El objetivo de la jornada fue debatir sobre la prohibición de cortar orejas y cola a ciertos perros de caza (Foto: Shutterstock)

La Asociación Española del Perro de Sangre (AEPES) ha publicado el informe anual sobre operaciones de rastreo canino. El documento ofrece información detallada sobre los diversos movimientos relacionados con esta actividad y registradas a lo largo de 2016. Además, el estudio incluye un recorrido desde 2009, resaltando que en total se han recuperado 759 animales heridos en más de 1.400 intervenciones. Esto, traducido a cuantías económicas, suponen 350.000 euros en trofeos y otros 40.000 euros en carne.

Simplemente a lo largo de 2016 se ha llevado a cabo 202 intervenciones, de las cuales el 9,4% fueron controles de tiro y el resto rastreos con evidencia de pieza herida. De los 183 rastreos, en 71 ocasiones no fue posible recuperar la pieza y en las otras 108 búsquedas restantes la pieza fue recuperada por el equipo conductor-perro de sangre. De esas 108 veces en la que se encontró la pieza, en el 77% de las ocasiones (83) ya se encontraba muerta, mientras que en el 23% de los casos (25) fue necesario rematarla.

En cuanto a especies cinegéticas, el jabalí ocupa el primer puesto en cuanto a número de intervenciones (42% de los casos), seguido del corzo (28%) y del ciervo (23%). El 7% restante se divide entre casos de muflón, cabra montesa, arruí, rebeco, lobo y gamo. En total se han recuperado 108 animales:

  • Jabalí 40
  • Ciervo 21
  • Corzo 38
  • Arruí 2
  • Muflón 2
  • Cabra Montés 1
  • Rebeco 1
  • Gamo 3

PORCENTAJE DE ÉXITO

El registro de esta actividad se ha realizado a través de 38 conductores, que emplearon para la búsqueda 52 perros de sangre. La raza más utilizada fue el sabueso de montaña de Baviera (47% de los registros), seguida del teckel (42%). El 11% restante se corresponde con jack terrier (2%), alano español (6%), braco (2%) y otras (1%).

De las 202 intervenciones correspondientes al periodo considerado (controles de tiro y rastreos), un 39% se llevaron a cabo sobre animales tirados a rececho, el 29% sobre acciones de montería o batida, el 31% sobre piezas disparadas en esperas y un 1% en otras modalidades.

La tasa de recuperación más alta por especie, sin contar los controles de tiro, es la de arruí, muflón y cabra, en las que se obtuvieron el 100% de las piezas. Algo inferior es el porcentaje del gamo (75%), el corzo (73%), el jabalí (53%), el venado (49%), el rebeco (50%). Por su parte, en el caso del lobo no se encontró ninguna pieza abatida.

Haciendo el mismo análisis y sin tener en cuenta los controles de tiro, pero considerando las modalidades de caza en las que se disparó al animal herido, se determina que el mayor porcentaje de éxito se ha obtenido en las búsquedas de animales cazados en rececho (64%). Las tasas de recuperación en montería o batida y en espera son algo inferiores (61% y 52%).

En cuanto al tiempo transcurrido desde la caza hasta el inicio del rastreo, el informe determina que el 40% de los rastreos se han llevado a cabo sobre pistas de entre 0 y 4 horas de edad. La mayoría se realizaron sobre pistas que habían pasado las 10 horas de edad (47%). Mientras que el 18% se han ejecutado sobre rastros de más de 20 horas.

En relación a la distancia recorrida durante el rastreo, el 53% no superaron los 400 metros, aunque varios casos superaron los 800 metros de distancia y hasta un 18% pasaron de los 1.000 metros de recorrido.

MODALIDAD DE ARMA

Las intervenciones de los equipos de rastreo, sin tener en cuenta los controles de tiro, se realizaron en su mayoría (83%) cuando el cazador utilizo un rifle y el 15% usó un arco como arma para la caza. Si tenemos en cuenta también los controles de tiro, el porcentaje varía al 85% con rifle y 13% con arco. Considerando si el cazador uso rifle o arco para la caza en las 202 intervenciones, vemos que los arqueros (27) nunca acuden a un control de tiro, lo que significa que tienen claro cuando hieren o no.

El estudio también muestra que el arma -arco o arma de fuego- no varía notoriamente el porcentaje de casos donde el animal yace muerto: 44% en caso de haber utilizado arco y un 46% con arma de fuego. Variación similar a cuando se encuentra al animal vivo: 14% cuando el cazador ha disparado con un arma de fuego, y un 11% con el empleo del arco. También cabe destacar que el número de rastros de animal herido es mayor cuando se dispara con arco (44%) que con arma de fuego (40%).

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