El jabalí será una de las especies a controlar (Foto: Shutterstock).

Los ganaderos del Val de Barcala, en La Coruña, sufren continuos destrozos por parte de estos animales en sus cultivos. Piden que se realice un control sobre ellos para que no afecte a sus rebaños y les transmitan alguna enfermedad.

El Val de Barcala, en Negreira (La Coruña) sufre estos últimos tiempos una crisis con respecto a sus plantaciones. La superpoblación de jabalíes está causando tales estragos en las tierras de los ganaderos, que estos han dejado incluso de plantar cada vez que llega la época de cultivo de maíz. Para ellos ya es un gasto para que esos animales acaben destrozándolo todo.

El aumento del número de jabalíes ha provocado que hasta lleguen a aventurarse a dejarse ver por Santiago. Los ataques a las cosechas se producen incluso durante el día, y los intentos de pararles y ahuyentarles (vallados y otros trucos) no han valido para mucho.

María José, de la sociedad cooperativa Tras do Prado, advierte que la Xunta “debería controlar más la fauna salvaje o acabarán con nuestra forma de vida, porque no seremos capaces de mantener nuestras explotaciones. Los ganaderos consideran primordial que el control de los jabalíes se realice en los períodos más sensibles de los cultivos, aunque no sea época de caza, ya que son esos meses cuando más crece la población de esta especie y, en consecuencia, los destrozos.

El aumento del número de jabalíes ha provocado que hasta se aventuren a dejarse ver por Santiago

Los ganaderos destacaron la incompatibilidad que tiene la masiva presencia de jabalíes para el futuro del sector lácteo en la zona. “Se busca una marca diferencia para llegar al consumidor”, afirma Ana Rosa Baliña, “pero si la fauna salvaje es conductora de enfermedades, como está demostrado, la Administración asumir el control de las plagas para que el sector ganadero pueda mantenerse”.

El año pasado ya tuvieron problemas, cuando un control sanitario descubrió una reacción de cruzamiento aviar, dejando a cuatro granjas con entre dos y tres vacas bloqueadas, sin producir ni comercializar leche. Al final resultó que no era contagioso, pero los ganaderos siguen advirtiendo que no pueden controlar a la fauna salvaje, pero sí están obligados a cumplir los compromisos del control sanitario.

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