El único alimento de las perdiganas en sus primeras semanas de vida son los insectos

Las zonas centro y sur de Navarra hace 50 años eran un paraíso de la perdiz roja al ser un hábitat asociado a una agricultura y ganadería tradicional. Además del característico hábitat ideal para el desarrollo de las especies esteparias en forma de mosaico.

En dicho hábitat se mezclaban campos de cultivo tradicional salpicados con liecos de matorral autóctono, mantenidos bajo control con el ganado y las quemas controladas. Gracias a ello el campo estaba lleno de perdices y de otras muchas especies cinegéticas.

¿Qué ha ocurrido desde entonces? El problema es claramente por la degeneración del hábitat, en su mayor parte provocado por la agricultura moderna. Unas concentraciones parcelarias muy agresivas con el medio, y los métodos modernos de laboreo, recolección y recogida de los cultivos.

La perdiz roja no es más que un indicador de lo que está pasando con el resto de las especies, ya que en las zonas donde se cultiva de forma intensiva, no solo están disminuyendo estas, sino especies de todo tipo, insectos y especies protegidas.

En los años buenos en los que la climatología es favorable, muchas parejas de perdices incuban entre una docena y dieciséis huevos, pero si tienen la suerte de que ningún predador de con ellos o no sean destrozados por la maquinaria agrícola. Tras nacer los pollos, conforme va pasando el tiempo, ven drásticamente menguando su número, quedando muy unos pocos ejemplares después del verano antes de empezar la caza.

PERDICES JÓVENES

El primer envite que deben de superar es que como cada vez hay menos lugares donde poner los nidos… muchas parejas se ven obligadas a depositarlos en los campos de cereal, resultando destruidos muchos de ellos tras el paso de las cosechadoras y empacadoras (Hay un estudio del Gobierno de Navarra que demuestra que el 100% de los nidos que no los destrozan resultan predados).

El doctor de Biología Floren Markina, afirma “que las perdices que logran sobrevivir a ello, tienen un gran problema. El único alimento de las perdiganas en sus primeras semanas de vida son los insectos, y con la proliferación de herbicidas, insecticidas y fitosanitarios que actualmente se trata el campo prácticamente ya no existen. Además los pocos que restan en el campo o están muertos o afectados por los venenos de los tratamientos, muriendo muchas de ellas por falta de alimento.”

El técnico de Aran Servicios Ambientales indica: “Las que logran sobrevivir, se encuentran con que los lugares donde antaño vivían por la degradación medioambiental están al límite de su capacidad de carga para albergar sus poblaciones, ya que por un lado los campos después de ser cultivados y retirada la paja están como un erial sin protección alguna, y los liecos donde antaño se refugiaban y obtenían alimento, o están totalmente invadidos de vegetación impenetrable”

¿Qué ocurre con las medias perdices que a pesar de ello han conseguido sobrevivir?

Que tras la recolección del cereal y recogido de la paja, y posterior arado de los campos, estos se han convertido en un erial sin protección alguna. Por lo que cuando se tienen que desplazar en busca de alimento y agua, están a merced de todo tipo de predadores”.

Desde ADECANA afirman que si se quiere frenar el imparable deterioro de las poblaciones de la estepa cerealista la Administración Foral debe imperiosamente establecer una serie de medidas correctoras que minimicen los peligros que les acechan. Entre los más importantes destacan las siguientes:

  1. Control y revisión de las concentraciones parcelarias, devolviendo a la naturaleza los terrenos que teóricamente estaban destinados a protección medioambiental y que han sido indebidamente apropiados para el cultivo. Nos llevaríamos grandes sorpresas de la cantidad de zonas de protección que han sido apropiadas para el cultivo.
  2. Prohibición de cosechar y recoger la paja de noche con una altura mínima de esta en el corte, subvencionando que esta se quedara en las piezas un tiempo después de la recolección.
  3. Subvencionar que se dejen entre las parcelas linderos sin cosechar ni tratar para refugio de la fauna. Esta es una medida que mejoraría mucho la biodiversidad.
  4. Regular más estrictamente el uso de herbicidas y fitosanitarios que matan a la fauna e insectos, estudiando los efectos nocivos de la siembra directa y la fumigación de viñedos.
  5. Promover y subvencionar la vuelta del ganado a los liecos para que limpien el monte, mejorando con ello el hábitat de las especies que viven en él.
  6. Controlar y regular el exceso de predadores, incidiendo en hacer un censo de todos ellos.

Desde ADECANA lanzan la idea que sería muy interesante y beneficioso para la regeneración de estos terrenos, implantar lo que denominan los “rebaños funcionarios”, estableciendo convenios con ganaderos para delimitar con pastores eléctricos zonas. Donde se ha apoderado la maleza donde durante periodos de tiempo pudiera entrar el ganado eliminando el exceso de ella. Esto se hace desde muchos años en África coordinado con quemas controladas y se obtienen muy buenos resultados consiguiendo revitalizar las praderas.

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