contenido y el continente de la revista. Y en una parte les doy la razón. Estamos aprendiendo a hacerlo sobre la marcha (hablo en plural por mi amiga y compañera de proyecto Magnolia Paz, acapulqueña que maqueta y diseña la revista). Lo que diría a estas críticas es que es cierto que podemos hacer un diseño más divertido, y conseguir textos más contundentes, y conseguir que el papel sea del gramaje perfecto y bueno, estamos en ello. Hemos cambiado tres veces de imprenta y con este número 4 creo que hemos dado con la buena, sobre todo porque hablo por teléfono por videollamada por whatsapp con Daniel (de Impresum), el dueño de la imprenta, y tenemos una relación de ¿admiración? mutua, o yo por lo menos le admiro. Y eso ayuda mucho: “quiero estar con gente que quiera estar conmigo”, le escuche una vez decir a la editora de El gran cuaderno (una revista hermosísima argentina). Otro argumento para detractores de la revista: yo me comprometí a hacer la revista que mejor paga del mundo (hasta que se demuestre lo contrario yo me otorgo ese título), no a hacer la mejor revista del mundo. Eso ojalá que llegué. Pero de momento vamos corriendo mientras nos atamos los cordones. 

¿Crees que se pueden cambiar las cosas? quiero decir, las estás cambiando, eres la prueba de que se puede, pero… ¿crees que el cambio puede ir más allá de tu aporte, contagiarse?

Creo que el sistema cultural está atado y bien atado. Y que es difícil cambiarlo. Pero sí creo que pueden nacer iniciativas que hagan las cosas de otra manera. Yo copio el modelo de la revista Orsai, exporto su formato como se exportan los formatos de televisión exitosos. Ellos hicieron una revista, luego una editorial, luego una productora y están por abrir una universidad de narrativa, pero una en serio, con todos los papeles del ministerio de educación. Son un ejemplo de mucho éxito. Y todo autogestivo independiente y sin pedir permiso a nadie más que a su comunidad. 

Yo me conformo con que algún periodista freelance le diga a su editor que por 100 euros no se va a levantar de la cama. 

Respecto a los límites autoimpuestos que definen 1000 palabras, ¿te planteas cambiarlos? ¿imprimir más si hubiera demanda? incluir publicidad si los proyectos fueran afines? ¿ampliar el número de palabras, contar con más diseñadores?

Empiezo por el final: me encantaría que tuviéramos más diseñadores. Quiero decir: me encantaría que el proyecto crezca. Y pudiéramos hacer una revista mucho mejor. Querría que se sumara gente a la labor editorial (a leer y pensar textos), a la gestión de la comunidad, a llevar las cuentas, a coordinar la Escuela 1000Palabras. Pero de momento es de momento. Por eso la cifra 1000 tiene sentido. No podemos gestionar más gente ni más pedidos ni más mails. 1000 está bien. 1000 es un montón. Publicidad: nunca. Estoy cansado de que todo lo que me gusta tenga anuncios. Quiero que la revista la paguen los lectores. Y si los lectores no la quieren, pues tendremos que dedicarnos a otra cosa. 

¿A qué te gustaría dedicarte si todo fallase? ¿cuál es el plan C?

Me gustaría armar un espacio de escritura en algún pueblito. Hacer encuentros. Música. Dejar los teléfonos fuera. Hacer autodefinidos. Lo que quiero en verdad es armar un gimnasio para la mente, que es mi idea millonaria y no pensaba contártela. Pero eres buena y me la has sacado. Igual que cuando se extendió el trabajo de oficina proliferaron los gimnasios para el cuerpo porque estábamos atrofiados de pasar tantas horas sentados. Ahora van a proliferar los gimnasios para le mente porque tenemos esta nueva atrofia de pasar tantas horas viendo basura de 12 segundos.

Tus temáticas son siempre en torno a temas viscerales… ¿hace falta ir a temas peliagudos para llamar la atención en tiempos de redes o la cultura y el arte siempre han mirado hacia estos temas candentes?

Me encantaría que el arte, la cultura, no fuera terreno únicamente, o casi, de los desdichados. Los inadaptados hacen buenos textos, los alcohólicos buenas canciones, los solitarios buenas pinturas, los tristes, los atormentados, los grandes infelices llenan los museos, las librerías, el Spotify. Y nosotros los escuchamos con misteriosa reverencia. 

Me gustaría que el arte fuera sosegado, aburrido, lunes y martes, que se fuera a dormir temprano, que no viviera en las guerras del ser, en el abismo del yo. El arte debería ser el que hagan los que están tranquilos. Novelas sin conflictos, películas sin engaños, canciones sin borracheras.

¿Te cuesta más escribir ahora que estás enfocado en dirigir? a mí me pasa

Podría asegurar sin miedo a equivocarme que nunca he escrito menos que ahora. Casciari lo dice de esta manera: “Cuando armas un proyecto tienes que cerrar un rato el Word y abrir el Excel”. Bueno, el Excel va a acabar conmigo.  

¿La gente escribe distintos cuanto hay 1000 euros de por medio? ¿Hay mas presión, más mimo, más alegría?

Es más fácil que se quieran sumar a escribir. Y se alegran más cuando les pagas. La presión y el mimo la tiene que poner el editor, y todavía estoy aprendiendo.

¿Qué crees que se dice en Palencia sobre lo que estás haciendo!! Tu madre, sus amigas, tus antiguos profes…

Mi madre cree que soy un genio, mis amigas que soy un delirante, y mis antiguos profes me vieron tan poco que ni se acordarán de mí. 

¿Qué autor o autora castellana te gustaría que resucitase para poder encargarle un texto? sobre qué tema?

Cervantes. Una crónica sobre la energía eólica. 

Para terminar, te pongo en un compromiso: si desde La perdiz roja quisiéramos encargarte un artículo...¿sobre qué lo escribirías y por cuanto nos saldría?

Jajajaja, me encanta tu pregunta. Yo ya no escribo para nadie. Y por menos de 500 euros no vendo mis intimidades, que es de lo único que sé y quiero escribir. Pero cuando digo para nadie me refiero a la industria codiciosa. Para un proyecto independiente autogestivo y buena onda como el vuestro podría escribir algo cortito sobre, no sé, «¿quién fue el primero que decidió que una meseta fría era un buen lugar para establecerse?» o «¿por qué no aprendemos de las aves migratorias que escapan cada estación del frío?», escribiría algo bobo y divertido, porque si arriba dije que me había dado cuenta de que la gran ciudad me quedaba grande (o incómoda), la intelectualidad lo mismo. Mi no intelectualidad costaría 200 euros.

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